Juego de suma cero: 1.382 MW, el peso de PDVSA sobre tus enchufes, por @morandavid - LaPatilla.com

Juego de suma cero: 1.382 MW, el peso de PDVSA sobre tus enchufes, por @morandavid

Nota Metodológica: Transparencia ante la opacidad

Este análisis se fundamenta en una reconstrucción técnica ante la ausencia de estadísticas oficiales por parte de PDVSA y Corpoelec. Los resultados presentados no son especulativos; son el producto de un modelado basado en variables proxies y parámetros de intensidad energética internacional (kWh/B) aplicados a los volúmenes de producción y refinación rastreados por agencias globales (OPEP/EIA).

Para determinar la operatividad real de las plantas, se han cruzado datos de fuentes secundarias, experticia del Ing. Nelson Hernández con los balances parciales del Boletín de Corpoelec. Aunque el Estado mantenga la reserva de sus cifras, la consistencia de los modelos utilizados ofrece resultados suficientemente indicativos de la realidad: la industria petrolera ha perdido su autonomía y hoy sobrevive a costa de la energía que le falta al ciudadano.

Introducción





En el debate energético venezolano, solemos tratar la crisis eléctrica y la crisis petrolera como dos pacientes en habitaciones separadas. Pero la realidad es que comparten el mismo sistema circulatorio.

Tras analizar la data operativa de mayo 2026, he llegado a una conclusión alarmante: la industria petrolera no es solo una víctima del colapso eléctrico; hoy es su principal competidor.

La herencia de 2011

Para entender dónde estamos, hay que mirar atrás. Originalmente, el sector petrolero fue diseñado para ser eléctricamente autónomo. Plantas como Genevapca en Falcón o Punta Gorda en Zulia no se construyeron para iluminar ciudades, sino para blindar la producción de crudo y la refinación.

Sin embargo, a partir del año 2011, la gestión de estos activos estratégicos fue transferida a Corpoelec. Lo que parecía una unificación administrativa terminó siendo el inicio de un juego de suma cero. Al centralizar el mando y conectar estas plantas a una red nacional ya deficitaria, se eliminó la “muralla” que protegía el consumo ciudadano de la demanda industrial. Hoy, cada megavatio es una disputa.

¿Cuánta electricidad demanda la IPN para sus operaciones?

¿Qué tan grande es la mordida que la industria le da al Sistema Eléctrico Nacional (SEN)? Los números de marzo de 2026 nos dan la respuesta:

Para sostener una producción de 988 kBD y procesar 240 kBD en nuestras refinerías, la industria requiere una carga base constante de 1.382,87 MW.

En la siguiente tabla ven los detalles

 

Para determinar el consumo eléctrico de la Industria Petrolera Nacional (IPN) en marzo de 2026, el cálculo se fundamenta en la aplicación de coeficientes de intensidad energética específicos sobre los volúmenes de producción y refinación reportados. Con una producción de 988 kBD (dividida entre crudo convencional y no convencional de la Faja) y un volumen de refinación de 240 kBD, se aplican factores que oscilan entre 12,82kWh y 25,64 kWh/B para extracción, y 24,22 kWh/B} para procesamiento. A este subtotal se le suma un 30% adicional correspondiente a “Otros Usos” (servicios auxiliares y estructura administrativa), lo que arroja una demanda de energía diaria de 33,19 GWh.

Al convertir este consumo en una carga constante, obtenemos que la industria requiere una potencia base de 1.382,87 MW. Este valor es el que define la magnitud del “canibalismo eléctrico”, ya que, ante la inactividad de las plantas propias, esta carga debe ser extraída casi en su totalidad del Sistema Eléctrico Nacional.

El Umbral de la Oscuridad: 21 de Marzo

Desde el pasado 21 de marzo, Venezuela ha entrado en un ciclo de racionamiento eléctrico crítico que hoy alcanza una magnitud de 1.586 MW. Esta cifra no es solo un indicador de falla en el suministro; es el volumen de energía que el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) se ve obligado a “administrar” —es decir, retirar de los circuitos residenciales y comerciales— para evitar un colapso total.

 

En cifras tenemos que la demanda total de la IPN representa el 10,6% de la oferta nacional. Al contrastar el déficit de 1.586 MW con los 1.382,87 MW que la industria petrolera demanda para sus procesos de extracción y refinación, la conclusión es técnica y socialmente devastadora: el racionamiento que vive el país equivale, casi en su totalidad, al consumo de una industria que hoy es incapaz de generar su propia energía.

El hallazgo es contundente: La demanda de la industria petrolera equivale al 87,2% del racionamiento nacional.

En términos claros: Si PDVSA contara con la autogeneración funcional que alguna vez tuvo, el racionamiento eléctrico en Venezuela prácticamente desaparecería. El “apagón” en tu hogar es, en gran medida, la energía que se está desviando para mantener la mínima presión en los yacimientos y los motores de las refinerías.

El Colapso de la Infraestructura Térmica de Pdvsa

Este canibalismo es obligatorio porque la industria petrolera ha perdido sus “músculos” propios. De una capacidad instalada térmica de 1.212 MW, apenas el 17,1% está operativo.

 

Sin estas plantas, la industria se ve obligada a “succionar” gran parte de su energía directamente del Guri. Estamos quemando el potencial hidroeléctrico del país para compensar la desidia en el mantenimiento térmico industrial.

El Juego de Suma Cero

Un cambio estructural define la crisis actual: las plantas termoeléctricas que originalmente fueron diseñadas, construidas y operadas por la industria petrolera para garantizar su propia autonomía, fueron transferidas a la gestión de Corpoelec a partir del año 2011, integrándose totalmente al Sistema Eléctrico Nacional (SEN).

Lo que antes era un ecosistema de autogeneración industrial es hoy un juego de suma cero.

Al estar bajo una administración monopólica y centralizada y conectadas a una red nacional deficitaria, cada megavatio que la industria requiere para levantar un taladro en Occidente o procesar crudo en la Faja es, literalmente, un megavatio que se le resta al sistema interconectado que alimenta a los hogares venezolanos.

Un pensamiento final: La lección de la autonomía

Mientras en Venezuela la industria petrolera “canibaliza” la red eléctrica pública, en otras latitudes la visión es diametralmente opuesta. El propio Donald Trump, refiriéndose a la voraz demanda eléctrica de los centros de datos y la IA, fue enfático en el Economic Club of New York en septiembre 2024:

“Para que Estados Unidos lidere… necesitamos una cantidad masiva de electricidad. Vamos a agilizar cada permiso para que estas empresas puedan construir sus propias fuentes de energía, sus propios suministros eléctricos, y no tengan que depender de una red saturada.”

Es una ironía profunda que esta lógica de autonomía sea el pilar del discurso energético en EE. UU., pero se ignore convenientemente cuando se habla de Venezuela.

Un mensaje para el presidente Trump, y a sus secretarios Chris Wright y  Doug Burgum:

Ustedes insisten en que la llegada de las petroleras occidentales incrementará la producción en Venezuela a corto plazo. Sin embargo, deben entender que, bajo el modelo actual, cada barril adicional que se anuncie es un “golpe al hígado” al enchufe del ciudadano venezolano.

No se puede reconstruir una potencia energética sobre un sistema eléctrico que ya no tiene margen de maniobra, que no tiene colchón. Una infraestructura que a todo lo largo, generación, transmisión y distribución, en su mayoría supera los 35 años de antigüedad. Ese Capex del pasado ya no da más en el presente.

Si las petroleras occidentales vienen a Venezuela a “succionar” energía del Guri en lugar de rehabilitar la autogeneración térmica que se perdió tras 2011, solo estarán profundizando el racionamiento y la precariedad social.

La soberanía no reside en centralizar el control, sino en permitir que los motores del país generen su propia fuerza. Sin autonomía eléctrica industrial, el petróleo venezolano no será el motor de la recuperación, sino el verdugo de la calidad de vida de su propia gente.

Si lo entendieron para allá, piensen, porque se aplica lo mismo para acá.

David Morán Bohórquez es ingeniero industrial. Miembro de la Comisión de Energía de la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat de Venezuela y del Consejo Directivo de Cedice Libertad