"Sí, pero cómo agota…", por Rafael García Marvez - LaPatilla.com

“Sí, pero cómo agota…”, por Rafael García Marvez

De la misma manera que cualquier objeto que tenga masa siempre estará sujeto a la atracción gravitatoria de la tierra, mirándole con los lentes de la analogía, los partidos políticos de estos nuevos tiempos específicamente me refiero a Venezuela que es la que nos ocupa y preocupa, pues penden en buena medida de la sociedad civil que ha venido empoderándose de la fuerza y confianza hasta ocupar un lugar trascendente en las decisiones que se tomen desde Miraflores y, al mismo tiempo, de la conducta que asuma la dirigencia política. Ahora sería un acto demencial, descocado, pretender que a los partidos políticos hay que hacerlos a un lado.

Debemos tener perfectamente definido el rol de los ciudadanos en los procesos de transición y en los escenarios electorales; sobre todo cuando la sociedad busca vías de expresión que superen la polarización tradicional y exijan el respeto a sus derechos civiles. Pero la sociedad civil debe, asimismo, reconocer que el trabajo llevado a cabo por los partidos políticos es arduo, riesgoso, hasta al extremo que muchos hemos ido a parar a la cárcel, otros abandonado el país y a sus familiares en muchos casos.





Nunca olvidaré, que a una pregunta algo pesada de un periodista al doctor Gonzalo Barrios (GB), donde aquél dejo entrever que los políticos llevaban una vida cómoda y eran pocos amigos al trabajo, como contrapartida y con la agudeza e ironía que GB manejaba con gran destreza, respondió: “Sí, pero cómo agota…”.

De todos modos, la participación de la sociedad civil no es solo un complemento de la democracia, sino su verdadero motor, es el alma y el arma más poderosa que disponemos para lograr el objetivo de llegar a Miraflores a través del voto, la manera democrática como se expresa la voluntad popular.

Por lo tanto, cuando los ciudadanos se organizan —ya sea a través de ONG, sindicatos, asociaciones vecinales o movimientos comunitarios— actúan como un puente crucial entre las personas y el Estado. Esta participación es fundamental por varias razones clave: control y transparencia. Funciona como un contrapeso necesario. Vigila las acciones de los gobernantes, denuncia la corrupción y exige que se rindan cuentas; en fin, debe convertirse en un organismo contralor de la gestión del gobierno nacional, gobernaciones y alcaldías… El ciudadano independiente en Venezuela no busca un nuevo mesías; busca un método. Su participación no es un cheque en blanco para la política tradicional, sino una exigencia de retorno a la normalidad institucional que sin la menor duda está escrito en ese compromiso con nuestros compatriotas expuestos en el plan de gobierno “Venezuela Tierra de Gracia” autoría de la líder indiscutible del país, María Corina Machado y un grupo de expertos coterráneos.

En resumen, englobando, el rol de los ciudadanos independientes en los procesos de transición y en los escenarios electorales en Venezuela es crucial, sobre todo cuando la sociedad busca vías de expresión que superen la polarización tradicional y exijan el respeto a los derechos civiles.

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