
A solo diez días de asumir como ministro de la Defensa, el GJ (Ej) Gustavo Enrique González López, ha impulsado ajustes rápidos que trascienden lo estético y plantean una marcada diferencia a la era de Vladimir Padrino López. El viraje se percibe tanto en la identidad visual del despacho y los nombramientos de jefes militares como en órdenes internas que buscan proyectar una Fuerza Armada más administrativa, con menor carga ideológica en su comunicación.
Por Sebastiana Barráez | Infobae
Entre algunas de las nuevas órdenes está la eliminación de las barricadas del acceso al Fuerte Tiuna y reducir las restricciones en las diferentes alcabalas de acceso, bajo el argumento de que “no estamos en guerra con nadie”.
Una de las medidas más polémicas está en la revisión del personal militar en comisión de servicio, de manera que el ministro González López habría ordenado el retorno a los cuarteles de militares, oficiales y tropa profesional, actualmente asignados a organismos de la administración pública.
La medida también alcanzaría al personal militar destacado como escolta de autoridades, dirigentes del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), diputados y variedad de funcionarios, con posibles recortes en dispositivos de protección.
El nuevo ministro de Defensa tendrá que demostrar si esas instrucciones se cumplen en el caso del ministro del Interior y Justicia, Diosdado Cabello Rondón, quien desde hace años ha gozado de una escolta, para él y su familia, que se calcula en no menos de 200 guardaespaldas, la mayoría de ellos militares.
Las claves del giro en la institución castrense se refuerzan en menos consignas, más institucionalidad, menos excepcionalidad operativa y más señal de normalización interna.
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