
El 19 de marzo pasó y la oscuridad se quedó. El Zulia amaneció paralizado, burlado y en las sombras. El Gobierno Nacional y Luis Caldera agotaron el cronograma de las promesas. Ya no existen adjetivos para disfrazar la ineficiencia. El pomposo y divulgado “blindaje” eléctrico de la línea de transmisión el Tablazo-Cuatricentenario resultó ser otro espejismo en el asfalto marabino. Luis Caldera señalado por la gente como el “Gobernador del Apagón”, ofreció estabilidad y entregó un colapso.
La gestión eléctrica en el estado Zulia es un ciclo de mentiras programadas. No hay mantenimiento preventivo, solo parches mediáticos para calmar la indignación popular. La centralización excesiva del Guri mantiene al Zulia de rodillas. Mientras tanto, Termozulia sigue operando como una promesa que nunca alcanza la autonomía necesaria. Los 400 megavatios adicionales que prometieron para este mes son, hasta hoy una fantasía de escritorio que se disuelve con cada fluctuación de voltaje.
El impacto social es devastador. No se trata de una pérdida de los costosos electrodomésticos. Se trata del exterminio de la calidad de vida. Los enfermos y ancianos enfrentan madrugadas de calor sofocante sin ventilación alguna.
El gobierno regional actúa como un espectador más, limitándose a repetir consignas mientras las subestaciones colapsan por la falta de inversión y personal calificado.
El Zulia ya no acepta cronogramas que nadie cumple ni “eventos” que nunca se explican.
El sistema eléctrico regional no necesita propaganda, requiere ingeniería seria y el respeto a un pueblo que ya pagó con creces la desidia oficial. El exterminio eléctrico es una política de desatención que no admite más demoras. Al Zulia se le acabó la luz y al gobierno se le acabaron las escusas.
@angelmontielp
