
El cáncer de mama no termina con el tratamiento. El temor a una recidiva está presente en muchas pacientes cada noche, en cada silencio; máxime en el caso de alguna como Ana Isabel Rodríguez Caballero, diagnosticada de cáncer de mama triple negativo en 2018, y a quien, tres años después, en el hospital en el que la trataban ya para únicamente revisiones, no detectaron que había recaído. Las pruebas no lo desvelaron.
Por larazon.es
«Me han robado esa tranquilidad que tenía los meses de espera entre revisiones; me decían que todo iba bien y no era cierto», denuncia a este suplemento.
Por suerte, Ana Isabel, de Valladolid, se hacía controles en dos hospitales y fue en un centro privado donde el médico que la trataba le dijo que tenía «sospechas de que me pasaba algo». Acto seguido se fue al hospital público para solicitar que le hicieran una biopsia «porque mi seguro no incluía esta prueba y no me lo podía permitir». «No me trataron muy bien. No tuvieron empatía. Pero al final al mes me hicieron la biopsia con los resultados de sospecha del otro hospital y salió la recidiva».
Ana Isabel incide en que le llegaron a decir «que si confiaba más en la privada que por qué no me iba a la privada», cuando no son pocos precisamente los médicos que trabajan tanto en la pública como en la privada… «Les dije que mi único objetivo era vivir y que no tenía dinero para hacerme estas pruebas». Y pese a que el resultado de las pruebas demostró que el cáncer había vuelto, «no reconocieron nada, ni una disculpa, cuando esto me ha podido salvar la vida».
Por esa recaída volvieron a operar a Ana Isabel, paciente de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), «pero esta vez le hicieron una mastectomía porque como en la primera ocasión me habían dado radioterapia (así como quimioterapia neoadyuvante antes de la cirugía) no me podían reconstruir la mama derecha».
Después, le operaron otra vez para ampliar márgenes. En total: «Cuatro operaciones en la misma zona y otros cuatro meses más de quimioterapia», explica Ana Isabel, que no puede evitar pensar qué habría pasado si cuando en 2018 pidió que le hicieran una mastectomía y le dijeron que no: «Quizá si me hubieran hecho una mastectomía como pedí entonces no hubiera recaído y habrían podido reconstruir la mama…». Pero lo del pecho es lo de menos. «Yo solo quería y quiero vivir para estar con mi hija», que en el momento del diagnóstico de 2018 tenía 13 años.
Y para evitar que esto mismo le pueda suceder a otras mujeres, Ana Isabel envió una carta al hospital pidiendo información sobre si se podían hacer otro tipo de pruebas para detectar las recaídas: «Me dijeron que el protocolo que estaban haciendo estaba bien y me cambiaron de oncóloga, con la que yo estaba muy contenta».
Tras ir cada tres meses a revisiones después de la recidiva y terminar con los tratamientos, Ana Isabel va ahora a revisión cada seis meses. «Terminé los tratamientos en 2022 porque el triple negativo no tiene pastilla hormonal. O funciona la quimio o la radioterapia o no hay otra cosa».
A cambio, «como no es hormonal se supone que han matado al bicho con los tratamientos recibidos. Tengo confianza en que es así, pero me da miedo por si vuelvo a tener una recidiva. Siempre piensas que el cáncer puede volver y más agresivo», reconoce.
«A veces por la noche pienso que voy a consulta y el médico me dice que el cáncer ha vuelto, que me deterioro tanto que no me reconocen… Eso no me lo quita nadie. Y otros días pienso que hay mujeres con cáncer de mama que llevan viviendo más de 30 años y que por qué no puedo ser yo».
Unos pensamientos que van y vienen y para los que en varias ocasiones ha necesitado ayuda psicológica. «Hay veces que te sientes bien y ves que puedes». Y no siempre es así. «Durante el tratamiento creí que no lo necesitaba, que todo iba bien, y es entonces cuando hay algún detalle o simplemente te preguntan en la sala de quimioterapia qué tal estás y te pones a llorar y ahí ves que no estás bien. He ido a la AECC y siempre he tenido todo el apoyo que he necesitado. Da igual el momento. De hecho, las recaídas anímicas siempre han sido cuando mejor estaba físicamente».
Ana Isabel recuerda un «episodio de amnesia transitoria que tuve tras terminar con las sesiones de radioterapia la primera vez. No conocía mi casa, no sabía si tenía que ir a trabajar ni si había dejado a mi hija en el colegio o si la había llevado alguien. Los neurólogos me dijeron que me podía haber pasado porque mi cabeza había hecho ‘clic’ por la angustia y el estrés vividos durante el tratamiento».
Ese día Ana Isabel bajó al centro de salud con una amiga y recuerdo que pensaba todo el rato: «Tengo metástasis en la cabeza, tengo metástasis en la cabeza».
Pese a todos estos temores, lo cierto es que hoy, Ana Isabel acude a revisión cada seis meses y en enero, cuando se cumplen cinco años del tratamiento de la recidiva lo hará cada año, así hasta los diez años. Y si bien por un lado siente alivio, por otro siente también temor: «Los valores de los marcadores tumorales que miran en las analíticas a mí no se me han movido ni estando sana ni mal, por lo que solo me saldría si tengo una metástasis de caballo. Pero me dicen que no me preocupe que ellos verían si los valores del hígado o de otro órgano salen mal».
María Navarro, psicóloga de la AECC, explica que ese miedo cuando terminas los tratamientos puede ser frecuente: «Cuando terminas los tratamientos muchas pacientes esperan que todo haya terminado cuando lo que ha acabado son las visitas frecuentes con los médicos que dan tranquilidad. Lo que ocurre entonces es que se sienten desorientadas y tienen miedo de que el cáncer vuelva a aparecer».
«Es muy frecuente que tengan miedo, lo tienen la mayoría de pacientes, y más cuando hay una recaída, ahí el miedo es mayor porque confirman que puede suceder», precisa.
«Pero tienen que entender -prosigue– que el miedo a que vuelva no significa que vaya a suceder». De hecho, «el miedo es una sensación natural tras el cáncer», añade Navarro, que explica que en la AECC tienen programas para supervivientes del cáncer de atención individual y grupas tanto para el corto superviviente (entre tres meses y un año de superar el cáncer) como al medio superviviente (entre uno y cinco años).
Efectos secundarios
En cuanto a efectos secundarios, Ana Isabel tiene «linfedema en el brazo y en la mano. Están inflamadas y eso me ha salido tras ocho años de quitarme los ganglios linfáticos. También tengo neuropatías en la pierna, que me dicen que es normal por el tratamiento de la quimioterapia». Se trata de un daño en los nervios periféricos que causa entumecimiento, hormigueo, dolor o debilidad muscular en dicha extremidad. A eso se le suma el dolor, «es normal, tanto corte que he tenido que tengo la piel pegada a las costillas y me duele un poco».
De eso no se queja, de lo que se queja, y con razón, es no poder ir al fisioterapeuta tanto como quisiera. «Debería ir dos o tres veces al mes al fisio, intento ir dos y si un mes voy bien económicamente voy tres. La Seguridad Social me dio 10 días de fisioterapia para el linfedema, pero al no desaparecer, tengo que ir por mi cuenta para mantenerlo y que no vaya a más».
«Me hubiera gustado que fuera todo de otra forma», pero por suerte, y gracias a su empeño, le detectaron a tiempo la recidiva. Para ella es importante contar esto por si otras mujeres están pasando por algo similar a ella, para que no pierdan la esperanza. «La AECC nos ayuda mucho, incluso los propios hospitales nos derivan a ellos para que nos apoyen con todos los servicios que tienen».

