
La mañana del 8 de febrero de 1977, Indianápolis despertó bajo cero. A las 8:30 AM, Anthony George «Tony» Kiritsis, de 44 años, entró a la oficina de Richard O. Hall en el edificio Merchants Plaza con una pregunta aparentemente rutinaria.
Por Clarín
Pero escondía algo bajo su abrigo que convertiría las siguientes 63 horas en una de las crisis de rehenes más extraordinarias —y mediáticas— de la historia criminal de Estados Unidos.
El martes 28 de octubre de 2025, salió el primer trailer de «Dead Man’s Wire», la nueva película de Gus Van Sant (director de «Good Will Hunting» y «Milk») que recrea este caso real, protagonizada por Bill Skarsgård como Kiritsis y Dacre Montgomery como Hall, con Colman Domingo y Al Pacino completando el reparto. La cinta, que recibió una ovación de 13 minutos y medio en el Festival de Venecia 2025 y tiene un perfecto 100% en Rotten Tomatoes, llegará a los cines en enero de 2026.
La excusa perfecta para recordar una historia que parece ficción pura, pero ocurrió realmente.
El «interruptor del hombre muerto»: cuando la ingeniería se vuelve terrorífica
Tony Kiritsis no era un criminal de carrera. Era un promotor inmobiliario, un vecino descrito por todos como «servicial, amable, trabajador» y «un hombre estricto de ley y orden». Pero en febrero de 1977, su sueño americano se había convertido en pesadilla.
Kiritsis había invertido todo en desarrollar un centro comercial en una propiedad de 17 acres en el oeste de Indianápolis. Su hipoteca de $130,000 con Meridian Mortgage Company vencía el 1 de marzo de 1977, y Tony estaba convencido de algo: Richard Hall y su padre, dueños de la hipoteca, habían saboteado deliberadamente su proyecto para quedarse con la propiedad, cuyo valor había aumentado considerablemente. En su mente, tenía «pruebas escritas» de esta conspiración.
Así que esa mañana gélida, Kiritsis sacó su arma: una escopeta Winchester 1400 calibre 12, recortada. Pero no era un arma cualquiera. Tony había diseñado meticulosamente un dispositivo que quedaría inmortalizado en la historia del crimen: un «dead man’s wire» o «cable del hombre muerto».
El mecanismo era diabólicamente simple y aterrador. Kiritsis soldó el cañón de la escopeta a la nuca de Hall. Luego conectó un cable desde el gatillo hasta el propio cuello de Hall, pasando por su propio cuello. Si la policía disparaba a Kiritsis y él caía, el cable tiraría del gatillo. Si Hall intentaba escapar, mismo resultado. La escopeta descargaba directamente en la cabeza del rehén. No había forma de neutralizar a Kiritsis sin matar a Hall.
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