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En la pequeña isla caribeña de Barbuda, el Pink Sands Beach Bar recibió a locales —y ocasionalmente a algún turista— durante más de 20 años.
Por: BBC
“Era un lugar muy acogedor”, afirma Miranda Beazer, su antigua propietaria, al describir cómo la gente solía reunirse allí para jugar al dominó o relajarse después de la iglesia los domingos.
Nombrado por la arena de tonos rosados sobre la que se levantaba, el bar era un pilar fundamental de la comunidad local, hasta que el huracán Irma azotó la isla en 2017, cuando los aproximadamente 2.000 habitantes de Barbuda fueron evacuados a la isla vecina, Antigua.
El bar de Miranda —y su casa— quedaron destruidos. “No hubo nadie que saliera ileso (…) fue devastador. Lloré durante dos semanas”, relata.
Antes de que el bar pudiera reconstruirse, su esposo murió.
Desarrolladores extranjeros empezaron a ofrecerle grandes sumas de dinero por su terreno, pero ella las rechazó todas.
“No busco el dinero”, asegura Miranda. “Lo que realmente quiero es conservar mi tierra”.
Luego llegaron las excavadoras.
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