Venezuela: el reciclaje del poder no es cambio, por Abraham Sequeda - LaPatilla.com

Venezuela: el reciclaje del poder no es cambio, por Abraham Sequeda

¿Existe una voluntad real de cambio? Esta pregunta no admite consideraciones meramente estéticas o de fachada; es un desafío de naturaleza causal, progresiva y resolutiva. Para hacer un análisis duro, se debe entender que el problema no es el simple intercambio de nombres (reemplazar unos cuantos perversos por otros irrelevantes), sino la urgencia de amplificar una nueva resonancia en la sociedad: una que combata, desde el individuo, las mentiras sobre las que se erige el poder tiránico.

Reconociendo el peso de las armas físicas, el poder de las ideas sigue siendo una fuerza disruptiva e imparable. Es el recordatorio constante de que la verdadera autoridad reside en el ciudadano y su capacidad de elección, no en las cadenas del Estado. Frente a la pregunta eterna de si el mundo pertenece al justo o al fuerte, Venezuela nos obliga a una definición: no podemos hablar de una “sociedad de calidad” mientras permitamos que la mentira y la corrupción sigan siendo las normas del juego. Lo justo, ante la maldad, no es la convivencia, sino la ruptura.





Lo que en otros lugares podría leerse como un cuento de héroes y villanos, en Venezuela se ha convertido en una realidad asfixiante que parece no tener fin. Sobre todo, cuando el reciclaje de formas, nombres y procedimientos no es más que una táctica de procrastinación. Algunos insisten en creer que, pisando las mismas alfombras desgastadas y siguiendo las suelas de los mismos pedantes de siempre, se puede ingresar al hall de una “nueva Venezuela”.

Es tiempo de entender que no se entra a la libertad utilizando los mismos zapatos de la tiranía.

Ya es conocido que la escasez y la necesidad humana se cruzan a diario, es una agonía que padecen colegas, vecinos, familiares y ciudadanos en general. La libertad empieza por no ser cómplices de la mediocridad.

El Estado que se ha conocido en los últimos años quiere que el venezolano se encuentre solo y dependientes; la libertad reside en nuestra capacidad de resolver juntos sin pedir permiso. Esto además de la capacidad de las comunidades de protegerse y proteger a otros es el de tener y confiar en las instituciones, un solo ciudadano que se sienta vulnerado puede accionar y ser asistido.

Se agotó una dinámica de falsos mesías. Lo que esperan los ciudadanos es que se les devuelva la autonomía. Comprender que el cambio no es un evento fortuito, sino una consecuencia del rigor de nuestra integridad hoy y el efecto que transforma radicalmente el entorno de mañana. Solo cuando entendemos que no puede existir una sociedad nueva sin ciudadanos nuevos, es que transformamos la realidad cotidiana en el primer peldaño de nuestra propia libertad.

No esperemos a que el hall de la “nueva Venezuela” se abra solo; vamos a empezar a construirlo nosotros desde la oficina, el negocio o la cuadra. La verdadera esperanza está basada en la propia acción.

Esto se puede desmenuzar más, y lo haremos.

Por: ABRAHAM SEQUEDA @abrahamsequeda

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