
De mis clases de Derecho Romano con el insigne jurisconsulto Ángel Cristóbal Montes recuerdo este aforismo jurídico: “Dura lex, sed lex” (dura es la ley, pero es la ley). Hoy lo parafraseamos así: “dura es la realidad, pero sigue siendo la realidad”.
Lo que vemos hoy en Venezuela, coincidiendo con el reputado politólogo Óscar Vallés, no es un protectorado como Puerto Rico, lo cual implicaría un acuerdo formal. En Venezuela lo que existe a partir del 3 de enero es un tutelaje de facto, no de jure. Se pierde absolutamente la soberanía en las decisiones y en los territorios. Las decisiones que se toman hoy requieren el visto bueno de Estados Unidos; la señora Delcy es, propiamente, una amanuense.
A la tiranía hay que saber leerla. Cuando ellos hablan de una maratón de soberanía, la realidad es que ese aserto sólo reside en el papel.
Cuando, desde Chávez, se jactaban de aquello de “país potencia”, la realidad mostraba exactamente lo contrario. El régimen forajido está acostumbrado a presumir, cacarear y acentuar aquello de lo que carece, como hemos ejemplificado.
Estamos ante el eje de Washington, y esto sucede con el aplauso del mundo. Lo comprobamos con la producción petrolera y su distribución, que se decide en Estados Unidos. Asimismo, se decidió imponer orden en el desastre que prevalece en el Arco Minero. El interinato cede los espacios costosos.
Es muy malo que nos acostumbremos a no ser dueños de nuestra soberanía, a no elegir y a sentirnos complacidos con la dominación externa e interna..
Los venezolanos sabemos también que continúa la usurpación a cargo de la interina usurpadora, que se pasea por Europa y la India.
La Fuerza Armada es una corporación, una especie de gremio que se reparte el poder entre varios jefes. Se dice que lo ocurrido el 3 de enero se facilitó en los pasillos militares, no en los civiles. Es una fuerza armada beligerante.
A los efectos internos, los venezolanos seguimos bajo la dominación de la corporación criminal. Ellos no actúan contra la criminalidad, sino contra el pueblo. Lo observamos en las calles y en las plazas, en los cientos de alcabalas que siguen preservando el control social. Lo doméstico continúa en manos de la revolución. Los ciudadanos, en esta coyuntura, somos simples mirones de palo; no se nos consulta. La política es el arte u oficio de resolver o dirimir civilizadamente los conflictos, lo cual tenemos vedado los ciudadanos. Aquí la represión es la instancia que dirime las diferencias e impone un único punto de vista por medio de la fuerza.
La política quedó disuelta a partir del 4F, según el politólogo Óscar Vallés, quien señala como hito el cacerolazo que propuso Aristóbulo Istúriz desde la sede del Congreso de la República a favor de los golpistas felones contra la democracia, y que produjo un estruendo mayúsculo. En cambio, el valiente senador David Morales Bello sentenció la muerte política de los golpistas y fue criticado por ello. Un grupo lo apoyamos porque presentimos lo que se nos venía encima, y la historia lo ha refrendado.
La antipolítica es aquella que no dirime los conflictos de manera civilizada. Los poderes reales continúan en manos de la tiranía: la asamblea, la justicia y los medios de comunicación.
De Dinorah Figuera doy mi testimonio. Me la presentó, en una actividad religiosa realizada en el Seminario de El Hatillo, su compadre Fernando Albán, un hombre de Dios dedicado a trabajar política y socialmente por los humildes, y que fue vilmente asesinado por el régimen.
Es una médica nacida en Catia, con un alto sentido de labor social. Ha demostrado saber defenderse en la vida ante las adversidades. Estoy persuadido de que la mejor amiga del concejal Albán no nos defraudará y ejercerá, en cualquier ámbito de acción, su compromiso indeclinable con la democracia, la libertad y el derecho a la salud del noble y castigado pueblo venezolano.
Nos ha tocado hoy darnos un bañito de realidad, que es la mejor forma de disponerse a enfrentar los problemas reales.
¡Libertad plena para los presos políticos!

