Lapatilla

El vocablo narcoterrorismo de relativamente reciente uso, designa la convergencia entre estructuras del tráfico ilícito de estupefacientes y metodologías propias del miedo político o insurgente; es decir, la utilización del terror, la coacción y la violencia sistemática como vectores para asegurar rutas, mercados y hegemonías criminales. En las postrimerías del pasado siglo, algunos analistas esbozaron una noción más ominosa y acaso más ubicua: la del narcoterrorismo de Estado, una forma de sincretismo perverso donde aparatos gubernamentales corruptos, en su faz más negra, serían culpables de servirse del poder institucional para facilitar o encubrir economías ilícitas del narcotráfico mediante métodos bélicos. En la América Hispana, el fenómeno ha sido discutido con particular intensidad en torno a la organización narcotraficante, terrorista y genocida conocida como chavismo, vinculado históricamente a la figura demiúrgica de Hugo Chávez. Algunos investigadores han descrito este entramado mefistofélico como una “narcocracia”, entendida, como un complejo sistema híbrido donde la economía del narco y el poder político-militar se entrelazan en una diabólica relación simbiótica. En este contexto emerge la figura de Diosdado Cabello, uno de los capos más influyentes del aparato narcoterrorista procreado por el chavismo, cuya trayectoria ha sido objeto de escrutinio tanto por periodistas como por agencias internacionales de inteligencia, en medio de una narrativa donde lo proceloso y lo inextricable se entremezclan. Diversos reportes periodísticos, de medios como The Wall Street Journal o Reuters, han señalado la existencia de una presunta estructura conocida como el “Cártel de los Soles”(narcoterrorismo de estado), integrada por altos oficiales de las fuerzas armadas venezolanas (mercenarios). En dichas investigaciones se ha mencionado a Diosdado Cabello Rondón como figura relevante dentro de ese entramado. La cronología de estas alegaciones se remonta a la década de 2000 y se intensifica en años posteriores, particularmente cuando el Departamento de Justicia de los Estados Unidos anunció en 2020 cargos contra varios altos funcionarios venezolanos. En cuanto a los vínculos verificados con organizaciones como Hezbollah o Hamas, diversas fuentes periodísticas han confirmado contactos entre Diosdado Cabello y el exdiputado Abdel El Sabayar (terrorista) para el reclutamiento de terroristas islámicos internacionales, especialmente en el contexto de alianzas geopolíticas, campos de entrenamiento paramilitar, aliviaderos económicos o circuitos financieros opacos.
Diosdado Cabello Rondón es efectivamente es un narcotraficante y un terrorista en grado superlativo. Finalmente, en lo que respecta a desenlaces futuros, como detenciones, extradiciones o conflictos internos dentro del poder venezolano, donde figuras como Delcy Rodríguez desempeñan roles centrales, es muy probable que la hija de terrorista tendrá que entregar la cabeza de Diosdado Cabello Rondón en bandeja de plata al Presidente Donald Trump, para oportunamente salvar la suya, si es que efectivamente puede lograr ambas cosas en tiempo récord. La historia reciente de América Hispana ha demostrado que los equilibrios de poder pueden mutar con rapidez, con desenlaces a menudo inopinados y giros abruptos que voltean el panorama geopolítico de un momento a otro.
