
El triunfal regreso de María Corina Machado el pasado 25 de julio, en medio de abrumadoras muestras de apoyo, afecto y reconocimiento a su liderazgo, pone otra vez las cosas en su sitio.
En primer lugar, ratifica su liderazgo indiscutible entre los venezolanos. No exagero si señalo que el suyo es ahora un liderazgo sin precedentes en la más reciente historia de Venezuela. Porque se trata de un liderazgo diferente a otros, me parece que basado en la confianza entre ella y la gente, y no en promesas demagógicas; asentado en la sinceridad de sus planteamientos; y apegado a la verdad y no a la mentira “caza votos”. Se trata de un liderazgo responsable y auténtico, como lo exigen las circunstancias actuales.
Una de las cosas que sobresalieron en su regreso desde Barquisimeto hasta Caracas, atravesando el corredor central de Valencia y Maracay y en medio de largas colas de enfervorizados partidarios, fue la ausencia de discursos y declaraciones por parte suya. Otro tipo de liderazgo habría terminado cediendo ante los miles de simpatizantes y caído en la tentación de ofrecerles “villas y castillos”, de acuerdo al viejo adagio popular. Ella se limitó a abrazar a quienes se le acercaban, darles la mano, decirles algún cumplido y demostrarles su afecto. A quienes desde lejos la vitoreaban les agradecía sonriente con sus manos extendidas.
Fue algo extraño, ciertamente. No hubo explosiones de demagogia y de promesas de su parte, sino un silencio sorprendente y al mismo tiempo muy emotivo en medio de aquellas multitudinarias demostraciones de afecto que recibió en todo el trayecto hasta la capital. Creo, además, que refleja un nuevo liderazgo y una manera distinta de hacer política y de comunicarse con la gente en un país harto de discursos y de ofertas incumplibles.
Varios días después, en la Universidad Católica Andrés Bello ofrecería una rueda de prensa, en la que demostró su claridad de ideas sobre lo que debe hacerse para salir de la crisis que sufrimos, asumiendo una posición unitaria y solidaria, sin insultos ni ataques contra nadie y llamando a los sectores opositores a actuar en un frente común.
Y conste que no estoy proclamando un nuevo mesianismo, ni otro caudillismo más. Dios me libre de hacerlo, porque de “mesías” y caudillos también estamos hartos los venezolanos. Como lo afirmara en reciente artículo de opinión José Rodríguez Iturbe “en política no hay dioses ni sustitutos de dioses”. Por eso mismo, a María Corina tampoco le podemos pedir imposibles, sino acompañarla y apoyarla para que, junto a los mejores que deben rodearla, ayudarla ahora en la ciclópea tarea de acelerar la transición y, una vez en el poder, iniciar la reconstrucción de Venezuela.
No es poca cosa lo ocurrido y anuncia, insisto, no sólo una nueva manera de hacer política, sino que pudiera también significar -quiera Dios- una nueva manera de gobernar, lo que, sin duda, agradeceríamos muy de veras los venezolanos después de estos 27 años de habladera de paja, de verborrea inútil, de demagogia barata y fundamentalmente de promesas incumplidas.
La llegada de María Corina Machado a Venezuela y su permanencia como líder de la oposición democrática debería acelerar la marcha de los acontecimientos y obligar a la toma de importantes decisiones que se han venido ralentizando por parte de quienes usurpan el poder y ciertos círculos influyentes en Washington. La crisis que azota a los venezolanos en su calidad de vida y la necesidad de implementar soluciones cuando antes justifican la toma de decisiones inmediatas y rápidas.
Justamente por esas razones urge transitar cuanto antes el camino de la reinstitucionalización del país y su redemocratización, así como recuperar la plena vigencia de la Constitución y del Estado de Derecho. Sin embargo, la única vía a tales efectos es la convocatoria inmediata a elecciones nacionales y luego regionales y municipales. Claro está que esa prioridad lleva apareada la designación urgente de un nuevo Tribunal Supremo de Justicia y de un nuevo Consejo Nacional Electoral -aunque sean con carácter interino-, así como la fijación urgente de un cronograma electoral.
Pero también existen otras prioridades perentorias que el retorno de María Corina Machado como líder indiscutible de la gran mayoría de los venezolanos debería apresurar para su efectivo cumplimiento y que, desde luego, la comisión negociadora integrada por representantes del régimen y por diputados de Primero Justicia y de Voluntad Popular podría acelerar cuanto antes.
Entre ellas, sin duda, la liberación inmediata de todos los presos políticos, sin condiciones de ninguna especie; el cese inmediato de la represión y la persecución de la disidencia, anunciada hace poco por el régimen pero incumplida hasta ahora; garantías de libre retorno de los exiliados; respeto a la libertad de expresión y de opinión; anulación de las inconstitucionales “inhabilitaciones políticas” y la regularización de la situación de miles de venezolanos sometidos medidas cautelares absurdas y discriminatorias.
La presencia de María Corina debe contribuir a reestablecer pacíficamente la democracia en el país para avanzar inmediatamente en la construcción de una Venezuela de progreso y bienestar.

