
El controvertido alemán Karl Marx escribió en El 18 Brumario de Luis Bonaparte, que: “La historia ocurre dos veces: primero como tragedia y luego como farsa.” Tal circunstancia está ocurriendo en la historia de Venezuela en este preciso momento, la expoliación del Welser.
Para nosotros que estudiamos en primaria con la Historia Elemental de Venezuela del padre Nectario María, el apellido Welser o los Welseres (Belzares), como también se les decía, nos es familiar. Estos fueron unos acaudalados banqueros alemanes de Augsburgo que financiaron el ascenso imperial y las múltiples guerras contra Francia del emperador español Carlos V quien, al no poder hacerle frente a su acreencia, les concedió, en la Capitulación de Madrid de 1528, el derecho de administrar el territorio de la Provincia de Santa Ana de Coro, luego de Venezuela. Además de los aspectos relacionados con la exploración y población del territorio, el contrato también los obligaba a fundar dos ciudades, construir tres fortalezas, armar cuatro navíos, entre otras cosas, el elemento sustantivo era el descubrimiento y explotación de las minas de oro y plata y otros minerales preciosos que consiguieran. En algún momento se creyó que en estos parajes se hallaba el mítico Dorado, así que los empeños se centraron en su búsqueda.
La concesión fue capitaneada por Ambrosio Alfinger, Nicolas Federmann, Jorge de Spira, Felipe de Hutten, duró diez y ocho años hasta 1546, durante los cuales, no solo no encontraron las riquezas que aspiraban, sino que la empresa solo dejó a su paso muerte, desolación y tragedia.
Como lo pronosticó Marx, la primera versión termina en tragedia, la segunda, como la que está ocurriendo ahora, en el siglo XXI, en farsa.
El nuevo Welser, también alemán, original del lugar de Kallstadt, se llama Donald Trump quien ha conseguido los derechos tutelares de la anterior República de Venezuela por tiempo indefinido y, tal como sus antecesores alemanes, con un solo propósito, descubrir y explorar minas de oro, plata, y gracias a la modernidad, petróleo, tierras raras, bauxita, hierro y otras. Sus intenciones son tan claras, que lo primero que hizo fue presentar y lograr que la diligente Asamblea Nacional aprobara las nuevas leyes de Hidrocarburos y Minas.
A diferencia de los Welser o la actual Chevron, que explotaron la riqueza para resarcirse de deudas anteriores no cobradas puntualmente, el ejercicio del nuevo Welser es la expoliación, sinónimo de robo, despojo, saqueo, rapiña, puesto que los impuestos o derechos de la Nación son, por ley, insignificantes. Parece que en esta ocasión la conocida frase de Carlos Marx se corresponde con la realidad: lo que se está desarrollando en nuestro país solo puede caracterizarse como una farsa.
A mis colegas economistas les sugiero que comiencen a cuantificar el monto de la expoliación, calculando mensualmente el valor de las exportaciones de petróleo y minerales, particularmente a USA y multiplicarlo por el diferencial entre los impuestos que la anterior legislación cobraba (el goverment take) y los montos impuestos por las nuevas leyes. ¡Manos a la obra! Como decía Carlos Andrés Pérez.
Gerardo Lucas. Https.//gerardolucas.wordpress.com

