Abraham Sequeda: Desafíos, praxis y políticas, en la alternativa sistémica de la Cobertura Universal en Salud - LaPatilla.com

Abraham Sequeda: Desafíos, praxis y políticas, en la alternativa sistémica de la Cobertura Universal en Salud

No es el objetivo dar respuestas inmediatas a todas las interrogantes, quejas y expectativas de los ciudadanos y especialmente los profesionales de la salud, pero sí llamar la atención en la abundancia de hechos en el país, relacionados a la atención primaria, tratamientos, cirugías, inmunizaciones, medicamentos seguros, eficaces, de calidad, accesibles, disponibles y asequibles; todos juegan para el mismo bando: el bando del vacío de no haber un sistema de salud beneficioso, confiable y eficiente. Y cuando esto se afirma, el vacío es realmente profundo y crítico.

En Venezuela y con mucha razón se ha “propagado” la idea de que en los próximos meses el caudal de dinero lo arreglará todo. Nada más lejos de la verdad. Pero lo grave, es que hasta ahora una propuesta de edificación y consolidación del componente institucional (que va más allá de un buen acto profesional, la promesa sin asidero o la jornada asistencialista) está ausente en términos generales.





El atrevimiento de hacer estas aseveraciones es que hasta tanto no se diseñe y se implemente un “Sistema de Salud” con las características ya mencionadas, nada será viable en cuanto a la misión. Esto comienza con el proyecto o más bien una “cruzada de políticas” partiendo de una nueva estructura legal y sanitaria, por ejemplo, una Ley Orgánica de Salud unificadora, innovadora y dirigida a la Cobertura Sanitaria Universal. 

Como ejemplo, un equipo de farmacéuticos está impulsando la redacción de un novedoso marco jurídico en el país: la “Ley de Ejercicio de la Farmacia y Actividades Farmacéuticas”. Esta es una iniciativa que busca modernizar y dignificar el rol farmacéutico en función de la seguridad del paciente y consolidación de la salud pública; sin embargo, para entender el alcance de esta propuesta, es imperativo analizar también las carencias estructurales de la Ley Orgánica de Salud vigente (LOSv). Para avanzar en una propuesta legislativa, se deben señalar sus fallas de origen.

Una trampa del financiamiento o “barril sin fondo” (Artículos 50 al 57), puesto que, esta ley de 1998 mantiene un sistema de financiamiento fragmentado. Habla de fondos del presupuesto nacional, estatal y municipal, pero no establece un Fondo Único de Salud. Al no haber un fondo único, el dinero se dispersa. La Cobertura Universal en Salud real requiere que el riesgo financiero se comparta entre toda la población. Aquí, si un Estado tiene poco presupuesto, sus ciudadanos tienen peor salud, rompiendo la universalidad.

Segmentación del sistema (Artículo 52), porque la ley menciona los «Fondos de Seguridad Social» de manera separada. Esto perpetúa un sistema de «salud para pobres» (Ministerio) y «salud para trabajadores formales» (IVSS). En un sistema universal, el acceso debe ser por ciudadanía, no por estatus laboral. Esta ley no elimina las barreras entre instituciones.

El rol pasivo de la farmacia (Artículos 32 y 33). La LOSv trata a los medicamentos y a las farmacias casi exclusivamente desde la fiscalización y las penas (inspecciones y cierres), pero no como parte activa de la atención en salud. No integra la cobertura farmacológica como Política Farmacéutica Nacional y el seguimiento farmacoterapéutico o farmacia clínica comunitaria como planes específicos. Para una cobertura universal, el farmacéutico no puede ser solo un «regente» vigilado; debe ser un procurador de servicios de salud que ayude a descongestionar los hospitales. La ley de 1998 es «hospital-céntrica».

Indefensión ante el gasto de bolsillo. Siendo la búsqueda de la cobertura universal en salud el que nadie se empobrezca pagando medicinas, el Artículo 28 habla de «dotación básica», pero es muy ambiguo. No establece una lista de medicamentos esenciales o estratégicos de suministro gratuito obligatorio ni mecanismos de subsidio cruzado. En Venezuela, el gasto de bolsillo es uno de los más altos de la región, y esta ley no ofrece protección financiera contra eso.

El anacronismo digital, al no contemplar la Telemedicina e Historia Médica Digital Única, es imposible cubrir a todo un país de manera universal. La ley de 1998, por obvias razones de su época, no contempla estas herramientas, lo que hoy impide la eficiencia y el seguimiento de pacientes en zonas remotas o aquellos dentro del acceso inmediato. La implementación en primera instancia de la aplicación se puede comenzar con esta tecnología para la atención inmediata.

Un caos de gobernanza (Art. 35-39), por el conflicto de competencias entre alcaldes, gobernadores y ministerio, generando un «peloteo» de responsabilidades donde nadie responde por el colapso de los servicios.

No existe una división entre la vigilancia epidemiológica y la vigilancia sanitaria de productos médicos (fármacos de origen sintético, productos biológicos, dispositivos médicos, entre otros) y establecimientos. Todo queda bajo la potestad de la contraloría sanitaria y se omite a la Autoridad Regulatoria en materia de medicamentos (INH “RR”).

Algunos compromisos para lograr una ley orgánica de salud con visión de Cobertura Sanitaria Universal, si se estuviera redactando hoy, serían los siguientes:

Eliminar las diferencias entre IVSS, ministerio y personas independientes con la red privada. Una atención primaria resolutiva donde el 80% de los problemas se resuelva en la estructura local/comunitaria, no en el hospital. Inclusión del farmacéutico en el equipo clínico, no como un vendedor o incluso dispensador, sino como el responsable de que el tratamiento funcione. Financiación transparente y auditable, de un fondo único alimentado por distintas fuentes.

Los pilares de la Cobertura Sanitaria Universal están definidos. Sin embargo, la estructura sigue siendo un anhelo. Venezuela se encuentra en una encrucijada donde la unificación del sistema, la financiación transparente, la transformación digital y la atención primaria son las grandes áreas para alternativas viables. Al final, el debate se reduce a una cuestión de voluntad: ¿qué y cuándo haremos lo suficiente para edificar el sistema de salud que el ciudadano venezolano necesita?  

Por: ABRAHAM SEQUEDA      @abrahamsequeda