Luis Alberto Perozo Padua: Inés de Hinojosa, la barquisimetana cuyo destino terminó en la horca de Tunja - LaPatilla.com

Luis Alberto Perozo Padua: Inés de Hinojosa, la barquisimetana cuyo destino terminó en la horca de Tunja

Una mujer nacida en la Nueva Segovia de Barquisimeto quedó atrapada en uno de los episodios criminales más escandalosos de la sociedad colonial. Su historia atravesó Carora y el Nuevo Reino de Granada, entre matrimonios, asesinatos, pasiones y una justicia que terminó convirtiéndola en leyenda

En las calles empedradas de la antigua Tunja, donde las fachadas blancas y los balcones coloniales conservan todavía la memoria de la dominación española, una casa mantiene vivo el recuerdo de una mujer que llegó desde tierras venezolanas para protagonizar uno de los relatos más controvertidos del siglo XVI. Su nombre era Inés de Hinojosa y había nacido en Nueva Segovia de Barquisimeto. Su historia, reconstruida entre documentos, crónicas y leyendas, terminó con una ejecución pública que estremeció a la sociedad del Nuevo Reino de Granada.





La vida de Inés transcurrió durante los primeros años de consolidación del dominio español en los territorios americanos. Barquisimeto, fundada en 1552 y trasladada posteriormente a distintos emplazamientos, era entonces una población joven, marcada por las expediciones de conquista, la explotación de las tierras y la formación de una sociedad en la que los intereses económicos y las relaciones personales estaban estrechamente vinculados.

De Barquisimeto a los caminos de Carora

De acuerdo con el relato recogido posteriormente por el cronista Juan Rodríguez Freyle, Inés era hija de Fernando de Hinojosa y pertenecía al mundo mestizo de aquella primera sociedad colonial. Su juventud estuvo vinculada a los desplazamientos familiares entre Barquisimeto y El Tocuyo, en una época en que las poblaciones de la provincia de Venezuela mantenían relaciones comerciales y personales con los territorios vecinos.

La tradición cuenta que su padre, aficionado a los juegos de azar, terminó perdiéndola en una partida de cartas frente a Pedro de Ávila, un hombre de fortuna y propiedades en Carora. A partir de aquel episodio, Inés pasó a formar parte de un matrimonio que, según las versiones transmitidas, estuvo marcado por la desigualdad y el desinterés de su esposo.

La relación con Pedro de Ávila no habría encontrado en Inés la vida que esperaba. Fue entonces cuando apareció Jorge Voto, músico y bailarín que recorría aquellas poblaciones ofreciendo sus conocimientos de vihuela y enseñando danzas a las familias acomodadas. Entre ambos surgió una relación clandestina que terminaría alterando el curso de sus vidas.

Un primer asesinato en Carora

La narración de Rodríguez Freyle atribuye a Inés y Jorge Voto la planificación de la muerte de Pedro de Ávila. El músico habría fingido abandonar Carora rumbo a Pamplona, mientras preparaba su regreso clandestino para sorprender al marido de Inés. El asesinato se habría ejecutado mediante varias puñaladas, después de lo cual Jorge regresó a su itinerario para evitar sospechas.

Con Pedro de Ávila muerto, Inés abandonó Carora y se reunió con Jorge Voto en Pamplona, donde ambos contrajeron matrimonio. La pareja emprendió después el camino hacia Tunja, ciudad del actual departamento colombiano de Boyacá, que durante el siglo XVI se había consolidado como uno de los principales centros administrativos, económicos y culturales del Nuevo Reino de Granada.

La llegada de Inés a Tunja abrió un nuevo capítulo de aquella historia. Allí, su vida volvió a quedar vinculada a una relación extramatrimonial y a otro crimen que alcanzaría notoriedad mucho más allá de los límites de la ciudad.

El crimen que estremeció a Tunja

Jorge Voto desarrollaba actividades que lo obligaban a ausentarse durante temporadas prolongadas. En ese contexto, Inés habría iniciado una relación con Pedro Bravo de Rivera, un encomendero de posición económica y social influyente. La cercanía entre ambos terminó convirtiéndose, según el relato colonial, en una relación que buscaba mantenerse oculta a los ojos del marido.

La tradición sostiene que Bravo de Rivera llegó a disponer de una vivienda contigua a la de Inés para facilitar los encuentros clandestinos. La complicidad y el temor a que Jorge Voto descubriera la relación habrían conducido a la decisión de eliminarlo.

El 17 de agosto de 1571, según la cronología transmitida por las versiones tradicionales, se organizó una reunión con música, comida y bebida. Jorge Voto fue invitado a compartir con quienes terminarían convirtiéndose en sus verdugos. Durante la noche, lo condujeron hacia las inmediaciones del sector de Santa Lucía, donde fue atacado y asesinado.

El hallazgo del cadáver provocó una investigación que involucró a las autoridades de Tunja. Las pesquisas condujeron hacia los participantes de la conspiración y el caso adquirió tal dimensión que Andrés Díaz Venero de Leyva, presidente de la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada, intervino personalmente en el proceso.

La sentencia y el árbol de la ejecución

La justicia colonial dictó condenas contra los responsables del asesinato. Pedro Bravo de Rivera fue sentenciado a morir degollado; su hermano Hernán, señalado también como participante en el crimen, recibió condena de horca. Inés de Hinojosa fue igualmente sentenciada a morir ahorcada.

La ejecución se convirtió en un acontecimiento público. La tradición tunjana identifica el árbol situado frente a la vivienda de Inés como el lugar donde se cumplió la sentencia. Desde entonces, aquel espacio quedó asociado a la denominada Calle del Árbol, una referencia urbana que conserva la memoria del episodio.

La historia no terminó con la ejecución. Durante generaciones, los habitantes de Tunja transmitieron relatos sobre la aparición del espectro de Inés y los lamentos que supuestamente se escuchaban en las inmediaciones de la antigua vivienda. El árbol, la casa y la calle quedaron incorporados al imaginario popular, transformando un proceso criminal del siglo XVI en una de las leyendas más conocidas de la ciudad.

Entre la historia y la leyenda

La principal fuente literaria de esta historia es El Carnero, obra de Juan Rodríguez Freyle, quien escribió sobre los acontecimientos varias décadas después de ocurridos, entre 1633 y 1638. Su relato, incluido en el capítulo X, fue fundamental para que el episodio sobreviviera en la memoria histórica de Colombia. La obra también inspiró posteriores recreaciones, entre ellas Los tres Pedros en la red de Inés de Hinojosa, de Temístocles Avella Mendoza, publicada en 1864, y Los pecados de Inés de Hinojosa, de Próspero Morales Pradilla, aparecida en 1986.

Esta sucesión de relatos obliga a distinguir entre el acontecimiento histórico y los detalles incorporados por la tradición literaria. Las versiones posteriores modificaron personajes y circunstancias, mientras que algunos elementos biográficos de Inés continúan siendo objeto de discusión. Incluso su apellido ha sido cuestionado por estudios comparativos que señalan la posibilidad de que fuera Manrique.

Casi cinco siglos después, Inés de Hinojosa continúa ocupando un lugar singular en la memoria de dos territorios separados por la geografía, pero unidos por su historia colonial. Barquisimeto conserva el recuerdo de su origen; Tunja, el escenario donde su nombre quedó asociado a un proceso criminal que atravesó generaciones. Entre la documentación disponible y la leyenda construida a su alrededor permanece la figura de aquella mujer que salió de la antigua provincia de Venezuela y terminó convirtiéndose en uno de los personajes más persistentes de la memoria colonial neogranadina.

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