
La politóloga y comunicadora venezolana Ana Milagros Parra se ha convertido en una de las voces emergentes más influyentes dentro del ecosistema digital venezolano. Con un estilo fresco, directo y alejado del lenguaje tradicional de la política, ha logrado conectar con una audiencia joven que históricamente ha estado desconectada del debate público.
Por lapatilla.com
En esta entrevista, Parra abordó temas clave sobre la crisis venezolana, la transición política, el rol de la diáspora y los desafíos de la democratización de la información.
Originaria de Maracaibo, Ana Milagros reivindica con orgullo su identidad regional, señalando que el arraigo maracucho forma parte de una construcción cultural profundamente arraigada desde la infancia. Sin embargo, su historia personal está marcada por el desplazamiento forzado. Salió de Venezuela en noviembre de 2024 tras la represión postelectoral, en una decisión que define como una elección entre el silencio bajo amenaza o la posibilidad de seguir trabajando desde el exterior.
Su primera parada fue Bogotá, pero incluso allí la persecución la alcanzó. Ana denunció un episodio de represión transnacional en el que dos de sus amigos activistas fueron víctimas de un atentado armado. Ante la falta de respuesta del Estado colombiano, decidió emigrar nuevamente, esta vez hacia Buenos Aires, donde reside actualmente. Esta experiencia, evidencia el nivel de vulnerabilidad que enfrentan los activistas venezolanos incluso fuera de su país.
Uno de los aspectos más destacados de su trabajo es su capacidad para “democratizar la información”. Parra insiste en que la política no debe ser un espacio exclusivo de expertos o académicos. A través de formatos innovadores —como videos donde se maquilla mientras explica temas políticos— ha logrado acercar estos contenidos a públicos que tradicionalmente no participan en el debate político.
“Si no entiendes, no participas”, afirma. Para ella, el problema no es la falta de interés de los jóvenes, sino la forma en que se comunica la política. En su visión, existe una desconexión entre el lenguaje tradicional y las nuevas audiencias, lo que limita la participación ciudadana.
Sobre la situación actual de Venezuela, Ana Milagros es cautelosa. Define el momento como una transición, pero advierte que no está claro hacia dónde se dirige el país. “Sí estamos en transición, pero no sabemos hacia dónde”, señala, enfatizando que la incertidumbre es una característica central del proceso.
En este contexto, critica la tendencia a depender exclusivamente de actores internacionales para lograr un cambio político. Si bien reconoce el rol de Estados Unidos, advierte que ningún país actuará en función de los intereses venezolanos, sino de los propios. “Es peligroso dejar toda la responsabilidad de la transición democrática a un país que va a seguir sus propios intereses”.
Para Parra, el elemento clave sigue siendo la sociedad civil. Considera que sin presión interna no es posible consolidar una transición real. “Sin sociedad civil no hay transición a la democracia”, sostiene, subrayando que el riesgo de un reacomodo autoritario sigue presente si la ciudadanía no se mantiene activa.
Otro punto crítico es la narrativa de “victoria prematura”. Ana advierte que, aunque ha habido ciertas aperturas, Venezuela sigue lejos de ser una democracia. “No puedes aplaudir algo que están siendo obligados a hacer, y que además ni siquiera es completo”, explica, refiriéndose a medidas parciales del régimen.
En cuanto a las elecciones, considera que son una posibilidad real, pero insiste en que deben ser exigidas activamente. No se aventura a predecir escenarios, argumentando que la política venezolana es demasiado volátil. Sin embargo, sí tiene claro lo que desearía ver: el desmantelamiento inmediato del aparato represivo, la liberación de presos políticos y la eliminación de leyes de censura.
Sobre el liderazgo opositor, Ana Milagros reconoce el papel de María Corina Machado, destacando su capacidad de mantener altos niveles de aprobación durante un periodo prolongado. Aunque admite tener críticas, afirma confiar en que sus decisiones están orientadas al bienestar del país. Al mismo tiempo, insiste en la importancia de mantener el espíritu crítico hacia todos los actores políticos.
En relación con los medios de comunicación, subraya su rol como contrapeso del poder, especialmente en contextos autoritarios donde las instituciones democráticas han sido debilitadas.
Los medios en Venezuela han tenido que asumir funciones que tradicionalmente corresponden a los partidos políticos.
Finalmente, aborda el papel de la diáspora venezolana, a la que considera fundamental. Con más de ocho millones de venezolanos fuera del país, Ana cree que existe una responsabilidad de amplificar lo que ocurre dentro de Venezuela. Sin embargo, también reconoce que no todos están obligados a involucrarse, ya que el desgaste emocional es significativo.
Para ella, el reto es mantener la conexión con la realidad interna del país y evitar desconectarse con el paso del tiempo. “Me da miedo convertirme en esa persona que habla de Venezuela sin escuchar a los venezolanos adentro”.
En medio de la incertidumbre, Ana Milagros Parra representa una nueva generación de comunicadores que buscan redefinir la forma en que se entiende y se discute la política en Venezuela. Su mensaje es claro: la transición no está garantizada, pero la participación ciudadana sigue siendo el factor determinante.
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