José Gregorio "El Gato" Briceño: Ley contra el Odio - nueva burla de los resentidos - LaPatilla.com

José Gregorio "El Gato" Briceño: Ley contra el Odio - nueva burla de los resentidos

Por ahí se dice que “el papel aguanta todo”, y es muy cierto, especialmente cuando el que escribe es un farsante consumado, ese pliego en blanco le sirve para jurar y perjurar lo que se le antoje. Lo serio es cuando eso que se plasma por escrito es una ley que pretende por concepto ser justa y que invita a que los ciudadanos sean respetuosos con respecto a lo que expresan de otros ciudadanos e instituciones, dando un marco jurídico a cualquier tipo de expresión por más íntima y casera que esta sea dentro del círculo social de cada persona.

Lo incómodo y grosero de esta intención es que está hecha por los más oscuros y resentidos personajes de la saga castrochavista y narcoterrorista que haya pisado nuestra Venezuela y que además pretendan victimizarse después de 27 años de atropello y fuerza contra todo el que haya dicho verdades. Odio a raudales es el que sale de sus bocas y de su inagotable resentimiento de no haber sido considerados en algún momento personas dignas de confianza ni relevantes para obtener cargos públicos por la vía legal, tuvieron que hacerse de la fuerza o militando en grupos de inadaptados que recogieron lo peor de cada casa para medio figurar.





Es asi como el irrito parlamento de Venezuela aprobó el pasado martes, en primera discusión, la reforma de la llamada “Ley contra el Odio” para despenalizar ciertos tipos penales y establecer sanciones administrativas o multas.

La reforma a esta norma, hecha en el año 2017 por la también ilegítima Asamblea Nacional Constituyente como una burda herramienta de persecución contra la oposición, busca sustituir las penas de prisión por multas y trabajo comunitario, fijando nuevos procedimientos administrativos. Asimismo, pretende imponer sanciones y exhortaciones a los medios de comunicación eliminando la revocación explícita de concesiones, además de multar los contenidos en redes sociales y “exhortar” a las organizaciones políticas. Este adefesio pseudo-jurídico no solo viola de manera flagrante los derechos humanos y las garantías constitucionales, sino que consolida la mayor de las burlas: una ley nacida para perseguir la disidencia que ahora busca lavarse la cara. Resulta conmovedor ver a la narco-dictadura transformarse repentinamente en un bálsamo de “clemencia institucional”. Ahora resulta que el régimen ya no quiere encarcelar a quien piense distinto, sino ponerlo a pintar paredes o vaciarle los bolsillos con multas impagables. ¡Qué derroche de magnanimidad humana! Por supuesto, el toque maestro de este sainete es la distribución del poder: las sanciones administrativas quedarían bajo la tutela del Ministerio del Interior.

Es decir, en manos del mismísimo Diosdado Cabello, el adalid de la paz y la tolerancia, el mismo que instrumentó la persecución, el mismo quien mandó a matar al teniente Ronald Ojeda en Chile y sobre quien pesan múltiples denuncias por violaciones sistemáticas a los derechos humanos y más de 10.000 ejecuciones extrajudiciales documentadas por la Misión de Determinación de los Hechos de la ONU. Poner a semejante personaje a fiscalizar el “odio” es exactamente igual que nombrar a un pirata como superintendente de las reservas de oro de la nación. La ley vigente castiga los “delitos de odio” con penas de hasta 20 años de cárcel. Qué hermosa ironía jurídica: en la Venezuela del socialismo del siglo XXI, disentir del régimen te cuesta dos décadas tras las rejas, mientras que quitarle la vida a un ciudadano según el Código Penal se sanciona con un máximo de 18 años. Matar es un detalle menor, criticar al régimen es el verdadero pecado capital. Habrá que ver a los jerarcas del régimen haciendo “trabajo comunitario” el día que finalmente rindan cuentas a la justicia verdadera. Definitivamente, los integrantes de esta narcotiranía no se cansan de obstaculizar y echar vaina, hasta el último día que les quede en el poder.

Los golpes de pecho abundan ahora entre la casta traidora del chavismo, andan fotografíandose con niños, trajeados como “burgueses”, pretendiendo lavar su endemoniada actuación por décadas, deseo que la memoria colectiva sea firme y no se deje manipular por estas alimañas que lamentablemente tuvieron padres acomplejados y delincuentes y ahora quieren cobrarnos a nosotros sus traumas.

Merecen eso sí, el castigo de la indiferencia y jamás tener oportunidades de ejercer el poder.

Acción y progreso por Venezuela!

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