
Incongruencia
Desde que llegaron al poder el odio fue su liturgia. Insultaron especialmente a EE.UU. con la furia de quien necesita un enemigo para existir, escupieron “imperio” como si fuera una blasfemia y levantaron trincheras de retórica mientras robaban “socialistamente” al país. Hoy la máscara se cae, los mismos que maldecían, ahora negocian, suplican, se humillan. Tras la captura de Maduro y el reacomodo en el poder de los hijos del secuestrador (Delcy y Jorge), los chavistas se convirtieron en los peores cachorros del imperio que jamás se hayan conocido.
No sólo eso, le han regalado petróleo a sus “archienemigos gringos” (ahora amos) con un grado de humillación inimaginable. El rugido antiimperialista se volvió susurro servil, genuflexión.
La incongruencia es la tumba de su discurso.
Incoherencia
El chavismo fue farsa, fraude, mentira permanente. El catecismo socialista de Chávez fue una emboscada para instalar su apoteósica corrupción. Maldijeron el mercado y el neoliberalismo hasta que ambas prácticas se los devoraron. Con la prisión de Maduro, los herederos de su ruina abren las puertas al capital, negocian con organismos internacionales y regresan, arrodillados, al altar que antes insultaron: el Fondo Monetario Internacional. El chavismo se ahoga y muere mientras vomita sobre sí mismo su propia mierda. Penosa muerte
Lo que llamaban neoliberalismo ahora es su tabla de salvación; lo que denunciaban como “opresión” hoy es su esperanza; lo que sacramentalmente difamaron, en la actualidad les pega sus nalgadas.
La incoherencia es la manifestación vergonzosa de su cinismo.
Traición
No solo traicionaron a un país, se traicionaron y traicionan a sí mismos. El chavismo, que se proclamaba “revolución”, terminó convertido en en simulacro, en corrupción clandestina contra su falsificado “ideal”. Se robaron lo que expropiaron, dolarizaron un “bolívar fuerte” que se convirtió en hazmerreir mundial, regalaron Guyana por un efímero control regional, no hubo nada que no traicionaran y arruinaran, nada. El discurso marxista de Chávez derivó en apertura económica, neoliberalismo salvaje y sumisión al imperio.
La traición no es ideológica, es moral. Se vendieron, se alquilaron, se diluyeron, se prostituyeron, se arrodillaron, se entregaron, y con ellos a nuestro país. Imperdonable, merecen pena capital.
La traición es el acto final de otra histórica farsa socialista.
Ignominia
Ignominia: del latín ignominia, pérdida del nombre, del honor, de la dignidad. Así el chavismo, el peor crimen contra el pueblo de Venezuela jamás cometido, perdió su nombre, su honor, su dignidad, lo perdió todo. Invadidos y derrotados en minutos por sus archienemigos norteamericanos, hoy se arrastran ante ellos y les besan los sabañones. No sólo son una vergüenza, son la caída irreversible en el desprecio. Chávez, Maduro y toda esa manada de corruptos y delincuentes quedaron como consigna vacía, como caricatura de circo.
Su ignominia se expresa en obediencia y docilidad ante EE.UU: acuerdos energéticos con empresas estadounidenses, concesiones apresuradas, entrega de nuestra riqueza en condiciones degradantes.
La ignominia es la historia escrita con manos sangrientas.
Postdata del absurdo
El chavismo no fue sólo un fraude histórico, fue una anomalía, una tara, una peste: un absurdo. Como diría Emil Cioran, hay sistemas que nacen podridos y otros que se pudren en el poder; el chavismo hizo ambas cosas: nació podrido y en el poder lo pudrió todo.
No hay en nuestra historia reciente una vergüenza más grotesca y corrosiva.
El chavismo no cayó, se pudrió, son el asco.

