¿Bajo deseo sexual? La estadística que afecta a uno de cada seis hombres y sus motivos - LaPatilla.com

¿Bajo deseo sexual? La estadística que afecta a uno de cada seis hombres y sus motivos

la frecuencia del pensamiento sexual no se vio afectada por enfermedades metabólicas, cardiovasculares o urológicas larazon

 

El trastorno de deseo sexual hipoactivo masculino es una disfunción sexual que se da cuando a uno no le interesa el sexo (o no mucho). Es uno de los problemas sexuales más comunes. Puede que esto le haya pasado desde siempre o que le haya empezado a suceder con el paso del tiempo, pero lo más frecuente es que le pase a medida que va cumpliendo años.

Por larazon.es





El deseo sexual masculino es algo mucho más complejo que las «ganas de sexo». Así, desde el punto de vista científico, se define como un estado motivacional que impulsa al individuo a buscar y participar en actividades sexuales.

Pero este impulso no surge de manera aislada, sino que en ella tienen un papel crucial la dimensión cognitiva (pensamientos, fantasías, imaginación), la neurobiológica (hormonas y neurotransmisores) y la afectiva (estado de ánimo y emociones).

Aproximadamente “uno de cada seis hombres presenta bajo deseo sexual”, asegura en un comunicado el doctor François Peinado, cirujano urólogo especialista en cirugía reconstructiva de pene, enfermedad de Peyronie y medicina sexual.

Aunque el acto sexual suele estar motivado por el vínculo de pareja y la búsqueda de placer, desde una perspectiva evolutiva el deseo sexual cumple una función esencial: permitir la reproducción.

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) define el trastorno de deseo sexual hipoactivo masculino (Mhsdd) como la presencia persistente o recurrente de una ausencia o marcada reducción de fantasías sexuales y deseo de actividad sexual que genera malestar clínicamente significativo y se mantiene durante al menos seis meses.

Además, para establecer este diagnóstico, el cuadro no debe explicarse por otros trastornos mentales, problemas graves de pareja, consumo de fármacos o enfermedades médicas, incluidas las endocrinas.

Este punto es clave: el Mhsdd ‘puro’ es relativamente infrecuente. En este contexto, el doctor Peinado se refiere a un amplio estudio clínico con más de 3.700 hombres que consultaban por disfunción sexual, aunque el 36% refería bajo deseo sexual, sólo el 14% cumplía criterios de Mhsdd aislado. En la mayoría de los casos, el bajo deseo coexistía con disfunción eréctil o trastornos eyaculatorios.

Por este motivo, una definición más pragmática, propuesta por la Cuarta Consulta Internacional en Medicina Sexual, describe el deseo sexual hipoactivo simplemente como una deficiencia persistente o recurrente de pensamientos, fantasías o deseo sexual, sin imponer criterios tan restrictivos. Esta definición resulta más útil en la práctica clínica diaria.

¿A qué se debe?

Los datos epidemiológicos muestran que el deseo sexual reducido es relativamente frecuente, especialmente con el envejecimiento. El European Male Ageing Study (EMAS), que incluyó a más de 3.300 hombres entre 40 y 79 años, reveló que aproximadamente uno de cada seis hombres presenta alguna forma de disminución del deseo sexual.

Un hallazgo relevante de este estudio es que el descenso del deseo sexual muestra una clara relación con la edad, pero no con la mayoría de las enfermedades orgánicas. Sólo el 1% de los hombres más jóvenes (40–49 años) refería no pensar nunca en sexo, frente al 20% en el grupo de mayor edad.

Sin embargo, la frecuencia del pensamiento sexual no se vio afectada por enfermedades metabólicas, cardiovasculares o urológicas, sino que se asoció de forma significativa a factores psicológicos, especialmente la depresión.

Este dato desmonta una idea muy extendida: el bajo deseo sexual masculino no es, en la mayoría de los casos, una consecuencia directa de enfermedades físicas, sino que responde a una interacción compleja entre cerebro, emociones y biología.

Y es que el deseo sexual masculino, como describe el especialista, es un estado motivacional que impulsa la conducta sexual. Integra tres dimensiones: cognitiva (pensamientos y fantasías), neurobiológica (neurotransmisores y hormonas) y afectiva (emociones y estado de ánimo). “No equivale a erección ni a rendimiento sexual”, puntualiza el urólogo.

El doctor Peinado, basándose en datos del Fifth International Consultation on Sexual Medicine (ICSM 2024) ‘Definition of normal and reduced sexual desire in the male’, concluye que el deseo sexual reducido “aumenta con la edad, no se asocia directamente a enfermedades físicas y es una relación clara con factores psicológicos (depresión). “El deseo sexual hipoactivo ‘puro’ es poco frecuente”, asevera.

En este sentido, si su problema es psicológico, una investigación presentada recientemente en el Congreso de la Asociación Europea de Urología asevera que una nueva aplicación, desarrollada por la Universidad de Marburgo y la Facultad de Medicina de Heidelberg, en Alemania, logra que el 22% de los hombres duren más en la cama.

Según los investigadores, esta herramienta está diseñada para abordar las causas psicológicas subyacentes de la eyaculación precoz puede mejorar significativamente la vida sexual y retrasar la eyaculación, al tiempo que ofrece una forma de reducir el estigma en torno a esta afección.

Para ello, la app enseña a los hombres diversas técnicas terapéuticas, consejos y ejercicios diseñados por urólogos y psicólogos, además de ofrecer información basada en evidencia sobre esta afección.

El estudio «Climacs» es el primero que pone a prueba un enfoque digital para el tratamiento de la eyaculación precoz en el hogar.