¿Transición hacia dónde?, por Trino Márquez - LaPatilla.com

¿Transición hacia dónde?, por Trino Márquez

 

El enredo en el que se metió Donald Trump en Irán está siendo aprovechado por el gobierno presidido por Delcy Rodríguez para convertir la transición política e institucional en un garabato indescifrable. Ni Trump, ni su secretario de Estado, Marco Rubio, ni Pete Hegseth, el secretario de Guerra, pueden dedicarle a Venezuela toda la atención que reclama el proceso de transición hacia una nueva fase. La compleja situación en el Medio Oriente pareciera concentrar la mayor parte de los esfuerzos de esos personajes. Da la impresión de que buscan cómo desenredar ese kilo de estopa en el que se les convirtió el ataque de Estados Unidos e Israel al régimen de los ayatolas. Ahora Trump se ve envuelto en un conflicto al que lo arrastró Benjamín Netanyahu, sin que aparezca en el horizonte cercano una solución que le permita al presidente norteamericano atribuirse una victoria categórica. 





Aparte de la contienda con Irán, el Gobierno norteamericano profundizó las tensiones con Cuba. Amenaza con apropiársela. Sugiere que puede invadirla. El estrangulamiento de la isla está sirviéndole a la tiranía para que sus líderes se den baños de heroísmo y para que personajes como Silvio Rodríguez, sin el menor sentido del ridículo, salgan a respaldar a una casta inepta y corrupta, que ha hundido a ese sufrido país en la peor de las miserias.

Los distintos frentes abiertos por la administración de Donald Trump le han restado relevancia internacional al caso de Venezuela y han desplazado la atención de los altos funcionarios norteamericanos hacia otros ámbitos. 

Ese parpadeo parece haberlo detectado Delcy Rodríguez y su entorno. Ahora combinan un lenguaje sumiso y una conducta obediente con el imperio, con frases altisonantes y comportamientos retadores. Han vuelto a cometer algunas de las tropelías del pasado. El lunes 23 de marzo, ante al reclamo justo de numerosos trabajadores y pensionados por un salario digno, sacaron a sus grupos paramilitares -llamados de forma eufemística, colectivos- y Diosdado Cabello convocó una concentración en el mismo lugar donde debía concluir la marcha de los trabajadores. Ese atropello contra las organizaciones sindicales ocurrió después de cuatro años sin incremento del salario mínimo ni un aumento general de sueldos y salarios, y luego de años sin que los trabajadores convocaran concentraciones de calle.  

La Ley de Amnistía ha sido aplicada con criterios discriminatorios. Aún se mantienen presos más de quinientas personas por supuestos delitos políticos. Contra los militares y policías metropolitanos, detenidos durante 23 años, el Gobierno se ha ensañado Los medios de comunicación confiscados -periódicos, revistas, radios y televisoras regionales- no han sido devueltos a sus legítimos propietarios. Numerosos portales informativos continúan bloqueados. El Gobierno pretende imponer códigos y registros a los portales de internet. A las televisoras nacionales se les ha vuelto a amenazar por transmitir informaciones que no son del agrado del régimen. Han detenido a personas que tenían medidas cautelares.

El tema electoral ni siquiera lo mencionan a pesar de que estamos muy cerca de que se cumplan los primeros noventa días de la ausencia de Nicolás Maduro y del interinato de Delcy Rodríguez. El tema no se aborda aunque ya está claro que Rodríguez no es una mandataria interina, sino permanente. El Alto Mando le juró lealtad y la reconoció como Comandante en Jefe de la FANB. Sus decisiones no las adopta en nombre del titular del cargo -quien supuestamente es Maduro- sino en su propio nombre.

Los cambios que realiza la Presidenta en el alto Gobierno, además de que no son por delegación o mandato de Maduro, no asoman ninguna intención de introducir un giro significativo en su gestión, romper con el pasado y abrirse hacia la incorporación de nuevos actores. Sus movimientos se han orientado a acabar con las sombras de madurismo (removió a Vladimir Padrino López, Álex Saab y Tarek William Saab), subrayar su propio perfil como mandataria y líder del proyecto, y establecer un nuevo equilibrio dentro del oficialismo (la designación de Gustavo González López como ministro de la Defensa, pareciera a apuntar hacia una entente con la corriente comandada por Diosdado Cabello).  

En este panorama tan opaco no he incluido la situación económica, que está lejos de despejarse. La inflación causa estragos en los bolsillos de los venezolanos. La devaluación del bolívar deteriora de forma continua el poder adquisitivo de la gente. Este tema lo trataré en una futura entrega. Es demasiado importante para despacharlo en unas pocas líneas.

Para que la transición se lleve a cabo ‘a la venezolana’, como propone María Corina Machado, resulta fundamental que incursione en el escenario un nuevo protagonista: los ciudadanos y sus organizaciones. La presencia de los partidos, sindicatos, gremios, federaciones estudiantiles, ligas campesinas, y todas las demás agrupaciones que forman el entramado social, tienen que pasar a ser actores en esta historia. Sin la gente movilizada la transición será eterna, aunque quienes gobiernan sean una minoría muy reducida. Los ciudadanos organizados serán quienes le darán sentido a la transición.

@trinomarquezc