
La toma de posesión de Keiko Fujimori como presidenta de Perú supone el retorno a la cima del poder de un apellido que marcó época, aún divide el país y conserva adeptos pese a estar ligado a graves abusos.
Por Gerardo Lissardy | BBC Mundo
La derechista asume el cargo este martes tras imponerse en las elecciones por un estrechísimo margen a su adversario de izquierda, Roberto Sánchez.
Fue el cuarto balotaje presidencial que Fujimori disputó en 15 años y lo ganó tras reivindicar más que nunca el polémico gobierno de su padre, fallecido en 2024.
Alberto Fujimori presidió Perú de 1990 a 2000, una década en la que se le atribuye estabilizar la economía peruana y acabar con insurgencias armadas de izquierda, pero también actos de corrupción y violaciones de derechos humanos que lo llevaron a la cárcel.
Su hija fue primera dama durante buena parte de ese período y, ahora con 51 años, promete respetar la ley pero recuperar “el orden” y aplicar una política de seguridad de “mano dura” contra el crimen, una inquietud prioritaria de los peruanos.
“Como tengo la sangre de Alberto Fujimori, lo haremos con los pantalones bien puestos para derrotar a la delincuencia”, dijo durante la campaña.
Que haya logrado con mensajes de ese estilo superar por mínima diferencia al movimiento antifujimorista que le impidió ganar en las tres elecciones pasadas marca un cambio político, sostienen expertos.
“Los recuerdos de Alberto se desvanecieron un poco y por eso ella se sale con la suya”, le dice a BBC Mundo Cynthia McClintock, una profesora de ciencia política en la Universidad George Washington que ha estudiado Perú durante décadas.
Pero hay semejanzas y diferencias importantes a considerar entre los dos Fujimori.
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