
El hallazgo de un planeta fuera del sistema solar con océanos de magma y una atmósfera cargada de gases sulfurosos reconfigura la visión científica sobre la diversidad de mundos que existen en la galaxia, según reportó la NASA.
Por Víctor Ingrassia | Infobae
El exoplaneta, identificado como L 98-59 d, orbita a unos 35 años luz de la Tierra y fue analizado por un equipo internacional mediante el Telescopio Espacial James Webb (JWST) y observatorios terrestres. Los expertos de la Universidad de Oxford confirmaron que la atmósfera de este mundo resulta rica en sulfuro de hidrógeno, una molécula responsable del olor a “huevo podrido”, y que su superficie alcanza temperaturas de aproximadamente 1900 grados Celsius.
El estudio, publicado en Nature Astronomy, describe por primera vez un planeta que no encaja en ninguna categoría conocida. L 98-59 d posee una densidad baja para su tamaño, que es 1,6 veces mayor que la Tierra, y una estructura interna dominada por un océano global de magma fundido.

Según explicó Harrison Nicholls, líder del equipo, “este descubrimiento sugiere que las categorías que los astrónomos utilizan actualmente para describir los planetas pequeños podrían ser demasiado simplistas. Si bien es improbable que este planeta fundido albergue vida, refleja la gran diversidad de mundos que existen más allá del sistema solar. Entonces, cabe preguntarse: ¿qué otros tipos de planetas esperan ser descubiertos”.
Los investigadores emplearon simulaciones informáticas de última generación para reconstruir la evolución de L 98-59 d durante casi 5 mil millones de años. Estas simulaciones, cotejadas con los datos del JWST y otros telescopios, permitieron inferir la existencia de un manto de silicato fundido y un océano de magma capaz de almacenar grandes cantidades de azufre.
El equipo determinó que los gases ricos en azufre, como el dióxido y el sulfuro de hidrógeno, se liberaron a la atmósfera superior a lo largo de milenios, proceso que contribuyó a conservar una atmósfera densa y tóxica. El Telescopio Espacial James Webb detectó firmas espectrales de estas moléculas, lo que confirmó la hipótesis de un planeta volcánico y apestoso.
La singularidad de este exoplaneta, cuya atmósfera se asemeja a la de un “infierno azul” por la presencia de gases pesados y temperaturas abrasadoras, llevó a los científicos a proponer una nueva categoría para mundos sulfurosos con mares de magma.
“Parece pertenecer a una clase de planeta completamente diferente que contiene moléculas pesadas de azufre”, afirman los autores del artículo. Este tipo de composición no tiene equivalentes entre los planetas terrestres del sistema solar y se distancia tanto de los mundos rocosos típicos como de los planetas oceánicos ricos en hidrógeno.
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