Crimen de un venezolano en Chicago, el último caso con el que Trump defiende la expulsión de migrantes

Crimen de un venezolano en Chicago, el último caso con el que Trump defiende la expulsión de migrantes

Sheridan Gorman en una foto de redes sociales.

 

Aún quedan rastros de las flores y las velas que los amigos, familiares y compañeros de clases llevaron a modo de despedida hasta el muelle de la playa Tobey Prinz, en el barrio de Rogers Park, al norte de Chicago. El jueves 20 de marzo, sobre las 2.11 de la madrugada, hora de Illinois, Sheridan Gorman caminaba por allí con unos amigos, todos jóvenes como ella, una estudiante de 18 años de la Universidad de Loyola. Querían ver, dijeron luego los padres de Gorman en un comunicado, la aurora boreal. Gorman estaba “paseando con amigos, cerca de casa, en una zona donde tenía todo el derecho a sentirse segura”, cuando alguien le disparó y la mató. Su caso ha saltado a la esfera nacional después de que el Gobierno de Donald Trump revelara que el acusado de su muerte es un migrante que se encontraba en el país de forma irregular, convirtiéndola en el último rostro con el que la Casa Blanca desata una ola mediática xenófoba y justifica la expulsión masiva de indocumentados.

Por El País





A la lista donde aparecen la estudiante de enfermería Laken Riley, la joven de Illinois Katie Abraham o la niña de Texas Jocelyn Nungaray, se suma ahora Gorman. Estos son los nombres a los que el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) se aferra para justificar la política de detenciones y deportaciones de Trump, acusando a los responsables de sus muertes, y por extensión a todos los extranjeros, de atentar contra la seguridad y tranquilidad de los estadounidenses. Las cuatro murieron a mano o tras incidentes que involucraron a migrantes de origen latino y, en todos los casos, Trump apuntó a la política migratoria de su predecesor Joe Biden como causa última; pero en el último caso de Gorman, el hecho de que el acusado ya había sido arrestado anteriormente por robo renueva y refuerza las críticas de que las autoridades migratorias no están priorizando a los criminales, como han prometido tantas veces.

A Gorman, originaria del condado de Westchester, Nueva York, le encantaba “viajar, escuchar música, cocinar, leer, ir a conciertos y conocer gente nueva”. Los amigos la recuerdan como alguien “amable, generosa, alegre y muy divertida”. De hecho, sus publicaciones de Instagram muestran a una joven entusiasta, rodeada de amigas en los paseos y fiestas que tanto parecía disfrutar. Sus últimas fotos, sin embargo, se han vuelto en estos días una especie de altar donde la gente llega y deja sus mensajes de condolencias. “Descansa en paz, alma hermosa”, “mi más sincero pésame a su familia y amigos” o “espero que donde estés haya más amor que aquí”, son algunos de los comentarios que se leen.

Hay otros que intentan buscar el porqué de la muerte de una persona que no tendría que estar hoy en las notas necrológicas de los diarios de todo el país. La respuesta la han encontrado en la identidad de su victimario. “Este es un asesinato totalmente prevenible por otro extranjero ilegal”, escribe un comentarista. Se refiere a José Medina, un venezolano de 25 años que, según las autoridades, le propinó un disparo fatal a Gorman. Según informó el Departamento de Policía de Chicago, Medina fue arrestado el pasado viernes y ahora está acusado de asesinato en primer grado e intento de asesinato en primer grado.

El informe policial detalla que las cámaras de seguridad dan cuenta de que Medina iba vestido de negro y enmascarado, cuando se acercó al grupo de amigos, sacó un arma y le apuntó directamente a Gorman mientras ella intentó huir. Luego el hombre disparó, se marchó y se adentró en un edificio cercano.

Las autoridades revelaron que Gorman, quien recibió un disparo de bala en la espalda, falleció en el acto. Hasta el momento se conoce muy poco del incidente, y ni siquiera se ha revelado si Medina tenía algún tipo de vínculo con la joven o con el campus universitario, pero los amigos que acompañaban a la víctima esa madrugada aseguraron a medios locales que ella no parecía ser el objetivo del atacante.

La muerte de Gorman deja mucho detrás: una familia completamente rota; una comunidad universitaria atónita por la muerte de uno de los suyos; y un Gobierno que ha acaparado la narrativa para validar las políticas antiinmigrantes que desde hace más de un año tienen a los migrantes, tanto documentados como indocumentados, en un estado de terror casi permanente.

Lea más en El País