
En el estado Guárico, el diagnóstico de cáncer infantil solía ser, en la mayoría de los casos, una sentencia definitiva, debido a la falta de espacios aptos que obligaban a las familias a buscar una oportunidad de vida en la capital del país. Sin embargo, en el Hospital Israel Ranuárez Balza, la realidad está cambiando gracias al empeño del personal médico y la solidaridad comunitaria.
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“Los niños fallecían porque no teníamos un área para ellos aparte, con condiciones dignas donde no se pudieran infectar”, relató la doctora Sorangel Ramos, jefa del departamento de Pediatría del hospital.
Las características propias de la leucemia y otros tipos de cáncer debilitan el sistema inmunológico, haciendo que cualquier bacteria en salas comunes resulte fatal. Ante este panorama, el equipo de pediatras tomó la iniciativa de diseñar un espacio exclusivo.
Así nació la unidad de Hemato-Oncológica, bautizada por los propios pacientes como “la puerta de vidrio”. Hoy en día, este rincón permite que madres e hijos permanezcan en un entorno limpio y organizado mientras reciben sus ciclos de quimioterapia, respaldados por especialistas en neumonología, cardiología e infectología.

A pesar de los avances, la crisis económica sigue siendo el rival más difícil. La doctora Ramos acotó que los estudios especializados deben realizarse fuera del hospital público y a costos elevados. “Un aspirado de médula está entre 400 y 500 dólares, y los niños tienen que hacérselo cada dos meses”, explica. Esta barrera financiera empuja a muchos padres a desestimar el tratamiento, lo que incrementa el riesgo de decesos.
Para frenar esta situación, los médicos se han convertido también en gestores de recursos, organizando rifas y recolectas. La meta es clara: garantizar que ningún niño abandone la batalla por falta de dinero.

El hospital atiende actualmente a pequeños procedentes de El Sombrero, Valle de la Pascua, Calabozo, Chaguaramas, e incluso de estados vecinos como Apure y Carabobo.
“Ya no son pacientes aislados. Son familias que forman parte de nuestra familia”, destacó Ramos, en medio de un emotivo acto con el toque de campana de dos niños, que completaron el tratamiento de quimioterapias y superaron la enfermedad.
Por último, la jefa de pediatría del hospital Ranuárez Balza hizo un llamado urgente a sumar voluntades para consolidar este proyecto que hoy salva vidas en el corazón de Venezuela.

