
El nuevo portaaviones nuclear francés, que entrará en servicio en 2038 para evitar el «vasallaje estratégico», será bautizado como ‘Francia Libre’, un homenaje al General De Gaulle, que había dado nombre al actual buque insignia de la armada francesa, indicó este miércoles el presidente, Emmanuel Macron.
En un discurso pronunciado en los astilleros públicos de Indret, en el Atlántico, ante industriales y militares, Macron aseguró que será «una proeza técnica e industrial» que «preservará la soberanía francesa» en defensa y generará miles de puestos de trabajo.
«Pocas naciones pueden llevar lejos de sus costas tantas fuerzas aéreas y de combate como lo que puede hacer Francia. Y tiene que seguir haciéndolo», aseguró el presidente, que indicó que el nombre ‘Francia Libre’, el que puso De Gaulle a la resistencia al invasor nazi durante la Segunda Guerra Mundial, emerge también como «un símbolo de independencia».
Precisamente, en su discurso insistió en que para Francia «lo que se juega» con este futuro portaaviones es «la garantía de nuestra independencia para los próximos decenios».

El ‘Francia Libre’ vendrá a sustituir al ‘Charles de Gaulle’, el portaaviones actualmente en servicio, y será más grande, con 310 metros de largo y 400.000 toneladas de peso, 1,8 veces más.
El navío estará equipado para su propulsión con dos reactores nucleares, que son de concepción francesa, como el 90 % de todo su equipamiento, y costará cerca de 10.000 millones de euros.
En su construcción participarán en total más de 800 empresas francesas, entre las que el presidente citó a los astilleros de Naval Group y de Chantiers de l’Atlantique, ambos de titularidad estatal; a la compañía nuclear Framatome, encargada de los reactores; a la compañía de electrónica de sistemas de defensa Thales, el constructor de aviones Dassault Aviation; o al fabricante de misiles MBDA.
Video: @EmmanuelMacron / X
Macron, que precisó que el ‘Francia libre’ «no será un barco cerrado, sino un sistema abierto» que se adaptará a las innovaciones que se irán incorporando durante toda su vida útil, insistió en la necesidad de tener una industria militar potente para garantizar la independencia de Francia, que, en caso contrario, estaría abocada al «vasallaje estratégico».
Por eso justificó el aumento del presupuesto de Defensa, que con la nueva ley de programación militar que se debe aprobar en verano permitirá que en 2027 se hayan duplicado progresivamente los fondos públicos respecto a 2017, cuando llegó al Elíseo.
Más allá de cumplir con ese objetivo, el presidente francés consideró que con el contexto internacional actual, marcado por la guerra en Ucrania y el nuevo conflicto en Oriente Medio, «tenemos que ir más lejos», y eso pasa por «movilizar más dinero privado y el ahorro de nuestros ciudadanos».
Macron señaló que ese movimiento de rearme se tiene que hacer en Europa y a ese respecto criticó lo que calificó de «dogma» que imperaba hasta ahora de que «financiar la defensa era malo».
El mandatario hizo hincapié en los avances que se han hecho para que la Unión Europea financie el aumento de las capacidades de defensa de sus países, pero puntualizó que «tenemos que producir por nosotros mismos», en una alusión a su voluntad de romper con la dependencia de Estados Unidos, a los que muchos socios europeos compran buena parte de su armamento.
«Tenemos que ser temidos. Para ser temidos tenemos que ser poderosos y para ser poderosos, estar dispuestos a hacer esfuerzos. Seamos irreductibles, unidos y sin descanso con esos esfuerzos», subrayó el presidente francés, que resumió su mensaje en tres palabras: «potencia, independencia, resistencia».
EFE
