McLean, Virginia
Mayo 14, 2026
Sr.
Marco Rubio
Secretario de Estado
Estados Unidos de Norteamérica
Respetable Sr. Rubio:
Le dirijo esta carta por considerar que usted es el miembro del equipo de la presidencia actual que mejor sabrá valorar la cuestión que vengo a plantear, tanto por la razonable conducta que ha tenido en su delicada posición actual, como por su ancestro cultural, afín al de los habitantes de los países latinoamericanos. Como el funcionario encargado de las relaciones de los Estados Unidos con los países del mundo, usted es también el más indicado para recibir esta misiva.
Hablo de la relación actual de los Estados Unidos con Venezuela y lo hago desde mi condición de ciudadano de ambos países, venezolano por nacimiento (1933) y estadounidense por naturalización (2011). Considero un doble deber ciudadano expresarle mi opinión sobre la manera como tal situación se desarrolla.
Sr. Rubio: la actitud del presidente Donald Trump en relación con Venezuela representa un grave insulto para los venezolanos y una fuente de desprestigio para los Estados Unidos, país que, en buena parte, ha basado su liderazgo mundial en la adhesión a principios y valores que promueven y defienden la democracia, la libertad y la dignidad de los pueblos. Al expresar públicamente su intención de apropiarse de Venezuela para convertirla en un estado de la unión estadounidense, el presidente Trump viola los principios más elementales de respeto que un jefe de estado debe tener por la independencia de otro estado y, al mismo tiempo, ofende a su propio país, al violar abiertamente los principios de filosofía política y de ética ciudadana en los cuales los Estados Unidos ha basado su excepcionalidad.
No solo ofende el presidente Trump a Venezuela y a su propio país, sino que está equivocado desde el punto de vista de la llamada realpolitik. A diferencia abismal de lo que el declara, el pueblo venezolano no aprueba la manera inmoral en la cual su gobierno ha decidido adoptar a una pandilla criminal como “aliada estratégica”. A diferencia de lo que dice, el pueblo venezolano no está bailando alegre en las calles, con los bolsillos llenos de dinero petrolero suministrado por la acción benefactora estadounidense. El 89.7% de los consultados en reciente y confiable encuesta (MEGANALISIS) rechazan esta alianza contra natura entre una sangrienta dictadura y la nación que dice ser la líder mundial de la democracia. Los métodos represivos, el miedo, la miseria, la muerte y el encarcelamiento de opositores siguen su curso y, cada día que pasa, ello es aceptado y hasta elogiado por los representantes del gobierno de los Estados Unidos.
Lo particularmente trágico de esta situación es que la estrategia que sigue el gobierno estadounidense, justificada en nombre de sus mejores intereses aunque ello vaya a generar más sufrimiento al pueblo venezolano, ni siquiera encaja en la realidad. Esta estrategia de tutelaje, llevado a cabo a semejanza de lo que un adulto ejerce sobre un hijo menor e incapaz, no dará los frutos que el gobierno estadounidense desea, frutos que hubieran podido obtenerse de manera genuina mediante la instalación pronta en Venezuela de un gobierno limpio, democrático y legitimo. Porque la Venezuela que se veía venir era claramente pro estadounidense, sin necesidad de coerción, de adopciones forzadas o de alianzas macabras con ladrones y asesinos.
Sr. Rubio: su gobierno tiene cerrada esa vía, al negar a los genuinos representantes de la voluntad popular venezolana su lugar debido en el proceso de recuperación del país. Hoy el gobierno de los Estados Unidos se encuentra cuestionado por la mayoría de los venezolanos y por una buena parte de su propio pueblo, debido a la manera arbitraria e insensible como ha manejado y continúa manejando cada día su relación con Venezuela. Se lo dice alguien quien ha vivido largos años en ambos países, quien ama ambos pueblos y no tiene ambiciones de ninguna especie, solamente animado del deseo de cumplir con un doble deber de ciudadano venezolano y estadounidense.
No le envidio su posición, Sr. Rubio, por estar sujeta a tensiones entre las exigencias de su carrera política y la fuerte voz interior de su conciencia ciudadana. Sin embargo, es usted quien está en posición ideal para hablar, aun a riesgo personal, en nombre de nuestros pueblos
Sinceramente,
Gustavo R. Coronel
