
Los PFAS, también conocidos como “tóxicos eternos”, son una de las familias de químicos más utilizadas hoy por la industria. Están presentes en el agua, los alimentos e innumerables productos cotidianos, desde una sartén a productos de maquillaje. Y eso a pesar de que han sido asociados a un mayor riesgo de problemas como distintos cánceres, infertilidad, trastornos tiroideos o inmunitarios.
Por La Razón
De hecho, en 2018 se estimó que había en el mercado más de 4.700 sustancias distintas utilizadas en sectores tan diversos como el procesado alimentario, la industria textil o la fabricación de material sanitario.
La exposición temprana a sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS), que son muy persistentes, puede influir en el desarrollo óseo de los niños durante la adolescencia, según una nueva investigación publicada en el «Journal of the Endocrine Society».
«La adolescencia es un período clave para el desarrollo de huesos fuertes, y alcanzar una masa ósea óptima durante esta etapa puede reducir el riesgo de fracturas y osteoporosis a lo largo de la vida», afirma en un comunicado Jessie P. Buckley, de la Escuela de Salud Pública Global UNC Gillings en Chapel Hill, Carolina del Norte.
«Nuestros hallazgos sugieren -continúa- que reducir la exposición a las PFAS durante períodos clave del desarrollo podría favorecer la salud ósea durante toda la vida».
Los autores estudiaron las concentraciones sanguíneas de PFAS de 218 adolescentes de una cohorte prospectiva de embarazo y nacimiento al momento del parto y a los 3, 8 y 12 años de edad. Midieron la densidad ósea a los 12 años y encontraron que los adolescentes con niveles más altos de ácido perfluorooctanoico (PFOA) en sangre tenían menor densidad ósea en el antebrazo.
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