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El regreso de los trabajadores a la calle en diferentes ciudades del pais el pasado jueves señala brotes verdes en la lucha por exigir el trabajo digno, y en retomar la protesta pública como derecho a la manifestación y a la libertad de expresión, consagrado en nuestra constitución nacional y arbitrariamente desconocido por el estado.
Esta política fue la constante durante la gestión del presidiario de Brooklyn, cuando cualquier pronunciamiento público, marcha, publicación en las redes sociales se había convertido en un delito, con la consecutiva carga de persecución política desatada a lo largo del territorio nacional con todo el peso del estado, a través de tribunales inquisidores, de los colectivos conocidos como las SS del siglo XXI apoyados por el aparato policial del régimen.
Los nuevos aires que se respiran desde enero en el país conjuntamente a la decisión de los trabajadores, agrupados en diferentes centrales, corrientes sindicales, sindicatos de base ha devuelto el ánimo de la población a atreverse a plantearle cara a un gobierno ilegal e ilegítimo con su decisión de lucha por una vida digna.
Efectivamente en los días transcurridos desde el 03 de enero, febrero y marzo los reclamos se concentraban en la exigencia de libertad a los presos políticos, en las protestas de los familiares, ONGs, del movimiento estudiantil, requiriendo la libertad inmediata de los centenares de privados de libertad, mediante acciones concentradas en los numerosos centros de reclusión de la capital y el interior del país.
En ese contexto el 12 de marzo de 2026, miles de trabajadores, docentes, pensionados y sindicalistas en Venezuela marcharon a nivel nacional para exigir salarios dignos, eliminación del instructivo ONAPRE y libertad de sindicalistas detenidos, protestando contra el estancamiento del salario mínimo de 130 bolívares vigente desde 2022. Se reportaron al menos 22 protestas en 19 estados, con un fuerte reclamo por la pulverización del ingreso ante la alta inflación y la entrega de un pliego de peticiones ante autoridades legislativas.
En años anteriores llegar a los predios de la Asamblea Nacional constituía una proeza tan solo para entregarles un petitorio, so pena de sufrir brutales agresiones del aparato policial gubernamental, ese día quizás influenciado por el protectorado vigilante el parlamento asumió una actitud “tolerante” al recibir a la delegación sindical.
Es evidente que hay elementos a mejorar en el discurso sindical, en la orientación de presentar un mensaje unificado en torno al aumento salarial y resto de beneficios laborales. Se presta a la confusión un tono retador de convocatoria a paros nacionales, cuando en realidad la estructura del movimiento sindical se ha fragmentado en extremo víctima del intervencionismo estatal, cuya estrategia es cabalgar sobre reiterados fracasos para desmembrar aún mas las conquistas laborales como lo ha hecho hasta hoy.
Es fundamental reconocer que el régimen autoritario no ha sido desalojado del poder, lamentablemente está presente y lo ejerce, por tanto, el lado sindical y gremial requiere avanzar a un grado de madurez que facilite recuperar terreno organizativo y credibilidad ante el resto de población, la cual observa como hoy los jóvenes por su tradición irreverente han dado un paso al frente y ahora identificar a los trabajadores atreverse venciendo al miedo a tomar la calle.
Entre tanto, ¿cuál es el discurso de la otra acera? Un mensaje que abunda en “culpar a la constitución y leyes laborales por proteger a los trabajadores”, así también resaltar “la gran cantidad de la nómina de la función pública, la excesiva carga de la población pensionada y jubilada”, o a la retroactividad de las prestaciones sociales y a la inamovilidad laboral por los bajos salarios.
Sin reconocer en el discurso empresarial que el salario del trabajador ha conocido la mas brutal ofensiva conocida en cualquier pais del continente, al eliminarse en el lapso 2008-2022 14 ceros del signo monetario, implantar medidas coercitivas contra la negociación colectiva en el sector público con el memorándum 2792 desde 2018 y desmantelar el salario con el instructivo ONAPRE desde 2022.
Todas estas medidas derivaron en tragedias familiares al convertir las prestaciones sociales de toda una vida de 30 años de labor, en una cifra irrisoria incapaz de poder comprarse un helado, un vestido, o la reparación de un artefacto eléctrico dañado por el mal servicio de CORPOELEC entre otras calamidades.
A la hora del té toda esta realidad debe estar sobre la mesa sin prejuicio alguno, partiendo del objetivo de lograr el camino hacia una condición laboral digna, ésta no se decreta, pero se alcanza cuando hay un compromiso de alcanzarla en plazos establecidos mediante el compromiso de todos, debiendo acordarse soluciones a partir del diálogo social, incluyendo lo ocurrido en el pasado y la situación extrema del presente.
Hay tan solo un bemol del tamaño de una catedral y es que el actual régimen artífice de toda la ofensiva antilaboral permanece en el poder, insistiendo en sus políticas de aumentar la remuneración con bonos que prolongan la miseria actual del trabajador. Ante esta situación solo se puede augurar la agudización de la conflictividad laboral en medio del auge de la libertad sindical.
En resumen, abordar la nueva realidad plantea al sindicalismo autónomo, unidad organizativa, coherencia y originalidad en la propuesta, ello significa disponerse a concertar en una zona de distensión, de encuentro de las centrales sindicales, con las diferentes corrientes sindicales, sindicatos no confederados en procura de un plan de acción común que permita superar la miseria extrema de la población activa y pensionada del país.
Froilán Barrios Nieves
Movimiento Laborista
