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El sistema hidráulico de Turimiquire fue planificado, e iniciado su construcción, en 1976 bajo el mandato del presidente Carlos Andrés Pérez. En 1983 se terminó de construir el túnel de trasvase de Guamacán, bajo la administración del presiente Luis Herrera Cámpins. La compleja obra de ingeniería hidráulica fue concluida e inaugurada el 1 de noviembre de 1988 durante el último año de la gestión del presidente Jaime Lusinchi. De manera que sucesivamente tres administraciones de la democracia dieron continuidad a la obra hasta ponerla al servicio del pueblo oriental. Durante 38 años la represa cumplió cabalmente y sin interrupciones su actividad, a pesar de que en el período chavista se abandonaron todos los protocolos de mantenimiento y la operación fue realizada de manera improvisada; no obstante, el sistema milagrosamente pudo cumplir su misión hasta que a principios de marzo de 2026 colapsó el túnel de trasvase.
Panorama antes de 2026: Las Canalitas es la presa principal del sistema y fue diseñada por el Ing. Barry Cooke, Se trata de una obra de enrocado con cara de concreto (CFRD), de 113 m de alto, 480 m de largo. No obstante, en justicia, hay que decir que desde el inicio ha presentado fugas de agua. Para septiembre de 2023, se habían realizado siete intervenciones puntuales consistentes en impermeabilizaciones parciales de sectores definidos utilizando geomembranas impermeables, fijadas sobre la cara aguas arriba de la presa, mediante trabajos subacuáticos. Todas estas labores se realizaron con relativo éxito porque el problema nunca logró solucionarse. Tan pronto como en julio de 1989 se detectó una filtración de 300 l/s de caudal de agua. Para el año 1994 la fuga era de 2.500 l/s. En 1996 alcanzaba a 3.173 l/s. A partir de 1999 a fuga llegó a 6.500 l/s. Durante septiembre de 2007, la pérdida alcanzó un caudal máximo histórico de 9.800 l/s; sin embargo, esfuerzos por bajar el nivel del agua de la presa lograron aminorar a 7.800 l/s la merma del caudal del agua. Es de hacer notar que el suministro de agua a la ciudad de Caracas es de 10.000 l/s, lo que significa que un caudal equivalente se desperdiciaba sin ningún beneficio humano. Para 2017, fecha del último informe técnico, la situación era semejante. Hoy día se supone que el panorama es peor, pero no se sabe nada por la opacidad con que el régimen maneja la información.
En agosto de 2022 se presentó un estudio conceptual y un plan de acción integral para la reparación de la presa. El análisis detectó fisuras mayores de 0.3 mm de ancho por las que entraba el agua hasta el acero de refuerzo, generando oxidación en el metal. La realidad es que la presa presenta una seria afectación como no ocurre en ninguna otra presa similar en el mundo. Por lo que se requiere con urgencia acometer una solución drástica y definitiva, al fracturamiento continuo de la losa de concreto, consistente en vaciar la presa y reparar las fallas “en seco”. El asunto es que esta impostergable solución requiere tres años de trabajo: uno para vaciar la presa, otro para la reparación de las fisuras y otro para volver a llenarla. Esto por supuesto implica la ausencia del suministro de agua a Cumaná y sus zonas aledañas, a Araya y a buena parte de Margarita. Este era el panorama que había que enfrentar perentoriamente, porque se corría el riesgo de que hubiese una catástrofe que derramara violentamente el líquido afectando las poblaciones aguas abajo, muriendo mucha gente y colapsando la obra como tal. Si Dios viera por Sucre y la presa resiste, sobreviene el hecho de que afectada como está es susceptible a que también haya una catástrofe por la ocurrencia de un sismo de magnitud alta, que la falla de El Pilar está muy cerca. Las cosas se han agravado con el colapso del túnel de trasvase de Guamacán, que no hubiese ocurrido si al túnel se le hubiese hecho su mantenimiento extraordinario programado cada año y medio, como se hizo en la época de la democracia, pero que el régimen con su proverbial, incompetencia, ineficiencia, ignorancia, desidia, mala fe y maldad, abandonó de una manera perversa.
El tema es que ahora hay que reparar primero el túnel para poder vaciar la presa y entonces corregir la falla estructural, pero ya no hablaríamos de tres años, sino de cuatro o cinco. En las condiciones sociales (pueblos que tienen sed) y políticas (furia por el sufrimiento e incomodidad), la planificación de la intervención integral para solucionar todos los problemas del sistema hidráulico Turimiquire se complica notoriamente, pero si no se hacen las cosas como debe ser, todo puede resultar peor.
Miguel Méndez Rodulfo

