¿Leales como nunca? Traidores como siempre, por Julio César Pérez - LaPatilla.com

¿Leales como nunca? Traidores como siempre, por Julio César Pérez

La política venezolana entró en otra fase oscura y predecible: la de la canibalización interna. La reciente caída y entrega de Alex Saab a Estados Unidos es la prueba brutal del derrumbe criminal del chavismo. En este ecosistema mafioso, la lealtad jamás existió. Hoy, los indicios apuntan a una traición histórica: Delcy Rodríguez parece haber apuñalado por la espalda a Nicolás Maduro en un intento desesperado por salvar su propio pellejo.

Durante años, la propaganda roja vendió una fantasía grotesca. Repitieron que Saab era un diplomático ejemplar y un “perseguido político”. Lo defendieron con uñas y dientes: paralizaron negociaciones por él y llenaron las calles con su rostro. Jorge y Delcy Rodríguez hicieron un lobby feroz para protegerlo. Pero hoy, cuando el barco se hunde, se hacen los locos con un descaro aterrador: alegan que su cédula era fraudulenta, le recordaron su nacionalidad colombiana y lo entregaron. Es la clásica conducta del hampa: cuando cae tu cómplice, lo empujas para salvarte tú.





Hay que llamarlo por su nombre: Alex Saab fue el cerebro financiero del saqueo y pieza clave de la red que hambreó al país. Con los CLAP, fue el intermediario de la miseria, importando comida podrida con sobreprecios astronómicos y lavando dinero a escala global. Tras ser capturado en Cabo Verde y liberado por Washington en un cuestionado canje, Maduro lo recibió con alfombra roja.

En su soberbia, Maduro confió ciegamente en su testaferro. El colmo fue nombrarlo ministro de Industria, una movida impulsada por Delcy Rodríguez. Al mismo tiempo, Camila Fabri, pareja de Saab, tomó el marketing político con un ridículo reality show y la patética campaña “Yo voy a mi gallo pinto”. El fracaso fue estrepitoso: demostró que los esposos Saab son hábiles para la estafa, pero ridículos en la escena pública. Hoy, esa puesta en escena se desmoronó.

El pasado 3 de enero marcó el fin de Saab dentro del ala madurista. La frialdad de Delcy Rodríguez demuestra que la guerra civil interna es total. Delcy no gobierna; negocia su supervivencia a espaldas del PSUV, sacrificando a quienes ayer se sentaban a su lado. Lo revelador es que la entrega de Saab ocurre, presuntamente, para alimentar los casos judiciales contra el propio Nicolás Maduro y Cilia Flores.

Delcy sabe que tiene la soga al cuello y, ante las acusaciones que tiene contra ella el sistema de justicia estadounidense, decidió que es mejor entregar que ser entregada. Los que ayer gritaban “¡Leales siempre, traidores nunca!”, hoy se apuñalan en la oscuridad. Es el colapso de una estructura donde ya nadie confía en nadie.

Saab conoce demasiado. Sabe con precisión milimétrica cómo se movió el dinero robado, qué cuentas ocultan las fortunas de la cúpula, las operaciones de narcotráfico y quiénes manejaron la corrupción. Por eso, su destino en una celda estadounidense tiene aterrorizado al “Rodrigato”. Lo de Saab demuestra que el chavismo es un nido de lobos que se llenó los bolsillos a costa del estómago vacío de un pueblo. Entre ladrones, la lealtad es un mito. La caída del madurismo viene desde las entrañas, provocada por un sistema podrido que empezó a devorarse a sí mismo.

No extrañaría si Delcy Rodríguez, en su frenesí por comprar inmunidad, entrega a los cabecillas del PSUV. Esos mafiosos que traficaban con la comida y saqueaban las bolsas CLAP, revendiendo el aceite y el azúcar de la gente necesitada en el mercado negro. Delcy, para salvarse, los puede hundir. Que lo sepan esos caciques locales que se creen intocables: las miradas no están fijas solo en Caracas. Hoy Delcy les pasa factura; no existe el Estado de derecho en el poder central, solo se cobran deudas de una mafia organizada.

A diferencia de esta barbarie miserable, cuando regrese la libertad no habrá cacería de brujas ni venganzas salvajes, pero sí una justicia implacable y profunda. Recibirán el trato digno que ellos negaron durante años a millones de venezolanos. A pesar de las lágrimas, el hambre y cada gramo de miseria que sembraron en nuestra patria, esos delincuentes del hambre deben ser tratados bajo un Estado de derecho. Eso sí, el tiempo se les agota.

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