"Es un infierno": las mujeres migrantes sufren abusos constantes en los centros del ICE

"Es un infierno": las mujeres migrantes sufren abusos constantes en los centros del ICE

Klaus Galiano

 

Diana Mogollón había llegado a ese sitio del que conocía casi nada un día del mes de abril. Venía frustrada, con pena, sin ganas de que nadie se acercara a hablarle. Era para entonces la nueva entre todas las mujeres, las migrantes, las detenidas, hasta que en la noche vio entrar a una chica, demasiado joven y callada, con una panza que la ropa no podía esconder. “Llegó, se hizo a un ladito, estaba muy llena la habitación”. Había unas 70 allí dentro, durmiendo en colchonetas, sin apenas espacio, bajo unas luces inquietantes encendidas las 24 horas del día. Mogollón sintió lástima de la joven. “Le dije: niña, si quieres hazte de este lado que ahí no te van a pisotear”. Comenzaron a conocerse, a contarse la vida.

Por El País





María José Carpio, de 20 años, estaba embarazada de siete meses y tenía náuseas, dolores de cabeza, mareos, y un hambre que la comida del centro, o sea, el sándwich de huevo en las mañanas, o los burritos fríos y las manzanas para el almuerzo, no lograban saciar. Tampoco les permitían recibir dinero de la familia para complementar la dieta. “Nos daba pena verla quedar con hambre”, dice Mogollón, de 36 años.

Carpio había llegado a Estados Unidos con un visado hace seis años junto a sus padres y sus dos hermanas desde Cuenca, en Ecuador. Se quedaron y se asentaron en Queen. Carpio asistió a la escuela y trabajó en una tienda de regalos. “Tenía mi dinerito, mis cosas”, cuenta. Pero entrado 2025, los indocumentados de Nueva York comenzaron a vivir bajo una estela de miedo, al igual que millones en el resto del país: el aparato migratorio del presidente Donald Trump tenía la orden de llevar a cabo la mayor campaña de deportaciones de todos los tiempos.

“Me asusté bastante”, confiesa la joven. No lo aguantó. Hizo el viaje de regreso al lugar donde había nacido. En abril de 2026, Carpio quiso volver a Nueva York. Hizo una travesía que la llevó hasta México y el día 11 de ese mes se dispuso a cruzar la frontera desde Juárez. Cuando ya estaba del otro lado, unos guardias se aparecieron tras su espalda. La detuvieron, se percataron de que estaba embarazada, la llevaron a un hospital a chequear su salud y más tarde llegó a aquel sitio donde también arribaban otras mujeres, algunas que habían intentado entrar a territorio estadounidense recientemente, o que habían permanecido en centros del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y que ya estaban a punto de ser deportadas.

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