Venezuela: riqueza sin dirección, la verdad que debe contarse, por Alfonzo Bolívar - LaPatilla.com

Venezuela: riqueza sin dirección, la verdad que debe contarse, por Alfonzo Bolívar

Este fin de semana, en Dallas, Texas, durante el Oil & Gas Business Roundtable, se reunieron líderes, inversionistas y expertos del sector energético global. En ese espacio, lejos del discurso político y más cerca de la realidad técnica y económica, volvió a quedar expuesta una verdad incómoda pero necesaria: Venezuela no es un país pobre, es un país con una riqueza extraordinaria que no ha sabido ser administrada.

Los datos son contundentes. Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del planeta, con más de 300.000 millones de barriles, lo que representa cerca del 17% del total mundial  . Sin embargo, esa riqueza contrasta con una realidad igualmente evidente: el país produce hoy apenas una fracción de lo que llegó a producir en décadas pasadas y representa alrededor del 1% de la producción global  .





Esta paradoja no es producto del azar. Es el resultado acumulado de decisiones equivocadas, de la ausencia de planificación estratégica y, sobre todo, de una cultura política que ha privilegiado intereses particulares por encima del bienestar colectivo.

Durante años, se ha construido una narrativa que desvincula la riqueza natural del bienestar ciudadano. Pero la evidencia internacional demuestra lo contrario: los recursos, bien gestionados, son una herramienta poderosa de desarrollo. Mal administrados, se convierten en una oportunidad perdida.

Venezuela debería ser hoy un referente continental en infraestructura, innovación tecnológica, salud pública y educación de calidad. Sus capacidades energéticas le permitirían financiar una economía moderna, competitiva y orientada al crecimiento sostenible. Sin embargo, ese potencial ha sido limitado por décadas de improvisación, corrupción y falta de gerencia profesional en la conducción del Estado.

También es necesario reconocer un elemento clave de nuestra historia: la industria energética venezolana no nació del aislamiento. Fue el resultado de cooperación internacional, transferencia de conocimiento y formación de talento. De allí surgieron generaciones de profesionales que lograron posicionar al país en estándares de clase mundial.

Hoy, desde centros de decisión como Texas epicentro energético global existe una visión clara sobre lo que Venezuela puede volver a ser: un país capaz de atraer inversiones multimillonarias, generar empleo a gran escala y reinsertarse con fuerza en la economía global.

La ecuación no es compleja.

Cuando existen instituciones sólidas, reglas claras y liderazgo competente, las oportunidades se traducen en bienestar real para la población.

El mundo está dispuesto.

El capital está disponible.

La oportunidad existe.

Lo que falta es dirección.

Venezuela enfrenta, quizás, uno de los momentos más decisivos de su historia contemporánea. La diferencia entre el estancamiento y la recuperación no dependerá de discursos, sino de la capacidad de quienes asuman la responsabilidad de conducir el país.

Porque el verdadero cambio no comienza con promesas.

Comienza con visión, preparación y decisiones correctas.

Y ese proceso aunque muchos aún no lo perciban ya ha comenzado.