Julio César Pérez: Los Marines en Caracas - LaPatilla.com

Julio César Pérez: Los Marines en Caracas

Es imposible no emocionarse al pensar en una Venezuela libre. Tras años de humillación profunda, un éxodo desgarrador, hambre y muerte que nos arrebató seres amados, millones cargamos un anhelo que trasciende la política: es un grito del alma, visceral y sagrado ¡Queremos ser libres! No somos videntes y no sabemos qué pasará en el futuro, pero percibimos que algo histórico y glorioso va a ocurrir. Llenos de esperanza, sentimos que la Divina Providencia está bendiciendo a nuestra tierra.
Las escenas vistas en las redes este 24 de mayo representan otro punto contundente de que la élite dominante se está resquebrajando. Uno de los requisitos determinantes para una transición real es que la coalición gobernante se fracture, y ese proceso está en pleno desarrollo. Pero el momento clave llegará cuando escuchemos las palabras “negociación” o “acuerdo” entre los que se van y los que están por entrar. Las garantías que se discutan allí serán determinantes.
Ese día 24, en pleno corazón de Caracas, llegaron los Marines. Un comando completo descendió de dos MV-22 Osprey en una inserción precisa, audaz y sumamente visible. No vinieron ocultos; llegaron uniformados, justo como amenó Padrino López cuando juró que, en caso de entrar así, saldrían “en bolsas negras”. Pero entraron y nadie movió un dedo. El mensaje resonó como un trueno en todo el país: están infiltrados y tutelados.
La imponente presencia del general Francis L. Donovan, Jefe del Comando Sur, por segunda vez en nuestro territorio, es una declaración absoluta de fuerza y compromiso. En las imágenes que compartió destaca la máscara ONI con calavera y serpiente, un símbolo de ferocidad y coraje implacable que quedó grabado en la retina de millones.
Mientras esto ocurría, la misma Delcy Rodríguez autorizaba los ejercicios, desatando la contradicción más patética. Una de sus voceras, Iris Varela, estalló en X con una rabia impotente y ridícula: “¡Váyanse al carajo yankees de mierda! El pueblo venezolano jamás se dejará aplastar por imperio alguno. Hagan lo que hagan, la patria vencerá”. Habló de unión y “guerra asimétrica”. ¡Qué ironía! La misma Varela, parte del régimen que autorizó la llegada de Donovan y los Marines, ahora vocifera contra los “yankees”. Esos militares que se creían invencibles solo eran valientes persiguiendo jóvenes desarmados en protestas o montando alcabalas para extorsionar. Ante una fuerza real, se tragan el orgullo, agachan la cabeza con cobardía y quedan expuestos como lo que son: tropas mediocres e incapaces.
La realidad de la Fuerza Armada Nacional es el resultado de una estrategia perversa. Hugo Chávez y su “alianza cívico-militar” jamás buscaron defender la patria; buscaban blindar su tiranía cooptando cuarteles mediante corrupción, ideología y control absoluto. Aunque hay gente buena, especialmente en rangos medios y bajos, la institución cambió honor por sumisión. Desviaron militares al control de comida, aduanas y negocios ilícitos, hundiéndolos en la deshonra.
Hoy, detrás de su gastada retórica antiimperialista, queda una fuerza armada vacía, colapsada y con mandos corruptos. Incapaz de responder a una amenaza real, reducida a sostener un régimen criminal. Vendieron su honor por migajas y ahora solo les queda un silencio humillante.
Pasaron 26 años provocando a Estados Unidos, vociferando soberanía, comprando armas rusas y cerrando embajadas. Y cuando llegaron los gringos… nada. Entendemos la soberanía verdadera, pero no la falsa sumisión a dictadores y terroristas. Solo una fuerza mayor podía quebrar este círculo vicioso.
La prueba del derrumbe moral es que Delcy Rodríguez ordenó borrar la imagen de Maduro de los espacios públicos. Los murales, tras el 3 de enero, los están quitando poco a poco. El dictador se volvió un fantasma incómodo.
A todos los chavistas que gritaron “con hambre y desempleo, con Maduro me resteo”, a los que creyeron en una lealtad mítica: la traición se consumó. El régimen los abandonó con desprecio. El cuento antiimperialista terminó con Marines en Caracas mientras borran a sus ídolos.
Hoy me remito a la esperanza. Deseo el amanecer de una Venezuela nueva, libre, próspera y digna. Donde los exiliados regresen con lágrimas de felicidad, los jóvenes construyan su futuro aquí y la dignidad, el desarrollo y la prosperidad sean nuestro pilar fundamental.
No será fácil. Habrá heridas que sanar, cuentas que saldar y una reconstrucción que emprender. Pero la esperanza aplasta al miedo. Venezuela está herida, pero despierta con la fe viva. A veces hace falta un empujón externo para romper las cadenas que nos tenían oprimidos.
¡Que viva Venezuela libre!




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