
La mayor destrucción que deja este régimen arbitrario por el cual hemos pasado durante los últimos 27 años no es económica, sino humana: un país con una sociedad devastada, en la que el mérito es apartado y el talento es silenciado por un sistema que no lo promueve, sino que lo condena.
El llamado socialismo del siglo XXI nunca los llevó al siglo actual; más bien nos condujo prácticamente a la época de las cavernas, haciendo que la sociedad hoy se preocupe por sobrevivir: ver dónde consigue gas o leña, dónde ir a llevar baldes de agua o cómo solucionar para comer en el día a día.
“Cuando ves que para producir necesitas obtener permiso de hombres que no producen nada”, Ayn Rand. En definitiva, lo que más apaga la llama del ingenio es la planificación estatal que te dice qué pensar y si puedes hacerlo.
Todo provocado por los controles, haciendo de la persecución empresarial una política de Estado, la destrucción salarial, la dependencia estatal e incluso el ataque al talento. Todas estas aristas nos llevan a la Venezuela actual, donde el enchufado es el que prospera y el talentoso se va para vivir gracias a sus méritos.
El socialismo te lleva al punto tal de que el ciudadano deja de ser productor para convertirse en sobreviviente en medio del caos. No existe capacidad de ahorro ni de prevenir; todo es subsistir.
En un país donde no se puede pensar a futuro, millones han tenido que huir, precisamente buscando lo que les arrebataron, pero allí también se nos fue el mayor recurso por el cual un país puede llegar a desarrollarse: su talento.
Estos sistemas de izquierda buscan eliminar la educación porque les interesa la mediocridad para poder seguir controlando; de allí el ataque a la universidad y su autonomía; de allí también que cada día falten más profesionales en las distintas áreas, iniciando por la médula de la sociedad: la educación.
No basta solo con salir del régimen, hay que transformar el modelo. Se requieren instituciones fuertes, seguridad jurídica, libertad económica, estabilidad monetaria, apertura al mundo, meritocracia y respeto a la propiedad. Por eso la proyección a futuro debe ser crear esos pilares que sostengan una República que nos devuelva la civilidad, nos devuelva la capacidad de creación intelectual y material.
Venezuela no es el único país que ha vivido situaciones similares; hoy también lo vive Cuba, que fue cuna de grandes artistas en el pasado, y hoy vemos en lo que se convirtió, porque en definitiva el socialismo busca la igualdad hacia abajo y busca que dejemos de ser ciudadanos para convertirnos en esclavos de su sistema.
Pero también existen ejemplos esperanzadores, como Corea del Sur, donde pasaron de la destrucción a ser ejemplo con grandes marcas tecnológicas y una gran potencia económica. Solo con la apertura al mundo, libertades reales y un Estado que cree y ponga por encima al ciudadano es que los países prosperan. Ni la prosperidad ni el ingenio se decretan o se imponen; solo la libertad es garante de la creación de la mayor riqueza: la intelectual.
Emanuel Figueroa
Abogado y activista por la libertad. Diplomado en Derechos Humanos. Creador de la plataforma informativa ciudadana Llanero Digital. Directivo de Libertas, donde impulsa iniciativas en favor de la democracia, las libertades individuales y el cambio político en Venezuela.
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