Venezolana lleva medio siglo viviendo con un riñón trasplantado, pero enfrenta una dura realidad

Venezolana lleva medio siglo viviendo con un riñón trasplantado, pero enfrenta una dura realidad

Inés Mora y su hermana. Cortesía

 

La venezolana Inés Mora, oriunda de Ejido, estado Mérida, cumplió 50 años viviendo con un riñón donado por su hermana, una historia excepcional que la asociación civil Amigos Trasplantados de Venezuela destacó este sábado 31 de octubre, al tiempo que exigió a las autoridades garantizar el suministro de medicamentos indispensables para quienes han recibido un trasplante.

lapatilla.com





Hace cinco décadas, Inés se sometió a una intervención quirúrgica que le permitió continuar su vida gracias a la donación de un órgano de su propia hermana. Desde entonces, ha podido compartir años de experiencias junto a sus familiares, en un recorrido que la organización considera un testimonio del alcance de la medicina y la solidaridad.

«Alcanzar 50 años de vida con un trasplante constituye un hito histórico en Venezuela, un testimonio excepcional que merece ser celebrado y reconocido. Inés es la prueba de que un trasplante puede transformar una vida y brindar a una persona la posibilidad de compartir décadas de experiencias, afectos y sueños junto a sus seres queridos», expresó la asociación en un comunicado publicado en Instagram.

Pero detrás de esa celebración también existe una preocupación que acompaña a numerosos pacientes venezolanos. La organización advirtió que Mora ha enfrentado dificultades para conseguir los inmunosupresores que necesita, un tratamiento fundamental para preservar el funcionamiento del órgano recibido y evitar posibles episodios de rechazo.

«Sin embargo, esta celebración también nos enfrenta a una realidad dolorosa. Al igual que miles de personas trasplantadas en Venezuela, Inés ha vivido momentos de angustia e incertidumbre ante la falta de medicamentos inmunosupresores e insumos indispensables para preservar la función del órgano trasplantado», denunció ATV.

En su pronunciamiento, la asociación sostuvo que los problemas de abastecimiento se han prolongado durante más de ocho años, obligando a pacientes y familiares a enfrentar períodos de incertidumbre sobre la continuidad de sus tratamientos. La falta de acceso regular a estos medicamentos puede comprometer los resultados de intervenciones que, como la de Mora, requieren seguimiento médico permanente.

«Lamentablemente, muchas personas trasplantadas ya no están con nosotros para contar sus historias ni celebrar nuevos aniversarios de vida. Por eso, la historia de Inés no solo representa una razón para celebrar, sino también un recordatorio urgente de la responsabilidad que tienen las autoridades de garantizar el derecho a la salud y a la vida de todas las personas trasplantadas», manifestó la fundación.

La preocupación de la organización no es reciente. El pasado 28 de agosto, su director, Reymer Villamizar, denunció que la Farmacia de Alto Costo de Los Ruices, en Caracas, no disponía de medicamentos como micofenolato, tacrolimus, everolimus y ciclosporina. En aquella oportunidad, alertó que cerca de 1.000 pacientes trasplantados podrían enfrentar episodios de rechazo debido a la falta de tratamientos.

La situación también ha sido documentada por otras organizaciones dedicadas a la defensa de la salud. En agosto, la Organización Nacional de Trasplante de Venezuela advirtió sobre las dificultades para acceder a inmunosupresores y las posibles consecuencias de su interrupción, entre ellas complicaciones médicas, hospitalizaciones y, en determinados casos, la necesidad de regresar a tratamientos como la diálisis.

A estos problemas se suma la prolongada paralización del programa nacional de procura de órganos de donantes fallecidos, que continúa limitando las posibilidades de quienes esperan un trasplante. Aunque Venezuela cuenta con profesionales capacitados para realizar estos procedimientos, organizaciones especializadas han señalado que todavía no existen las condiciones necesarias para garantizar su reactivación sostenida.

La asociación insistió en que la supervivencia de Inés representa una oportunidad para reconocer la importancia de la donación, pero también para recordar que el éxito de un trasplante no termina en el quirófano. «Celebrar los 50 años de Inés Mora es celebrar el milagro de la donación, pero también exigir las condiciones necesarias para que ese milagro pueda mantenerse», concluyó.

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