
En los últimos meses, el Gobierno de Donald Trump ha estado divulgando ufano las estadísticas de detenciones de migrantes. En agosto se registraron casi 51.000 detenciones, alcanzando un nuevo récord que el mes de julio, con 50.208, sustentaba, según los datos del Departamento de Seguridad Nacional (DHS). Pero mientras la Administración celebra el aumento de las operaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), los empresarios lamentan los efectos en el mercado laboral. “Ya perdí a varios empleados. No hay gente para trabajar”, cuenta Carlos Raba, un chef de origen mexicano.
Por El País
Su restaurante Clavel, en Baltimore (Maryland) lleva 11 años funcionado con éxito gracias al trabajo de sus casi 50 empleados de diversas nacionalidades. Desde que Trump regresó a la Casa Blanca e inició su campaña contra la inmigración, sin embargo, ha tenido problemas para cubrir los puestos. Su sous chef, o segunda jefa de cocina, se autodeportó hace siete meses después de haber trabajado con él durante siete años. Era originaria de Honduras y tenía un permiso de trabajo que se quedó en papel mojado cuando el Gobierno canceló el programa de Estatus de Protección Temporal (TPS) de ese país, dejándola susceptible de acabar en uno de los centros de detención del ICE. Prefirió dejar atrás todo lo que había construido en esos años y regresar con sus dos hijos, nacidos en Estados Unidos, al país del que había huido. Poco después Raba se quedó sin otro de sus trabajadores, también hondureño, víctima del miedo que han diseminado los agentes migratorios.
“Están aquí legalmente, pidiendo asilo político, con un permiso de trabajo. Llevan años haciendo las cosas legalmente. Ahora van a corte y les retiran el permiso, les niegan el asilo y los ponen presos. ¿Qué clase de trato es ese para una persona que ha estado socialmente y económicamente ayudando al país?, pregunta.
“El Gobierno tiene que saber que la cocina y los restaurantes tienen skill positions”, dice intercambiando el español y el inglés, “como ser bartender, como nuestros cocineros, son trabajadores que necesitan tener experiencia”. Raba se crió en Culiacán (México) y llegó a Estados Unidos hace 26 años, cuando tenía 17. Explica que cada empleado suyo es una inversión, porque hay que enseñarles, entrenarles y crear una conexión con ellos, y eso requiere mucho tiempo.
Sin empleados en los restaurantes
En Texas, por ejemplo, el 36% de los restaurantes ha perdido empleados y el 26% ha experimentado una disminución en la afluencia de clientes debido a las actividades de control migratorio realizadas este año. Menos de la mitad de este tipo de negocios en Texas afirma contar con suficiente personal para operar con éxito, según un informe del segundo trimestre de 2026 de la Asociación de Restaurantes de Texas.
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