
Emprender en Venezuela, en el contexto actual, representa un ejercicio de resistencia. Para muchos jóvenes, iniciar un proyecto propio implica recorrer un camino lleno de obstáculos económicos, incertidumbre y falta de garantías, una realidad marcada por la sostenida migración de millones de ciudadanos en los últimos años.
Lapatilla.com | Douglas Valle
No obstante, persisten quienes mantienen la fe en el futuro del país y apuestan por desarrollar ideas, construir oportunidades y abrirse paso en un mercado desafiante.
Según Elías Rodríguez, presidente de la Cámara Venezolana del Emprendimiento (Cavempre), las mujeres llevan una ligera ventaja en el ecosistema emprendedor. “Me atrevería a decir que son más mujeres que hombres, pero la diferencia es tan pequeña que casi no se vislumbra”, señaló.
La afirmación revela un panorama casi equilibrado en cuanto a participación, pero evidencia el rol protagónico que han asumido las mujeres en la creación de iniciativas comerciales en el territorio nacional.
Entre esas historias se encuentra la de María Alejandra, una joven que hace ocho años decidió canalizar sus emociones a través del diseño.
Desde el miedo, la inseguridad y la necesidad de expresarse, nació Ariah, una marca de ropa streetwear donde cada prenda pretende contar algo más que una tendencia: busca reflejar una identidad. “Ariah soy yo, es lo que me representa. Es lo que quiero dejar a través de mi personalidad”, afirmó.

La emprendedora relata que desde niña imaginaba su destino en el mundo textil. “Desde que jugaba con muñecas de papel y Barbies cortaba cualquier tela para hacer prendas”, recuerda. La pasión se fortaleció con el apoyo de sus padres, quienes financiaron sus estudios en Diseño de Moda —carrera que no pudo culminar— y le regalaron su primera máquina de coser. “No era nueva, pero me sirvió para empezar esta bonita aventura”, expresó.
Comenzó a emprender a los 16 años, customizando bolsos y luego otras piezas de uso cotidiano. Con el tiempo, y tras múltiples intentos, asumió el proceso completo de producción: selección de telas, patronaje, corte, diseño, estampado, costura, planchado y empaquetado. Su modelo de trabajo apunta a colecciones pequeñas que permitan ofrecer exclusividad a sus clientes.
Uno de los factores que más desafía a los emprendedores en el país es el financiero. Invertir sin certeza de retorno, competir en un mercado saturado y mantenerse activo en las redes sociales forma parte de la cotidianidad de quienes deciden apostar por una idea.
A pesar de ello, Ariah ha logrado posicionarse de manera orgánica. “Apenas hace un año la marca empezó a tener sentido”, indicó. La constancia ha sido su motor, y su objetivo ahora es abrir un taller de concepto abierto en Caracas, donde el público pueda observar el proceso creativo y jóvenes diseñadores puedan aportar su talento.

La marca surge de la creatividad y del estado emocional de su creadora. “Creo mis colecciones desde mi estado de ánimo, de películas, canciones en inglés o afro. Me enfoco en la creatividad para poder ofrecer lo mejor de mí”, explica. Su visión es clara: avanzar sin compararse. “Cuando se empieza a emprender no se debe ver la competencia, porque puedes convertirte en tu propio enemigo”.
Sobre la idea de emigrar, responde sin titubeos: “No pienso irme de mi país. Quiero nutrirme de otras industrias, pero deseo crecer aquí primero porque soy 100% venezolana”. A otros jóvenes que buscan emprender, les deja un mensaje: investigar el mercado, trabajar con amor y no renunciar a los sueños. “Vivir infeliz tampoco es bueno”.


