Dignora Hernández: Mi grito no fue por mí, fue por Venezuela y por la libertad (VIDEO) - LaPatilla.com

Dignora Hernández: Mi grito no fue por mí, fue por Venezuela y por la libertad (VIDEO)

La dirigente política y ex presa política Dignora Hernández reconstruye, con una mezcla de firmeza, humor y profundidad, uno de los episodios más duros de su vida: su detención, reclusión en El Helicoide y los 690 días de cautiverio. Su testimonio no solo retrata su experiencia personal, sino que, como ella misma afirma, “no es mi historia, es la historia de un país”.

Un arresto que se convirtió en símbolo





El momento de su detención se volvió viral. Fue arrestada en plena calle, a la luz del día, mientras gritaba. Para muchos, esas imágenes marcaron un punto de quiebre en la percepción de la represión en Venezuela.

Hernández recuerda ese instante con claridad emocional. Explica que su reacción fue consciente: “Yo sabía que lo que estaba viviendo era la consecuencia de haber enfrentado un sistema de estas características”.

Más allá del miedo, hubo una decisión: evidenciar lo que ocurría. “Mi grito era para dejarlo en evidencia… era un grito por Venezuela, un grito por la libertad”, afirma.

En ese momento, también pensó en lo peor: que podía ser asesinada o desaparecer. Por eso, su reacción no fue solo instintiva, sino una forma de dejar constancia pública de lo que estaba ocurriendo.

“Fue una cacería”

Tras su detención, describe el procedimiento como una “cacería”. Fue interceptada, perseguida y rodeada por decenas de funcionarios. “Me corretean por la calle… una veintena de hombres y mujeres detrás de mí como si yo fuera una criminal”, relata.

Durante el traslado recibió insultos y amenazas. Sin embargo, lejos de callar, respondió constantemente. “Nunca se fueron sin una respuesta”, asegura, destacando que su actitud combativa fue una forma de resistencia.

Ese intercambio verbal, incluso en condiciones adversas, refleja una de las constantes de su testimonio: la negativa a someterse psicológicamente.

El Helicoide: prisión y sistema

Hernández permaneció recluida en El Helicoide, aunque aclara que el propio sistema divide ese espacio en distintas áreas. Desde el inicio, comprendió que se trataba de una detención política.

“Allí te dejan claro que eres un preso político y que vas a salir el día que alguien se ponga de acuerdo con alguien”, afirma.

Su llegada estuvo marcada por contradicciones. Fue detenida sin que inicialmente existiera una orden formal, la cual apareció horas después. “Si usted no sabe por qué estoy aquí y yo no sé por qué estoy aquí, lo más lógico es que yo me vaya”, recuerda haber dicho.

Los primeros días fueron determinantes. Hernández decidió asumir su condición con claridad: “Estoy presa y no sé cuándo voy a salir”.
Ese reconocimiento, lejos de debilitarla, le permitió tomar control de su actitud. Inspirada en la idea de que no son las condiciones sino las decisiones lo que define al individuo, optó por resistir sin renunciar a sus convicciones.

El humor jugó un papel clave. “Estoy convencida de que el humor también salva”, señala, al explicar cómo logró sobrellevar momentos de alta tensión.

Sin embargo, también reconoce los momentos más duros: crisis emocionales, noches de llanto y pérdida de la noción del tiempo. Después de 100 días, dejó de contar los días de reclusión.

Interrogatorios y condiciones de reclusión

Durante la primera semana fue interrogada diariamente. Describe estos procesos como la fase más difícil, especialmente porque coincidieron con una crisis de salud.

Pese a los medicamentos que le inducían sueño, era despertada de madrugada para ser interrogada, lo que incrementaba su vulnerabilidad.
Con el paso del tiempo, los interrogatorios se volvieron esporádicos, pero podían reanudarse en cualquier momento, incluso mediante engaños. En una ocasión fue sacada de su celda bajo el pretexto de una consulta médica para ser interrogada nuevamente.

Uno de los aspectos más reveladores de su testimonio es que, a pesar de los graves delitos que le imputaban —conspiración, legitimación de capitales y asociación para delinquir—, nunca fue interrogada sobre ellos.

Hernández también denuncia irregularidades en el manejo de su salud. Una vacuna que debía recibir cada 21 días fue administrada seis meses después.

La explicación que recibió fue impactante: no podían aplicarla antes de las elecciones por temor a que muriera y eso tuviera consecuencias políticas.

Este episodio evidencia, según su relato, la subordinación de decisiones médicas a intereses políticos.

Una prisión con múltiples realidades

La dirigente describe una convivencia compleja dentro del centro de reclusión. Aunque asegura que no siempre fue maltratada directamente, otras compañeras sí denunciaron abusos.

Esto, según su percepción, podría responder a dinámicas internas destinadas a generar divisiones entre los detenidos.
También destaca la existencia de numerosos “presos invisibles”: personas sin debido proceso, incluyendo funcionarios públicos, jueces y fiscales.

A pesar de la experiencia vivida, Hernández es contundente: no se arrepiente de su participación política.

“No sé hacer otra cosa que exigir derechos”, afirma, reivindicando la política como un servicio.

Se define como “una profesora de historia atrapada en la historia”, reflejando la dimensión personal y simbólica de su trayectoria.

El trasfondo político de su detención

Según Hernández, su arresto no fue un hecho aislado, sino parte de una estrategia para desmantelar estructuras políticas.

Sostiene que su detención, junto a la de otros dirigentes, buscaba debilitar un movimiento que había logrado articular una amplia alianza política y obtener victorias electorales.

Sin embargo, afirma que el intento fracasó: “No éramos una sola persona… éramos una legión de ciudadanos”.

Presos políticos y transición

Sobre la situación actual, advierte que aún hay cientos de presos políticos, muchos de ellos invisibles.

Considera que la liberación total pasa por tres elementos fundamentales:

Transparencia en la lista de detenidos

Revisión real de los casos

Independencia del sistema de justicia

También cuestiona la aplicación de leyes de amnistía, señalando que no responden a una voluntad genuina de justicia, sino a estrategias políticas.

Venezuela hoy: entre crisis y esperanza

Hernández identifica la crisis económica, la falta de servicios y la ausencia de estado de derecho como los principales problemas del país.
Sin embargo, resalta el potencial del venezolano: “El capital es humano… es el individuo el que desarrolla el Estado”.
Pese a las dificultades, percibe un país que mantiene el optimismo y la capacidad de reconstrucción.