
Este Jueves Santo los transportistas del Terminal de Pasajeros de Valencia, ubicado en el Big Low Center del municipio San Diego, vieron una disminución de temporadistas con respecto a inicios de semana, donde aseguraron que el movimiento prometía una buena jornada.
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Durante un recorrido en el terrapuerto más importante de Carabobo, se pudo observar en los andenes uno que otro transeúnte caminando entre choferes, trabajadores informales y funcionarios de seguridad.
Jesé Camacho, despachador de las líneas Virgen del Carmen y Unión Conductores de la Costa, explicó que los primeros tres días de la Semana Mayor salieron alrededor de 22 autobuses para destinos turísticos de la región como Puerto Cabello y Juan José Mora, pero este jueves el ritmo de arranque ha disminuído. “En comparación al año pasado vemos que también ha mermado el flujo un poco. En 2025, por ejemplo, en estos días salieron como 28 buses”, agregó.
No hay efectivo
El pasaje para la costa carabobeña, el destino más solicitado, es de tres dólares a tasa del Banco Central de Venezuela. Para playas de Falcón, como Tucacas y Chichiriviche, el boleto cuesta cinco dólares. Los viajantes consultados aseguraron que cancelaron por pago móvil, porque conseguir efectivo, bien sea en divisas o bolívares “ha estado complicado”.
Melina González tenía más de 30 minutos subida a una unidad con destino a Morón, cuando relató, sin asombro, la mengua progresiva de pasajeros con el pasar de los años. “El terminal está vacío. Un día como este del año pasado, este autobús ya estaba full. No se esperaba tanto para arrancar porque se llenaba rápido”, detalló.
Tiempos de nostalgia
Mientras algunos aprovechan las fechas para planes recreacionales, otros como Ernesto Guanipa se toman estos feriados para visitar a su familia. “Vengo de Maracay a visitar a mi mamá en Los Guayos. Todos los años son iguales, no hay mucho que inventar. La última vez que hicimos un viaje familiar fue hace como 10 años o más, cuando era niño”, comentó el jóven de 20 años.
La realidad de Rosangel Arteaga no es diferente. Aguardando en la fila para tomar el autobús hacia Caracas, con sus dos hijas pequeñas, comentó que iba a hacer una visita puntual a sus familiares, sin márgenes en el presupuesto para planes inesperados. “El pasaje está en seis dólares y uno viene recortado. Recuerdo cuando mi mamá y mi papá me sacaban a pasear, hace mucho tiempo, pero ahorita con esta economía es muy difícil”, añadió con nostalgia.
La poca afluencia no solo afecta a los transportistas, sino a los dueños de locales gastronómicos y de souvenirs. Elizabeth Padrino, encargada de un negocio de desayunos, chucherías y bebidas, aseveró que la semana ha estado “suave” mientras apoyaba los codos en el mostrador esperando clientes. “Hace 15 o 20 años esto era una locura para atender y despachar a la gente. Ahorita hay menos del 50% de personas que solían venir a comprar”, señaló.



