Carla Blanco, la piloto venezolana que busca superar las secuelas del doble terremoto y abrir nuevas rutas para el turismo

Carla Blanco, la piloto venezolana que busca superar las secuelas del doble terremoto y abrir nuevas rutas para el turismo

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Carla Blanco estaba en Europa cuando dos terremotos sacudieron Venezuela el pasado 24 de junio, pero fue al regresar a La Guaira cuando comprendió la magnitud de lo ocurrido. Parte de su casa había quedado destruida y, con una hija que depende de ella, esta piloto venezolana de 36 años tuvo que enfrentarse a una realidad que la llevó a replantearse sus prioridades, cambiar sus hábitos y encontrar en la profesión que ejerce desde hace más de una década una oportunidad para recuperar su estabilidad.

Por: Luis Eduardo Martínez | lapatilla.com





Su historia comenzó mucho antes de aquella emergencia. Hace más de diez años obtuvo su licencia de piloto privado y comenzó a abrirse camino en el sector aeronáutico. Con el tiempo, incorporó a su experiencia la coordinación de vuelos chárter, la atención de pasajeros y actividades vinculadas con el turismo, una combinación de conocimientos que terminó despertando nuevas inquietudes profesionales.

«Me dedico a coordinar vuelos chárter, operaciones VIP y requerimientos de logística para turistas internacionales. También soy guía turística y tengo contacto con guías certificados en distintas regiones del país», explicó Blanco durante una entrevista a La Patilla en la que relató las distintas etapas de su trayectoria.

Su experiencia con viajeros le permitió advertir una dificultad que no siempre se tiene en cuenta al organizar unas vacaciones. Para quienes llevan años fuera de Venezuela, incluso desplazarse desde el aeropuerto hasta otra ciudad puede implicar preguntas sobre las condiciones de las carreteras, los servicios disponibles y las opciones de transporte.

«La idea nace cuando combino mi profesión en la aviación con una falta de logística que veo en Venezuela para atender al turista internacional y a los venezolanos que emigraron hace mucho tiempo. Llegan al país y no saben cómo está el tema de la seguridad ni cómo moverse. Tampoco saben con qué tranquilidad pueden venir por las condiciones políticas del país», comentó.

Esa inquietud fue adquiriendo importancia mientras Blanco intentaba dar mayor dirección a su trayectoria. Sin embargo, cuando todavía se encontraba fuera de Venezuela, una emergencia sísmica transformó la vida de miles de familias en el litoral central, incluida la suya.

La distancia no la libró del terremoto

El doble terremoto del 24 de junio dejó profundas heridas en Venezuela, especialmente en La Guaira, donde numerosas familias perdieron a sus seres queridos, sus viviendas y buena parte de lo que habían construido durante años. Comunidades como Los Corales, Caraballeda, Catia La Mar y Macuto sufrieron las consecuencias de una tragedia que transformó la vida de sus habitantes y dejó un largo camino de duelo y reconstrucción.

La magnitud del desastre quedó reflejada en las evaluaciones posteriores. Según un informe de la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat, 5.490 de las 17.264 edificaciones inspeccionadas en La Guaira fueron clasificadas con etiqueta roja, debido a daños que impedían su ocupación. Sin embargo, las cifras apenas permiten dimensionar una parte de lo ocurrido, porque detrás de cada vivienda afectada quedaron historias familiares, recuerdos y pérdidas que no pueden medirse únicamente por los daños materiales.

Carla Blanco fue una de las personas afectadas. Aunque se encontraba en Europa cuando ocurrieron los terremotos, la tragedia también alcanzó su hogar en Los Corales. A la angustia de conocer lo sucedido desde la distancia se sumó el impacto de regresar y encontrarse con una realidad completamente distinta a la que había dejado.

«Yo estaba en Europa, no viví el terremoto aquí. Pero cuando llegué, la mitad de la casa se había caído», recordó.

La recuperación de su vivienda implicaba asumir gastos imprevistos sin descuidar las obligaciones familiares. Como principal sostén económico de su hogar, necesitaba continuar trabajando mientras intentaba encontrar una solución a los daños que había sufrido su propiedad.

Durante su estancia europea, la piloto también había tenido la oportunidad de observar otros modelos de organización aeroportuaria y atención al viajero. Aquellos conocimientos, que inicialmente consideraba útiles para su desarrollo profesional, comenzaron a adquirir un significado distinto cuando tuvo que reorganizar su propia vida.

Noventa días para reorganizar su vida

Carla decidió imponerse un desafío de 90 días, concebido como un período de disciplina para atender su bienestar, estudiar y dedicar mayor tiempo a las actividades que consideraba importantes. La iniciativa no surgió exclusivamente como consecuencia del terremoto, sino también de su interés por organizar mejor su trabajo y establecer nuevas prioridades.

«Tomé la decisión de hacer los 90 días para poder enfocarme, poner a funcionar toda la organización de la logística aquí en Venezuela y darle estructura», explicó.

Su rutina incluyó oración, lectura, ejercicio y cambios en la alimentación. En sus anotaciones personales también dejó constancia de algunas dificultades, como episodios de ansiedad, noches en las que le costaba dormir y una sensación de soledad que acompañó parte del proceso.

«Quise dejar todas las distracciones y escuchar solamente cosas que me llevaran a cumplir con mi proceso. Enfocarme al cien por ciento en mi cuidado mental, emocional y físico, y darle estructura a todo este proyecto», señaló.

Entre las decisiones que tomó estuvo abandonar el cigarrillo. Al principio, modificar sus costumbres no resultó sencillo, pero encontró en el ejercicio y las responsabilidades cotidianas una manera de mantener los compromisos que había asumido consigo misma.

«Dejé el cigarro y comencé una dieta en la que reduje los carbohidratos y las harinas, consumiendo más proteínas, tubérculos y vegetales. Al principio fue difícil, pero después que comencé a ejercitarme y a enfocarme en el proyecto, se me hizo mucho más fácil», relató.

El desafío tenía una dimensión que trascendía su desarrollo personal. La necesidad de recuperar la vivienda afectada y mantener las condiciones económicas de su familia continuaba presente en sus decisiones.

«Decidí dejar todo esto para enfocarme porque necesitaba ver un verdadero crecimiento y recuperar mi hogar y mi estabilidad económica, la mía y la de mi hija. Como sostén de hogar que soy, necesitaba hacerlo», confesó.

El turismo venezolano, entre las oportunidades y las limitaciones

Su actividad profesional continuó acercándola a visitantes procedentes de distintos países, incluidos venezolanos que emigraron hace más de una década. A través de ese contacto, Blanco percibe un mayor interés por conocer destinos que durante años enfrentaron dificultades relacionadas con el transporte y la conectividad.

«Ahorita se ve una apertura increíble en el turismo. Ha venido mucho extranjero. Por lo menos, este festival trajo argentinos, colombianos, personas de Madrid y de otras partes del mundo», afirmó al mencionar una actividad celebrada recientemente en Los Roques.

Esa percepción encuentra respaldo en los indicadores oficiales. De acuerdo con el Ministerio de Turismo, Venezuela recibió 419.872 pasajeros internacionales entre enero y julio de 2026, una cifra superior a la registrada durante el mismo período del año anterior. El organismo también informó en septiembre que el país disponía actualmente de 129 frecuencias aéreas internacionales semanales, operadas por once aerolíneas hacia igual número de naciones. 

En tal sentido, Blanco considera que el país cuenta con recursos naturales para alcanzar una posición destacada internacionalmente, pero cree que aprovecharlos requiere una transformación que vaya más allá de la promoción de sus paisajes.

«Venezuela tiene todo para convertirse en un referente global de turismo sustentable, pero el verdadero motor para lograrlo es la integración entre la conectividad, la capacitación y la alineación de la cadena de valor», sostuvo.

Su planteamiento apunta a una dificultad frecuente en destinos donde la experiencia del visitante depende de distintos prestadores. Aerolíneas, operadores terrestres, alojamientos, guías y autoridades deben coordinar sus actividades para evitar interrupciones que pueden afectar un itinerario completo.

La piloto también considera que la tecnología puede contribuir a resolver parte de esas dificultades. Sin embargo, no cree que el desarrollo del sector deba quedar condicionado exclusivamente a la llegada de grandes inversiones en infraestructura automatizada.

«La capacidad tecnológica en la aviación y la logística en Venezuela no se trata de esperar a que llegue la gran infraestructura automatizada o corporativa del primer mundo, sino de saber operar con precisión milimétrica, sistemas de respaldo y un dominio absoluto del terreno y la normativa», explicó.

Desde su experiencia, la planificación aeronáutica exige considerar el peso y balance de las aeronaves, las condiciones meteorológicas, el rendimiento de los equipos y las particularidades de cada ruta. En destinos como Los Roques o Canaima, esos factores adquieren especial importancia por las características geográficas y operativas.

Blanco también destaca la utilidad de las herramientas digitales de comunicación y planificación, aunque advierte que su efectividad depende de la preparación de quienes las utilizan. La tecnología no elimina las limitaciones de infraestructura ni sustituye las autorizaciones y los procedimientos de seguridad que exige la actividad aérea.

«Ningún sistema automatizado sustituye la lectura rápida del clima, la gestión de permisos aeronáuticos y el control operativo sobre el terreno», afirmó.

El regreso a Venezuela y las preocupaciones del viajero

Entre los visitantes que conoce por su trabajo se encuentran venezolanos que abandonaron el país hace muchos años y desean regresar para vacacionar, reencontrarse con sus familiares o evaluar la posibilidad de establecerse nuevamente.

«Ha venido mucha gente de Estados Unidos, están llegando pasajeros de otros países y venezolanos que emigraron hace más de 15 años», comentó.

Para ese grupo de viajeros, explica, las preocupaciones suelen estar relacionadas con aspectos que no siempre aparecen en los anuncios turísticos. La seguridad durante los traslados, los tiempos aeroportuarios, la conectividad interna y la calidad de los servicios pueden influir tanto como el atractivo del destino.

«Para el viajero internacional y el venezolano que regresa, el verdadero lujo hoy en día no es solo el destino, es la certeza operativa. Cuando vienes de afuera, tus mayores fricciones no son los paisajes, sino la incertidumbre», expresó.

La profesional considera que responder a esas inquietudes exige información actualizada y una coordinación cuidadosa. También reconoce la importancia de las alianzas entre distintos prestadores para atender situaciones imprevistas, especialmente cuando los itinerarios incluyen varias conexiones.

Entre los destinos que considera de mayor interés están Los Roques, Canaima, Margarita, Morrocoy y los Llanos venezolanos. Cada uno presenta condiciones diferentes de acceso y servicios, por lo que su atractivo debe analizarse junto con las posibilidades reales de movilidad y alojamiento.

La Guaira, entre la reconstrucción y el futuro

Aunque menciona esos cinco destinos entre sus preferidos, Blanco cree que La Guaira reúne condiciones para ocupar un lugar destacado dentro del turismo venezolano. Su cercanía con el Aeropuerto Internacional de Maiquetía, su infraestructura portuaria y su ubicación frente al Caribe representan ventajas que considera importantes para el desarrollo de nuevas actividades.

«Hablar de La Guaira es hablar de un territorio de una resiliencia inmensa, con un potencial geográfico y estratégico que no tiene comparación en el Caribe», manifestó.

Su visión, sin embargo, no consiste en convertir el estado en una réplica de otros destinos vacacionales. Considera que podría aprovechar especialmente su ubicación para desarrollar viajes de corta duración, actividades náuticas, turismo corporativo y recorridos que conecten la costa con otras regiones del país.

«Su rol estratégico no es competir únicamente como un destino de estancia vacacional tradicional, como Los Roques o Canaima, sino consolidarse como el punto de partida de experiencias exprés, turismo corporativo, náutico y de alta gama para el viajero internacional y el venezolano que regresa», explicó.

Para alcanzar ese objetivo, Blanco identifica necesidades concretas relacionadas con el transporte desde Maiquetía, el estado de las instalaciones, la calidad de los servicios y las conexiones hacia los principales atractivos costeros. Son aspectos que también dependen de inversiones, mantenimiento y una recuperación sostenida de la infraestructura afectada por los terremotos.

La relación de Carla con ese futuro es profundamente personal. Su casa permanece en Los Corales, una de las comunidades golpeadas por el desastre, y la recuperación de su vivienda sigue siendo una de sus prioridades mientras continúa desarrollándose profesionalmente.

Durante su viaje a Europa había observado modelos de funcionamiento aeroportuario y atención al visitante que le gustaría ver aplicados en Venezuela. Al regresar, la dimensión de sus preocupaciones cambió, aunque no desapareció su interés por contribuir al sector donde ha trabajado durante más de diez años.

En ese contexto, la piloto aspira a dar un nuevo alcance a su trayectoria profesional. Más allá de coordinar operaciones aéreas y atender las necesidades de los viajeros, busca desarrollar una faceta empresarial dentro del sector turístico venezolano, aprovechando su experiencia en aviación, logística y atención al cliente para impulsar proyectos con mayor capacidad de organización y crecimiento.

«Quiero que este refrescamiento de imagen sea el reflejo fiel de lo que hago y de quién soy en el terreno», señaló al hablar de la manera en que desea proyectar su trayectoria. Su intención es consolidar una identidad profesional que refleje los conocimientos adquiridos durante más de una década y que, al mismo tiempo, le permita asumir nuevas responsabilidades en el ámbito empresarial.

En paralelo, Blanco ha logrado avanzar en la recuperación de su vivienda en Los Corales, aunque todavía quedan trabajos pendientes. El proceso de reconstrucción continúa formando parte de su vida, pero ya no representa el único horizonte de sus esfuerzos, que también están dirigidos a desarrollar sus capacidades y ampliar sus oportunidades profesionales.

Los cambios que emprendió durante aquellos 90 días tampoco resolvieron de inmediato las dificultades que enfrentaba, pero le permitieron establecer una rutina, fortalecer su disciplina y dar mayor claridad a sus aspiraciones. Ahora busca que esa transformación personal se traduzca en una trayectoria de mayor alcance dentro de una actividad a la que ha dedicado buena parte de su vida.

Hay vuelos que terminan al tocar tierra. El de Carla Blanco continúa en Los Corales, donde ha comenzado a recuperar parte de lo que perdió, pero también se proyecta hacia nuevas oportunidades. Entre los avances en la reconstrucción de su hogar, la responsabilidad de criar a su hija y sus aspiraciones empresariales, la piloto intenta abrir una nueva etapa en la que su experiencia le permita llegar mucho más lejos.

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