
La presencia de la líder opositora y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, en la toma de posesión del presidente de Chile, José Antonio Kast, ha terminado de perfilar una estrategia internacional de alianzas con la derecha y la extrema derecha global. Machado, que ha sido aclamada como una heroína por la diáspora venezolana en Santiago de Chile esta semana, ha recibido las llaves de la ciudad y se ha convertido en protagonista permanente de noticias.
Por Alonso Moleiro | EL PAÍS
La opositora se ha sentido en familia en el entorno convocado por el presidente chileno, su nuevo aliado, cuyos actos protocolarios de asunción del cargo han servido para reunir a una parte importante del liderazgo conservador emergente de América Latina y de otras latitudes.
Además de Kast, la líder venezolana ha intercambiado complicidad y fotografías con dirigentes de Vox, el partido conservador español. Ha recibido un nuevo respaldo del presidente argentino, Javier Milei, su aliado político, y de la nueva mandataria costarricense, Laura Fernández. También ha departido con miembros del grupo parlamentario nacionalista y euroescéptico Patriotas por Europa. Ha conversado, además, con Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente brasileño Jair Bolsonaro, quien cumple una condena de prisión por sedición.
El propio Flavio Bolsonaro publicó una foto con Machado en su cuenta de X con un mensaje que resume el fervor que la líder venezolana despierta en esta generación de liderazgos de derecha: “La ganadora del Premio Nobel de la Paz es siempre una inspiración para nosotros, que luchamos contra los retrocesos y el autoritarismo de las izquierdas”.
“No se puede negar que muchos de estos partidos han respaldado, de forma entusiasta, la lucha que hoy lidera María Corina”, objeta el politólogo y escritor Miguel Martínez Meucci, académico de la Universidad Simón Bolívar, quien resta importancia a esta circunstancia y propone una revisión del vocablo “ultra” empleado para designar algunos de estos líderes. “La visión política de María Corina es la de un liberalismo clásico amplio, centrado en la defensa de los derechos individuales, la democracia liberal-representativa, la economía de mercado y un nivel óptimo de cooperación público-privada”.
Machado, una política de formación liberal muy inspirada en los valores estadounidenses, ya había inscrito desde hace tiempo su estrategia de proyección internacional dentro del campo del pensamiento conservador. Lo ha hecho de forma categórica, sin fisuras. Durante muchos años, y a lo largo de sucesivas administraciones, ha sido una de las interlocutoras privilegiadas de Washington en los temas relacionados con Venezuela.
La dirigente opositora mantiene importantes vínculos con políticos del Partido Republicano, con el movimiento MAGA y con el liderazgo de Donald Trump en Estados Unidos. Antes del ataque militar a Irán —uno de los aliados más importantes del régimen chavista en estas décadas— la dirigente venezolana sostuvo conversaciones sobre alianzas estratégicas de mediano y largo plazo con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y con su canciller conservador, Gideon Saar. Algunas de estas posiciones han generado rechazo en Europa.
“No ubico a María Corina dentro de los confines del pensamiento conservador global actual; no creo que esa sea necesariamente su marca ideológica”, afirma Francisco Suniaga, politólogo y escritor. “Las circunstancias imponen a los aliados en muchas ocasiones”, razona. “La izquierda global le ha regateado muchas cosas a la causa de la democracia venezolana, y a María Corina en particular, y la oposición venezolana ha buscado el apoyo de todo el mundo: de los dos grandes partidos españoles, de Estados Unidos, de América Latina, de Europa”, añade. Para Suniaga, la causa de la democracia en Venezuela no puede negarse ningún apoyo. “Es algo que no se puede permitir. Recibir ese y otros apoyos me parece lógico, político y racional”, afirma.
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