
Tres premios a la mejor empanada de Caracas respaldan el talento y la visión de María Fernanda García ante los fogones. Trabajó como abogada en la Asamblea Nacional, pero enfrentó el desempleo en 2020 y encontró en la cocina una posibilidad inesperada que cambiaría su vida. Aquella decisión inicial le permitió darle forma a un negocio que en poco tiempo conquistó a los paladares más exigentes de la capital venezolana.
La criolla comprobó que la constancia rinde frutos, tanto así que su propuesta culinaria superó las expectativas locales y cruzó fronteras con el objetivo de instalar un rincón del Caribe en Madrid. En conversación con La Patilla, detalló la travesía donde encendió su determinación y amasó un éxito rotundo a base de sabor oriental y ají dulce que promete expandirse a otras ciudades de España.
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Antes del éxito gastronómico, la dinámica diaria de Mafer transcurría por los pasillos del Palacio Federal Legislativo. «Era abogada y trabajaba en la Asamblea Nacional, era funcionaria pública. Trabajé en el Parlamento Latinoamericano y en la Asamblea Nacional como abogada hasta el 2020 y en el 2020 dejé mi trabajo y quedé desempleada».
El confinamiento por la pandemia del Covid-19 frenó sus planes de emigrar o de buscar un puesto en organizaciones defensoras de derechos humanos. Sin embargo, la chispa del emprendimiento surgió gracias al comentario de una profesora de yoga que probó su sazón durante una reunión, justo en la residencia de Berna, la tía de su mejor amiga.
Esa tarde, el plan de comercializar desayunos con el toque característico de su tierra natal tomó mucha fuerza en su mente. «Llegué a mi casa, prendí la computadora, y la idea me gustó, me hizo clic. Le pregunté a un par de personas que si alguien vendiera empanadas orientales, sabiendo que son distintas a las que se consiguen en Caracas, las compraría (….) y me dijeron que sí».
Para ella, la oferta de la ciudad carecía del alma de su región oriental, por lo que bautizó su proyecto con un nombre que enaltece sus raíces: Carúpanadas. Berna dudó al principio de la propuesta, pero la convicción de la joven la impulsó a comprar los insumos en el popular mercado de Quinta Crespo. “Cuando hago conferencias, digo que es el Disney de los emprendedores y compré todo lo que pensé que necesitaba”, acotó.
Un comienzo a fuego lento
Los inicios estuvieron llenos de aprendizaje constante y ensayos dentro de un espacio sumamente reducido para el trabajo culinario. «De por sí, el primer empaque de Carúpanadas, o sea, lo veo hoy después de seis años y digo que era un caos porque envolvíamos las empanadas en papel aluminio para que se conservara más el calor, pero eso también hacía que el producto se sancochara».
Tras una degustación exitosa para veinte familiares cercanos de Mafer y Berna, abrieron operaciones formales dos días después en una pequeña cocina. Con calderos listos sobre el fuego y el hijo de su compañera de piso a cargo del teléfono, el boca a boca hizo su magia inicial y despacharon cuatrocientas unidades en apenas una semana.

El inspirador negocio aprovechó el auge de los repartos a domicilio durante la cuarentena estricta para darse a conocer ante el público local. Las plataformas de delivery saturaron la entrada del edificio donde vivían en Altamira, mientras el equipo interno crecía mes a mes para poder cubrir la alta demanda de pedidos diarios.
Al segundo año de operaciones ininterrumpidas, las cifras mensuales alcanzaron los cuatro mil despachos desde aquel modesto apartamento residencial. «Berna y yo empezamos a pasar a otras áreas. Empecé amasando, aplastando y haciendo las empanadas y Berna freía. Entonces, teníamos una persona que armaba y aplastaba. Y así después yo salía a empaquetar con Berna como que siempre que íbamos creciendo las ventas, el equipo iba creciendo».

La capacidad instalada de la vivienda colapsó por completo, el aceite perdió temperatura por el uso continuo y el espacio físico se agotó de forma definitiva. En medio de un contexto económico sin créditos bancarios, un nuevo aliado apareció para invertir en el primer local comercial en la zona de El Bosque, concebido inicialmente solo para despachos rápidos y entregas mediante motorizados.
Un éxito que superó lo previsto
El destino les preparó una enorme sorpresa el día de la inauguración oficial, cuando varios comensales llegaron con la intención de consumir en el lugar. «Ese primer día nos llegaron clientes y tuvimos que servir nuestras empanadas en los envases donde guardábamos los guisos, y nos dimos cuenta que la marca nos estaba pidiendo más».

El salto de la cocina casera al formato de restaurante a gran escala representó un crecimiento exponencial casi de manera inmediata para la marca. Contrataron personal de atención a las mesas, implementaron sistemas de cobro formales y pronto alcanzaron ventas increíbles de mil unidades diarias durante los agitados fines de semana.

La expansión dentro de la ciudad capital se materializó con gran rapidez gracias a la aceptación total y absoluta del público consumidor. «Tan así que en el 2022 abrimos nuestro primer local en El Bosque y en el 2023 abrimos nuestro segundo local en El Hatillo”.

Hoy en día, la sede principal cuenta con setenta mesas para albergar cómodamente a trescientas personas, mientras la sucursal recibe a otro centenar de visitantes frecuentes. Este alto volumen de comensales obligó a los dueños a perfeccionar la logística interna para garantizar empanadas recién hechas a los clientes y sin demoras.
Sazón oriental en Madrid
El mercado internacional tocó a la puerta del emprendimiento a través de una conocida de Mafer, residente en la capital española. Un viaje para asistir a una boda le sirvió a la venezolana como excusa perfecta para evaluar de primera mano el panorama gastronómico europeo y la presencia notable de la diáspora criolla.
“Hice estudio de mercado, vi que la gastronomía venezolana está bastante nutrida. Ya otras personas, otras marcas, otros restaurantes han abierto caminos a emprendedores y a personas que quieran venir a dedicarse acá a la restauración y que había una importante migración de venezolanos en España y sobre todo en Madrid, que es la primera ciudad donde hay más venezolanos”.

Las similitudes culturales profundas y el idioma compartido facilitaron la decisión de cruzar el océano con este proyecto de sabores orientales. Además, la elección cuidadosa de una nueva socia local resultó fundamental para mantener la filosofía humanista de la empresa matriz venezolana. Esta inversionista abrazó los principios morales de la fundadora, quien empacó sus maletas de manera definitiva en marzo del 2025 para instalarse en su nuevo hogar ibérico.
Tras un análisis meticuloso de ubicación comercial, inauguraron un espacio acogedor de diez mesas en el populoso barrio de Prosperidad durante el mes de junio. La respuesta del público desbordó las expectativas iniciales gracias a las recomendaciones constantes de sus compradores fieles radicados en el territorio de origen.
“Nuestra marca respondió de una manera que no me lo esperé, porque la verdad es que todos nuestros clientes en Venezuela le pedían a sus amigos, a sus sobrinos, a sus hijos, a sus familiares que vinieran a probarnos en Madrid, como que: ‘miren, la venta de empanadas donde nosotros vamos todos los fines de semana, donde compartimos con familia, donde celebramos nuestro cumpleaños, ahora abrieron en Madrid’”.

El local madrileño se transformó rápidamente en un refugio emocional para quienes añoran el mar cálido de Sucre, Falcón o Nueva Esparta. «Es como volver a Venezuela y sentirte en la playa o comerte una empanada en Margarita, o en Carupano, o como en El Palito, como en Tucacas, como en Morrocoy, eso es ir a Carúpanadas».
“Las empanadas son 100 % playeras, delgaditas, crujientes, masa dulce y nuestros rellenos son 100 % de calidad. Todos los productos que utilizamos tienen que estar de acuerdo al producto que nosotros queremos vender. Y todos nuestros guisos llevan ají dulce. Para nosotros, un guiso venezolano que no tenga ají dulce no es un buen guiso”, agregó.
Sin perder la esencia
El menú en España requirió ciertos ajustes obligatorios debido a la carencia de algunos ingredientes específicos del Caribe venezolano. Sin embargo, el asado negro se perfiló como el relleno estrella indiscutible entre los vecinos locales, quienes hacen fila gustosos para probar esta delicia criolla.
«Cuando en Venezuela tengo 45 sabores, aquí tengo 28 sabores. Es bastante amplia. Por ejemplo, aquí no tengo pepitona, no tengo guacuco que lo tengo en Venezuela. No tengo el chorizo carupanero, pero sí tengo la morcilla carupanera, una morcilla que me permitió terminar de cocinarla y de prepararla y que fuera al estilo carupanero. Pero en Madrid tengo igual cazón, carne mechada, carne molida, pollo, camarones, pabellón tradicional, pabellón oriental, asado negro que también lo tengo en Venezuela, pero aquí ha pegado muchísimo porque ha sido el sabor que nos ha permitido entrar a los españoles”, explicó.

A diferencia de las sedes venezolanas tradicionales, el local en Madrid incorporó postres típicos para saciar la inmensa nostalgia del migrante. Golfeados, tortas tres leches, tortas de chocolate, marquesas de dulce de limón, marquesas de dulce de leche, forman parte de las peticiones regulares de una clientela ávida de sabores a casa.
“El público venezolano está buscando reconectar con Venezuela (…) la gente que llegaba al aeropuerto de Barajas se iba directo al local a comerse una empanada. De Inglaterra, de Francia, de Italia, de Portugal vienen muchísimo, de Finlandia, no hay venezolano que no pise Madrid que no nos esté visitando en este momento para reconectar con la playa venezolana, porque ese es nuestro lema: Madrid no tiene playa, pero Carúpanadas trajo la playa a Madrid”, mencionó.
Para manejar el alto flujo de visitantes diarios, sus fundadoras invirtieron capital en tecnología de punta para la recepción expedita de las órdenes. Los camareros utilizan tabletas conectadas a la zona de preparación de la cocina, lo cual reduce el tiempo de espera a un máximo de quince minutos por mesa atendida.
La plantilla de trabajadores en el continente europeo está compuesta íntegramente por venezolanos con poco tiempo de establecer residencia fuera de sus fronteras. Esta política de contratación solidaria refleja el compromiso de la dueña por apoyar a su comunidad en un sector tan exigente como la hostelería de España.
“Me alegra muchísimo porque así como acabo de llegar, hay muchos que tienen un año o dos años para acá y ha sido como apoyarnos entre todos. Aquí la restauración es bastante difícil y también empezar un modelo de negocio de restauración distinto y demostrar que se puede hacer distinto me ha parecido muy bonito, además de apoyarlos a ellos”, detalló.
Los planes de expansión
El objetivo principal del negocio también se enfoca en la representación cultural positiva de su gentilicio en tierras lejanas. «Para mí es identidad, que nos conozcan, que sepan que Venezuela es mucho más de lo que se escucha hoy en día, que claramente sí, estamos pasando por momentos difíciles, pero en Venezuela hay gente que quiere echarle pichón, que quiere trabajar, que tiene buenas cosas que aportar, que venimos a los países también a pagar impuestos, a dar trabajo, a contribuir con las sociedades y como gastronomía también a que conozcan cómo es nuestra gastronomía, porque Venezuela tiene muy buena gastronomía”.
“Yo lo decía, no quiero perder mi identidad, o sea, no quiero venir a España para volverme española. No, yo soy venezolana y mi producto igual. Quiero que la gente vaya como cuando voy para un restaurante mexicano o voy para un restaurante italiano. Que cuando la gente vaya a Carúpanada sientan que están visitando un restaurante venezolano”, añadió.
A pesar de las múltiples ofertas para crear franquicias en otros países, la cautela domina los pasos firmes de esta carupanera. Prefiere consolidar su presencia actual de manera sólida y explorar provincias andaluzas con un clima similar a la costa caribeña, antes de ceder el control operativo de la marca.

“Nuestro próximo plan es expandirnos aquí en Madrid. Ya estamos en búsqueda de nuestro segundo local, y después de habernos consolidado en Madrid nos gustaría irnos a Valencia, Barcelona, o a Málaga, Sevilla, que son más de Andalucía, que se parece a la costa venezolana, a la región oriental del país, también allí están llegando muchos venezolanos. Es como nuestro primer plan piloto fuera de Venezuela. Nos siguen llegando propuestas, seguimos escuchando gente: ‘Vénganse a Colombia, vénganse a Estados Unidos’, al país que el venezolano vaya, pero más allá de lo que tengo como empresaria, como cofundadora, me gusta ir con calma, porque es lo que siempre me permite mantener mi producto de calidad”.
Asimismo, la especialización exclusiva en su producto estrella garantiza la excelencia culinaria y facilita la estructura de costos a largo plazo. «Mientras tu operación sea mucho más grande, es más difícil controlarla. Entonces al final que solo venda empanadas me permite mantener más fácil mis costos y mi control de ventas».
Pero ningún logro monumental sería posible sin la confianza absoluta depositada en el talento humano invaluable que conforma su marca. La humildad para reconocer fallas propias, el valor para pedir ayuda oportuna y la capacidad de delegar tareas vitales sustentan la base de este negocio que se convirtió en una historia de éxito. «Para mí la mayor clave es crear equipo. Sin mi equipo no estaría en España, sin mis socios y sin mi personal no estaría tranquila aquí», finalizó.
