
Tanto la nueva Ley de Minas como la reciente Ley de Hidrocarburos, tienen un único objetivo; privilegiar y favorecer las inversiones norteamericanas en Venezuela, lo que hace que el interés nacional, fiscal, conservacionista, indigenista o cualquier otro, pase a un tercer plano.
La Ley de Minas aprobada, diligentemente, en primera discusión por la Asamblea Nacional, al comparársela con la anterior, contiene varios aspectos de suma importancia que todos debemos conocer y son los siguientes:
En primer lugar, permite la entrada a las grandes trasnacionales de la minería, para la explotación y comercialización directa de nuestras minas de oro, diamantes, tierras raras y otras, con una mínima intervención del estado.
En segundo lugar, disminuye la participación del estado sobre la renta. La regalía mínima esperada en el oro, que antes era del 10% al 13% del ingreso bruto, ahora pasaría del 3% al 5%, en proyectos grandes. Por otra parte, la carga efectiva bajaría considerablemente en los primeros años por la posibilidad de exoneración parcial o total. Mientras que la carga efectiva anterior estaba entre el 60% y 70%, ahora, en los primeros años estará del 20% al 30%, que eventualmente puede subir.
En tercer lugar, las nuevas concesiones serán para periodos más largos, pasarán de 20 años a 30 años, y podrán renovarse hasta dos veces por períodos de 10 años.
En cuarto lugar, se crea la Agencia Nacional de Supervisión Minera que fiscalizará toda la materia referente a la minería.
Como quinto punto, incorpora el arbitraje internacional en las disputas, asunto que reduce la soberanía judicial del país.
Y, por último, la nueva Ley no cambia los aspectos cruciales del impacto ambiental producido por la actividad minera, tampoco con relación al Arco Minero del Orinoco, ni regula la práctica de deforestación, contaminación y minería ilegal.
En resumen, la nueva ley busca satisfacer las exigencias de los nuevos y actuales inversionistas: menor intervención del estado, producción y comercialización directa del producto, plazos concesionarios mayores, menos gravámenes, arbitraje internacional, sin ninguna nueva consideración ambiental o respecto a las comunidades indígenas y sus territorios.
Otro aspecto que no queremos pasar por alto sobre esta pronta aprobación de las leyes de Hidrocarburos y la de Minas, ha sido el triste papel que le ha tocado desempeñar a la fracción mayoritaria de la Asamblea Nacional representada por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Este partido, liderado por el inefable y aguerrido del Mazo Dando Diosdado Cabello, inspirado en el movimiento libertario bolivariano, en el antiimperialismo y anticolonialismo cubano de Fidel Castro, alimentado, además, por los desvencijados actores de la guerrilla venezolana de los años sesenta (Douglas Bravo, Alfredo Maneiro, Américo Silva y otros), de los combatientes ñangara de la UCV, de los golpistas chavistas antisistema, de las indigenistas reivindicadoras, no sean hoy más que los tristes y apaciguados títeres o marionetas del colonialismo de Trump. No sabemos que les dieron, pero perdieron toda dignidad, si alguna vez la tuvieron. Cuando debieron inmolarse, como héroes, en defensa del suelo patrio. Pero, su valentía solo alcanza para atropellar al venezolano indefenso, como dice el refrán: ¡ni tan calvo ni con dos pelucas.!
Gerardo Lucas. Https.//gerardolucas.wordpress.com

