
La lucha por la justicia en Venezuela ha sumado un nuevo capítulo de impunidad, pero también de firmeza ciudadana. Ligia Delfín, exdiputada de la Asamblea Nacional por el estado Bolívar y exiliada en México, ha alzado la voz tras la reciente decisión del Juzgado Tercero de Control, que calificó como “improcedente” la solicitud de amnistía para ella y otros cuatro dirigentes juveniles de Voluntad Popular.
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Esta negativa judicial no solo mantiene abierta una causa de 12 años, sino que evidencia las profundas grietas de una Ley de Amnistía que, según Delfín, corre el riesgo de ser parcial y excluyente.
El pasado 11 de marzo de 2026, el equipo legal de Delfín introdujo formalmente el recurso de amnistía. La respuesta fue una notificación de improcedencia emitida apenas cinco días después, el 16 de marzo. El fallo afecta también a Xabier García, Alexander Díaz, Manuel Rodríguez y Mariannys Mejías, quienes fueron detenidos en el contexto de las protestas de 2014 y que, a la fecha, permanecen bajo medidas cautelares sin que su caso llegue al sobreseimiento.
A los cinco se les imputan delitos de extrema gravedad: homicidio en grado de tentativa, asociación para delinquir y uso de artefactos explosivos. Estos cargos, en palabras de Delfín y su defensa, son físicamente imposibles de ejecutar y carecen de sustento probatorio, funcionando únicamente como herramientas de inhabilitación política y social.
Huella psicológica de la persecución
Más allá de los expedientes, Ligia Delfín relata una realidad humana marcada por el trauma. Su detención en 2014 fue el inicio de un calvario que no terminó con su liberación bajo medidas cautelares.
“El estar detenidos y no tener la certeza de si vas a salir en libertad, deja una huella psicológica inmensa, que genera un trauma que es muy difícil de superar. Salir con medidas cautelares te deja una huella perenne de que en cualquier momento puedes volver a ser víctima”, confiesa Delfín.
La exdiputada recordó el episodio de mayo de 2014, cuando agentes del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) intentaron secuestrarla, apenas dos meses después de haber salido de prisión. Ese evento la obligó a vivir tres meses en la clandestinidad y en aislamiento absoluto, enfrentando la dolorosa decisión de abandonar su país para resguardar su integridad.

Hacia una amnistía total
A través de sus declaraciones más recientes, Delfín ha analizado críticamente el proceso de transición actual. Advierte que la Ley de Amnistía tiene hitos temporales que ignoran la sistematicidad de los abusos cometidos durante más de dos décadas.
Para Delfín, la reconciliación real no puede construirse sobre el olvido de la «persecución laboral» ni de la criminalización de ciudadanos comunes detenidos por enviar un mensaje de WhatsApp o publicar un tuit.
«No es solamente liberar a los presos políticos. Los crímenes de lesa humanidad se cometieron de aquel lado también y no podemos olvidar lo que hemos vivido», enfatizó. «La libertad tiene que ser plena. No podemos conformarnos con lo que nos quieran dar, ni con una pizca de libertad».
Pese a su formación periodística, su militancia en el extranjero y su experiencia en gestión pública en México, Ligia Delfín ha sido tajante: no regresará para competir por el poder. Su visión es la de una técnica que desea aportar desde la base de la sociedad.
«No tengo intenciones de regresar para ocupar un cargo de elección popular. Me veo como una ‘albañil’ más en la reconstrucción del país, aportando desde la humildad, mis conocimientos técnicos y ciudadanos», asegura.
Próximos pasos
Ante el portazo de la justicia nacional, el camino ahora conduce a instancias internacionales.
El equipo legal de los cinco dirigentes ya prepara una apelación y ha anunciado que demandarán al Estado venezolano ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Para Ligia Delfín, esta lucha no es solo por su libertad plena, sino por un modelo de justicia que no deje a ningún venezolano fuera de la transición. Mientras tanto, desde México, continúa participando en su emprendimiento familiar, manteniendo intacto el anhelo de ver a Venezuela florecer sin las cadenas del resentimiento o la impunidad.

