
El síndrome del trastorno de Trump, a menudo con comorbilidad del síndrome de trastorno de Israel, juega un papel importante en muchas supuestas opiniones de “expertos” sobre el progreso de este conflicto que ocurre en el Oriente Medio. Los síntomas incluyen una alegría suicida ante cualquier señal de que la guerra no vaya bien. Con la intención de contorsionar la “Operación Furia Épica” en la guerra de Irak que comenzó hace más de 20 años, muchos parecen desesperados por ver a Donald Trump fracasar e Irán tener éxito. Sólo estos “académicos”, “periodistas” y otros todólogos guerreros del teclado que todo lo saben, han absorbido las lecciones de Irak, mientras que creen que los planificadores del Pentágono y los comandantes del campo de batalla siguen siendo felizmente ignorantes.
Una perspectiva derrotista también resulta de un historial de opinadores y propagandistas zurdos que viven prediciendo que el régimen de Teherán no se puede derrotar y habrá que acomodar a los yihadistas en lugar de vencerlos. “Les dije eso” es el estribillo cuando los pocos ayatolás que todavía están vivos se abren contra algunos petroleros en el Estrecho de Ormuz y disparan cohetes y drones contra sus vecinos regionales mientras los precios del petróleo se disparan y las tropas estadounidenses sufren bajas. Jeremy Bowen, de la BBC, no pudo frenar su “schadenfreude” ante los informes de que un misil estadounidense había alcanzado trágicamente una escuela en Teherán.
Todo esto era malo y eminentemente predecible, pero no sólo para los generales de sillón. Todo, y mucho peor, fue tenido en cuenta por los líderes políticos y los planificadores de guerra en Washington y Jerusalén. Sería bueno poder hacer frente a las depredaciones de los regímenes despóticos sin romper cáscaras de huevos, pero eso no es posible fuera de Hollywood. Tampoco es agradable decir que el resultado final vale la pena cuando se pierde la vida humana y el costo de la vida aumenta. Pero desafortunadamente eso es lo que se necesita.
Y la creciente agresión del régimen iraní ciertamente había que afrontarla de frente. Las estrellas estaban alineadas con un presidente estadounidense y un primer ministro israelí lo suficientemente valientes como para aprovechar el momento contra un Irán recientemente debilitado. Titulares como “una guerra sin estrategia” simplemente retuercen la realidad para adaptarse a la camisa de fuerza que se pone con entusiasmo el sumiso. Pensar que un líder de guerra debería publicar sus planes para que todos los lean mientras se libran batallas delata tanto arrogancia como ignorancia del conflicto.
Con razón, no estamos al tanto de la estrategia exacta de Trump, pero sus objetivos quedaron claramente detallados desde el principio: poner fin a los programas de armas nucleares y misiles balísticos de Irán, incluido el desarrollo de misiles balísticos intercontinentales que podrían atacar a Europa y Estados Unidos. También se propuso poner fin a la guerra de los proxis terroristas (Hamás, Hezbollah, Houties, etc.) de Teherán y negar su capacidad para cerrar el Estrecho de Ormúz.
Todos estos objetivos se están cumpliendo en lo que hasta ahora ha sido una campaña espectacularmente exitosa de las dos principales potencias militares del mundo que trabajan en una asociación sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. En aquel entonces, Winston Churchill observó: “El personal británico y estadounidense han trabajado juntos en la más estrecha armonía y con una unidad cada vez mayor… de hecho se han convertido en casi un solo personal”. Como lo expresó Pete Hegseth, secretario de Guerra de Estados Unidos: “Al observar el cielo el régimen iraní, sólo se ven dos cosas en el costado de los aviones: las barras y estrellas y la Estrella de David”.
Además, la eficacia de esta campaña no ha sido sólo militar. Políticamente, la estrategia de Trump ha logrado el aislamiento total de Teherán, nunca antes logrado, como lo demuestra la votación de la pasada semana del Consejo de Seguridad de la ONU que condenó la agresión iraní por 13-0. Incluso Rusia y China se sintieron incapaces de apoyar a su aliado y se abstuvieron.
Muchos comentaristas han afirmado erróneamente que el objetivo de Trump era un cambio de régimen. En realidad, sólo ha sugerido que sería una consecuencia bienvenida de la acción militar. De hecho, lo sería, y los devastadores ataques aéreos contra el régimen iraní y las milicias Basij pueden ayudar a lograrlo. Pero, cualquiera que sea el apoyo clandestino a los opositores que también pueda estar en marcha, derribar el régimen tendrá que estar en manos de los iraníes. No vamos a ver botas estadounidenses o israelíes sobre el terreno en cantidades significativas en el Irán continental, evitando así un atolladero como el que ocurrió en Iraq y Afganistán.
Estoy seguro que Trump y Netanyahu continuaran hasta alcanzar todos los objetivos, incluso si el cambio de régimen no resulta inmediatamente, la región y el mundo estarán más seguros después de la conclusión de esta guerra, que realmente comenzó allá por 1979. Hasta ahora se había permitido al régimen terrorista ganar fuerza y peligro, mientras que a los líderes occidentales no les hacía mucho más que retorcerse las manos y apartar la mirada. O en el patético caso de Barack Obama, que en realidad terminó alentando e incluso ayudando a financiar las depredaciones de los ayatolás.
Más allá de paralizar la capacidad militar de Irán, este conflicto también debería neutralizar un elemento clave de la estrategia de China de utilizar Teherán para inmovilizar los activos militares estadounidenses en el Medio Oriente en caso de conflicto en el Pacífico, así como controlar el suministro de energía a través del Estrecho de Ormúz.
Estados Unidos e Israel también han demostrado que pueden suprimir con facilidad las defensas aéreas suministradas por Rusia y China, lo cual es una buena noticia para toda la degradada OTAN. Esta campaña ya ha logrado una cantidad enorme a un costo relativamente limitado, y aún habrá más por venir. ¡quizás sea mejor que aquellos expertos que sufren el síndrome de trastorno de Trump vayan preparando unas gotas de Valeriana!.
@J__Benavides
