Juan Guerrero: La zona gris - LaPatilla.com

Juan Guerrero: La zona gris

 

 En varios de mis escritos he comparado al social-comunismo con el gris opaco. Esto porque desde la primera vez que conocí la Yugoslavia de Tito, en Belgrado, la impresión que tuve de esa ciudad y su sistema, fue la imagen de un gris opaco por todas partes. Tanto, que se me aparecía hasta en el semblante de los rostros famélicos, inexpresivos y endurecidos de las personas. 





Hoy, después de 27 años de vivir en este infernal sistema social-comunista del siglo XXI venezolano, y de poco más de 45 años de aquella experiencia en Belgrado, la zona gris la entiendo mejor. Porque no es solo ese color pegado a las esquinas de los espacios donde miraba en aquella ciudad europea, lo que tengo en la memoria. Es la zona gris con los procesos que se viven en la cotidianidad, en los sobornos, en las trampas que continuamente se arman para mantener cautivos, controlados, amedrentados, amenazados y en silencio a los ciudadanos. La zona gris son los interminables laberintos del sistema judicial donde las leyes, normas y ordenanzas se modifican por intereses particulares y de grupos de poder, y terminan en manos de ejecutores que dictaminan y sentencian bajo el soborno, la coacción y la arbitrariedad, donde el riesgo de ser corrompido por la justicia socialista es la transacción establecida por la autoridad de turno.

El “laberinto kafkiano” de la justicia en todo sistema social-comunista está soportado por grupos de bandas y megabandas del crimen organizado, infiltrados en todos los espacios del poder constituido. Todo el andamiaje institucional ha sido penetrado por el soborno y la corrupción. Consecuencia de ello es la evidencia de una nación que sucumbió y devino país en bancarrota, convertido hoy en mero territorio segmentado en regiones controladas por grupos armados que saquean sus riquezas.

La presencia en territorio venezolano de agentes norteamericanos de seguridad nacional, como el FBI, la CIA, entre otros, ha permitido un respiro a la sociedad políticamente organizada, para expresar sus reclamos más básicos: libertad para los presos políticos, civiles y militares, aumento de sueldos y salarios, mejoras de los servicios públicos, reunión de organizaciones partidistas. Esto no hubiera sido posible sin la participación del gobierno de los EEUU que tomó la decisión de “extraer” a uno de los cabecillas de estas megabandas, quien también participa en la administración de este fenómeno de Estado criminal que es el social-comunismo bolivariano del siglo XXI. 

Sanear un “ex país” convertido en territorio de nadie para eliminar la “zona gris” es un trabajo monumental y de largo aliento, porque la arbitrariedad, la mentira, la maldad y la obscenidad  han sido trazados como estrategia política para pervertir la sociedad lanzando a los ciudadanos a sobrevivir en la incertidumbre del día a día; es el triunfo de una milimétrica planificación que se aplicó en Venezuela con la ayuda de agentes de los servicios de espionaje del castrismo cubano y de organizaciones del terrorismo islámico iraní, como “el partido de Dios”, conocido como Hezbollah, en su base de la isla de Margarita. 

Reinstitucionalizar una república corrompida en sus estructuras más estratégicas, como el sistema judicial, legislativo y electoral, además de la institución militar, es una tarea titánica, apta solo para personas moralmente sanas, probados profesionalmente y técnicamente capacitados. Solo por colocar un ejemplo: el poder electoral venezolano. ¿Es posible realizar elecciones en el corto plazo, 3-6 meses, con una directiva moralmente cuestionada, una estructura de funcionamiento controlada desde Miraflores y Fuerte Tiuna, con una maquinaria y personal técnico sesgados y de nula credibilidad, y con una data donde hasta los “muertos y extranjeros” votan y los venezolanos en el exterior están imposibilitados de participar? 

Francamente, en estas condiciones y con la incertidumbre de no saber si se permite la participación de todo el liderazgo opositor, entre ellos la de mayor opción, María Corina Machado, así como la legalización de partidos judicializados, se correrían mayores riesgos y se seguiría cayendo en esas zonas grises de la que hablamos.

La opción más sensata, pragmática y calculada es la trazada por los EEUU., que a fin de cuentas es quien tiene “la sartén por el mango” y sigue ejecutando su tutelaje, en tres fases, y tiene, por el uso de las armas, la última palabra. El oficialismo social-comunista-bolivariano del siglo XXI y sus mega bandas radicales, las fuerzas opositoras agrupadas en la Plataforma Unitaria, y los llamados “alacranes”, tanto los conformados en la Asamblea Nacional como la banda de Guaidó y sus secuaces, podrán hacer ruido político y alarde de poderío de masas. Sin embargo, el territorio venezolano “está intervenido” por el Estado norteamericano con su poder militar aplastante y gobierna Venezuela, ¡hoy!, y posiblemente por un largo tiempo, desde su embajada en Caracas, la Casa Blanca y el Pentágono. Esa es, para el ciudadano venezolano, la única y verdadera garantía de sobrevivencia en estos momentos, en un ex país llamado Venezuela. 

 

(*)  [email protected]   X @camilodeasis   IG @camilodeasis1

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