
Representantes de más de 15 asociaciones nacionales, concentradas en la Federación de Palmicultores de Venezuela (Fepalven), denuncian el incumplimiento de acuerdos comerciales y la falta de respaldo del gobierno interino.
lapatilla.com
Desde el municipio Catatumbo del estado Zulia, los productores de palma expresaron sus preocupaciones por la falta de pago por el arrime del fruto, conocido como corozo, y la competencia de importaciones que afectan a miles de familias trabajadoras de este rubro en el Sur del Lago.
El conflicto surge tras la violación de un acuerdo de 2023 en el que se estableció que el productor recibiría el 17% del valor del aceite rojo de palma.
Luis Urbina, presidente de Fepalven, explicó que el pacto permitió una alianza estratégica durante más de un año, pero desde finales de 2024 los compromisos no se han respetado.
Actualmente, los retrasos superan las tres semanas, lo que perjudica la fruta fresca, altamente perecedera y que requiere procesamiento inmediato.
“Ellos podrán conservar el aceite, pero ¿quién conserva un producto que se deteriora? Necesitamos defender el cultivo”, declaró Mercedes Arámbulo, directiva de Fepalven.
Capacidad productiva vs. importaciones
Venezuela cuenta con 120.000 hectáreas de palma en producción, con capacidad de cubrir más del 40% de la demanda nacional en 2026.
Sin embargo, la libre importación de aceites desplaza al producto nacional y genera pérdida de divisas, afectando el PIB.
Municipios como Jesús María Semprún y Catatumbo en el estado Zulia, dependen del sector para sostener más de 700 familias.
“Nos están matando con los precios, nos están matando con los pagos (…). Nosotros financiamos la industria por los atrasos”, señaló Carlos Chacín, representante de Asopalpro.
Llamado urgente
Los productores exigen a la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, reactivar las mesas de evaluación mensual, suspendidas desde hace más de un año, para proteger la mano de obra venezolana y garantizar la supervivencia del sector.
Nubia Gómez, productora local, enfatizó: “Oiganos, presidenta Delcy, auxílienos porque estamos perdidos. Queremos proteger nuestro rubro y nuestras familias».
La crisis de la palmicultura en Zulia refleja la urgencia de políticas coherentes que aseguren la sostenibilidad de un sector importante para la economía y el tejido social de la región.





