
No será fácil. Exigirá rigor, coraje y un compromiso inquebrantable con la verdad y la justicia. Pero será hermoso e histórico ver a Venezuela volver a ser faro de libertad para el mundo.
Hablar de Venezuela en el debate público suele reducirse a la coyuntura, a la denuncia puntual o a la descripción de una crisis continuada. Sin embargo, abordar el problema con la profundidad que exige el momento requiere entender una premisa fundamental: no se trata solo de un cambio político, sino de refundar de raíz las bases institucionales del país.
El objetivo central es alcanzar la prosperidad para todos recuperando la libertad, reinstaurando el Estado de derecho y devolviendo la dignidad a cada ciudadano.
La paradoja del tutelaje: Entre la subordinación extranjera y el secuestro institucional
Para comprender el desafío de la reconstrucción, es indispensable afrontar una contradicción de lógica política e internacional: la paradoja del tutelaje.
El razonamiento convencional sugiere que para encauzar una transición ordenada se requiere el arbitraje institucional y un marco de acuerdos. Sin embargo, el entramado institucional actual no solo deriva de un sistema espurio, derrotado en las urnas y militarmente; hoy se encuentra sometido a una nueva paradoja de tutela extranjera (por parte de Estados Unidos). Quienes durante décadas basaron su narrativa en el antiimperialismo y la soberanía absoluta, hoy operan como estructuras vasallas de actores externos, subordinando los intereses nacionales a la supervivencia de su cúpula.
Pretender resolver la crisis bajo la inercia de esta institucionalidad vencida, o negociando su tutela con pactos de espaldas a los ciudadanos, genera un doble bloqueo:
-
La claudicación interna, al reciclar a los mismos actores que destruyeron el país.
-
El desplazamiento de la soberanía popular, dejando totalmente excluida a la voluntad ciudadana legítimamente expresada.
La historia demuestra que los cambios profundos y duraderos no nacen de componendas de cúpulas tuteladas desde afuera ni de la clemencia de un sistema usurpador. Solo la legitimidad soberana —respaldada por el mandato cívico y el consenso social— tiene la fuerza para desmontar la arbitrariedad, expulsar cualquier forma de vasallaje y devolverle el control del Estado a los venezolanos.
Venezuela ya demostró en el pasado que es posible superar este dilema. Tras la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en 1958, el país transitó un proceso de reorganización institucional que permitió convocar, en menos de un año, elecciones libres ganadas por Rómulo Betancourt. Aquella transición exitosa sentó las bases de 40 años continuos de democracia civil, alternancia y estabilidad que se convirtieron en un referente para toda la región.
Hoy, esa misma vocación democrática se ha manifestado con una fuerza histórica y sin precedentes recientes a través de la vía cívica: primero con unas primarias ciudadanas arrolladoras y, posteriormente, con la contundente victoria electoral de Edmundo González por paliza. Este respaldo masivo refleja la profunda confianza que los ciudadanos han depositado en María Corina Machado y su equipo, consolidando un liderazgo legítimo y un mandato popular blindado por la sociedad.
Intentar resolver la crisis actual bajo el arbitraje o la inercia de las estructuras vigentes solo sofoca la voluntad soberana. Para destrabar esta paradoja y reducir la tensión social que provocan la incertidumbre y el anhelo de cambio, la transición exige una solución práctica e inmediata: fijar sin dilaciones una fecha clara y definitiva para las elecciones presidenciales. Solo abriendo paso al mandato popular se podrán promover transformaciones profundas y liberar a las instituciones del secuestro político. .
Los tres pilares de la reconstrucción
1. Reinstaurar la República y proteger los derechos fundamentales
Sin bases republicanas no hay futuro posible. Reconstruir la República implica devolver la independencia a los poderes públicos para garantizar y blindar los derechos naturales e inviolables de cada ser humano: la vida, la libertad y la propiedad.
2. Establecer la Democracia Liberal
La democracia exige un ecosistema institucional transparente:
- Elecciones verdaderamente libres, con alternancia garantizada y sin tutelaje arbitrario.
- Contrapesos institucionales sólidos que impidan la concentración del poder.
- Salvaguarda irrestricta de las libertades individuales y pluralismo político real.
3. Impulsar una Economía de Libre Mercado
El verdadero motor de la reconstrucción social será el desarrollo económico. Debemos pasar a un modelo basado en la propiedad privada garantizada, la libertad de empresa y un entorno predecible duradero que atraiga inversiones de capital. La prosperidad se construye con reglas claras y libertad para producir.
El rol de las Fuerzas Armadas: El estricto apego al Artículo 328
Un pilar decisivo para garantizar la sostenibilidad republicana es la restitución del rol constitucional de la Fuerza Armada Nacional. La politización militar y su desviación hacia la administración pública, la gestión de ministerios y el control de empresas estatales degradaron tanto su misión esencial como la eficiencia económica de la nación.
La refundación exige volver textualmente a la letra y al espíritu de la Carta Magna:
Artículo 328. «La Fuerza Armada Nacional constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política, organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la Nación y asegurar la integridad del espacio geográfico, mediante la defensa militar, la cooperación en el mantenimiento del orden interno y la participación activa en el desarrollo nacional, de acuerdo con esta Constitución y con la ley. En el cumplimiento de sus funciones, está al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna. Sus pilares fundamentales son la disciplina, la obediencia y la subordinación. La Fuerza Armada Nacional está integrada por el Ejército, la Armada, la Aviación y la Guardia Nacional, que funcionan de manera integral dentro del marco de su competencia para el cumplimiento de su misión, con un régimen de seguridad social integral propio, según lo establezca su respectiva ley orgánica.»
Hacer cumplir el Artículo 328 implica dos medidas inmediatas e impostergables:
-
Despolitización real: Retirar el adoctrinamiento partidista para devolverle su carácter apolítico y profesional al servicio exclusivo de la Nación, no de una parcialidad política.
-
Retiro total de la administración pública: Desvincular a los efectivos militares de ministerios, aduanas, puertos y empresas públicas, devolviendo la gestión civil a manos idóneas y reenfocando a la FAN estrictamente en sus competencias de defensa y seguridad del espacio geográfico.
El reto que tenemos por delante trasciende las diferencias individuales. Reconstruir las bases morales e institucionales de una nación devastada requerirá un esfuerzo colectivo gigante, donde el talento de millones de venezolanos —los que resisten dentro y los que aportan desde la diáspora— encuentre un propósito común y una oportunidad real de futuro.
No será fácil, pero será hermoso
No será un camino fácil. Exigirá rigor, coraje y un compromiso inquebrantable con la verdad y la justicia. Pero será hermoso e histórico ver renacer a una Venezuela libre, próspera y soberana que vuelva a ser faro de libertad para el mundo.
La causa Venezuela nos pertenece a todos. Por mi parte estoy listo. ¿Y tu?

