¿Es posible morirse de pena? La ciencia confirma que el duelo intenso eleva el riesgo de muerte

¿Es posible morirse de pena? La ciencia confirma que el duelo intenso eleva el riesgo de muerte

Una mujer reflexiona sentada sobre una tumba en el cementerio de La Almudena de Madrid, en 2022.
Luis Sevillano

 

La muerte por “tristeza” de la historietista y cineasta Marjane Satrapi, autora de Persépolis, ha desempolvado una cuestión recurrente en el imaginario colectivo y ampliamente estudiada en el mundo científico: ¿Es posible morirse de pena? Independientemente de cómo hayan sido las circunstancias personales de Satrapi —que por el momento se desconocen—, la ciencia apunta al sí, aunque reencauzando la idea romántica hacia una explicación biológica detrás de la expresión. Por ejemplo, que el duelo intenso, esa tristeza prolongada asociada a la pérdida de un ser querido, puede empeorar la salud mental, espolear problemas cardiovasculares y, en última instancia, elevar el riesgo de muerte. La familia de Satrapi ha comunicado este martes que la autora ha fallecido “de tristeza poco más de un año después del fallecimiento de Mattias Ripa, su esposo y el amor de su vida”. No ha dado más detalles.

Por El País 





Juan Carlos Pascual Mateo, psiquiatra y miembro del comité ejecutivo de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental, desdeña la épica que acompaña a eso de morir de pena o de amor, y señala una interpretación biológica del fenómeno: “Los estados emocionales repercuten a nivel físico. Hay una afectación a nivel del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal [un sistema neuroendocrino que regula la respuesta del cuerpo al estrés], aumenta el cortisol y puede tener repercusión en el sistema inmune, que esté más deprimido y vulnerable. Todo eso te predispone más a fallecer por alguna enfermedad. No te mueres de tristeza, sino de otra causa médica”.

Un anciano visita el cementerio de Boisaca, en Santiago de Compostela en 2023.
ÓSCAR CORRAL

 

Pasa, por ejemplo, con acontecimientos que favorecen una clínica depresiva, como es el duelo. Ese cuadro, a la vez, puede provocar otras enfermedades —la depresión se asocia con peor salud cardiovascular y metabólica, obesidad, alteraciones del sistema inmune— y también eleva el riesgo de suicidio, ejemplifica Pascual Mateo.

El duelo tras la muerte de una persona cercana es natural, forma parte de un proceso adaptativo. Es normal sentir tristeza y abatimiento. El problema es cuando esas emociones se enquistan hasta convertirse en invalidantes. Un estudio danés con más de 1.700 personas que habían perdido a seres queridos reveló que aquellas con síntomas de duelo más intensos y prolongados en el tiempo visitaban más al médico, consumían más psicofármacos (ansiolíticos y antidepresivos) y tenían hasta un 88% más de riesgo de muerte en el plazo de 10 años.

Esas penas enquistadas tienen un nombre en el argot médico. Guillermo Lahera, catedrático de Psiquiatría en la Universidad de Alcalá, cuenta en un artículo en EL PAÍS que “cuando el proceso de duelo deja de ser adaptativo, es persistente y evita que el sujeto recupere su funcionalidad”, se llama trastorno por duelo prolongado. ”Su clínica se parece mucho a la depresión mayor y, a veces, al estrés postraumático; se asocia, como estas, a mayor mortalidad por causa física. La clave no está en la intensidad o duración del dolor, está en su rigidez. Al no haberse producido la transformación que implica el duelo adaptativo, el mundo interno queda ‘fijado’ a la presencia del ausente y sanar supone ya ‘traicionar’ al fallecido”, cuenta.

Para conocer más detalles ingrese AQUÍ

La noticia no descansa y nosotros tampoco
Únete a nuestra
Comunidad de WhatsApp