Se cumplen 31 años del asesinato de Selena Quintanilla, "la Madonna Texana" - LaPatilla.com

Se cumplen 31 años del asesinato de Selena Quintanilla, “la Madonna Texana”

Selena Quintanilla fue una de las primeras estrellas femeninas del regional mexicano que buscó integrarse a otros campos del entretenimiento

 

“Yolanda… 158”, alcanzó a decir la chica cuando se derrumbó en el lobby del hotel Days Inn de Corpus Christi, Texas y fueron sus últimas palabras. Tenía un balazo en la espalda y detrás de sí había dejado un reguero de sangre de cien metros, la distancia que separaba el hall del establecimiento de la habitación identificada con el número que acababa de pronunciar. Allí le habían disparado. La reconocieron de inmediato porque era muy famosa: la chica herida era Selena Quintanilla, la Reina del Tex Mex, un género musical que causaba furor entre los latinos estadounidenses. La ambulancia demoró apenas un minuto y 55 segundos en llegar. El paramédico Richard Fredrickson fue el primero en atenderla y descubrir “un agujero de bala en la parte superior derecha del tórax”. Al buscar signos vitales, notó “espasmos” musculares, pero detectó pulso ni respiración.

Por infobae.com





En el hospital Corpus Christi Memorial hicieron lo imposible por salvarla, aunque tenía las pupilas inmóviles y dilatadas, no había evidencia de funciones neurológicas y tampoco se percibían signos vitales. Aun así, se le realizaron transfusiones de sangre en un desesperado intento por restablecer la circulación después de que los médicos le abrieran el pecho y descubrieran una hemorragia masiva interna. Tenía el pulmón derecho dañado, la clavícula destrozada y las venas completamente vacías. El cirujano cardíaco Louis Elkins explicó después que una “arteria del tamaño de un lápiz conectada al corazón había sido seccionada en dos por una bala de punta hueca” y que por eso las transfusiones habían sido inútiles, porque cada unidad de sangre que le suministraban se escapaba por ese lugar. No quedaba nada que hacer y la declararon muerta a causa de una pérdida masiva de sangre y un paro cardíaco. El reloj marcaba las 13.05 del viernes 31 de marzo de 1995. Selena Quintanilla tenía apenas 23 años y estaba en la cima de su carrera.

En la habitación 158, Yolanda Saldívar, la fundadora y presidenta del club de fans de la artista, reaccionó rápido. Envolvió con una toalla el revólver calibre 38 con el que había disparado y corrió hacia el estacionamiento donde estaba su camioneta GMC e intentó escapar. La empleada del hotel Rosario Garza la vio y le avisó a un policía que estaba dentro de un patrullero, también en el estacionamiento. El policía salió del auto, sacó su arma y le ordenó a Saldívar que saliera de la camioneta. La mujer detuvo el vehículo, que quedó bloqueado por otro patrullero, pero se negó a salir. En cambio, sacó el revólver y apoyó el caño en su sien derecha. Gritó que iba a suicidarse. La escena quedó congelada, sin resolverse, mientras llegaba un equipo del SWAT y la Unidad de Negociación de Crisis del FBI. Eran más de las nueve de la noche cuando finalmente Yolanda Saldívar se entregó.

La Reina del Tex Mex

Nacida el 16 de abril de 1971 en Salt Lake, Texas, Selena Quintanilla Pérez se había convertido en cantante por necesidad, sin soñar con el éxito. Venía de una familia mexicano estadounidense de clase media, pero a principios de la década de los ’80 sus padres perdieron el restaurante con que se ganaban la vida. También perdieron su casa y debieron ir a vivir hacinados con sus tres hijos en una habitación que les cedió un pariente compasivo.

Antes de entrar en el rubro gastronómico, Abraham, el padre de Selena, había sido músico profesional, y decidió volver a las fuentes para parar la olla, pero no trabajando él mismo sino explotando un grupo de música texana integrado por sus hijos al que llamó “Selena y los Dinos”. Abraham, el mayor, tocaba el bajo; Suzette, la del medio, la batería; y Selena, la menor, cantaba. Selena no quería cantar música Tex Mex porque ni siquiera sabía hablar español, pero su padre la obligó a aprender las letras de memoria, fonéticamente. Comenzaron a trabajar en bodas, bautismos y fiestas de cumpleaños. Como el negocio comenzó a ir bien, Quintanilla sacó a los tres chicos del colegio para que se dedicaran exclusivamente a las presentaciones. Selena tenía 14 años.

En 1985 grabaron su primer disco y poco después la carrera de Selena como solista se disparó. A principios de los noventa, ya era la mayor estrella latina de Estados Unidos: fue la primera hispana en firmar un acuerdo con Coca-Cola, ganó más de 150 premios y se convirtió en la cantante latina más vendida de la década con 65 millones de discos. No solo eso: puso de moda entre los jóvenes el Texano, un género tradicionalmente exclusivo de los hombres, con canciones que además ella misma producía y componía. Se la conocía como “la Madonna texana” porque derribó barreras culturales en la comunidad de los hispanos estadounidenses que no hablaban castellano.

En 1994, lanzó Amor prohibido, que se convirtió en uno de los álbumes latinos más vendidos en los Estados Unidos. Fue aclamado por la crítica como responsable de la primera era comercial de la música tejana, ya que se convirtió en uno de los subgéneros más populares en ese momento. Para marzo de 1995, a punto de cumplir 24 años, estaba en la cumbre de su fama, que nadie veía como un límite sino como una plataforma para llegar todavía más alto en el mundo de la música y de los negocios asociados a su figura. Estaba casada con el músico Chris Pérez, su padre, Abraham Quintanilla, seguía siendo su manager, pero su persona de confianza era Yolanda Saldívar, la creadora de su club de fans y asistente personal.

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