Juan Guerrero: De Estado fallido a Protectorado - LaPatilla.com

Juan Guerrero: De Estado fallido a Protectorado

En poco más de dos siglos (de 1811 a 2026), en Venezuela se mantienen dos constantes perturbadoras: la economía monoproductora (república bananera) y la tortura de Estado contra los ciudadanos. 

Aunado a ello, la inestabilidad política es de muy vieja data. Posiblemente sus orígenes se encuentran en la devastación que dejaron las guerras fratricidas del siglo XIX, tanto la denominada Independencia (guerra civil y de secesión), y las posteriores montoneras, alzamientos y revoluciones. Las estimaciones de estos enfrentamientos, de 1811 hasta finales del siglo XX, lo podemos resumir en: entre 8 y 12 guerras civiles mayores; 40 revoluciones y levantamientos armados importantes; más de 100 intentos de golpes de Estado, alzamientos, rebeliones militares y guerras regionales. Esta inestabilidad se ve reflejada en los intentos de imponer una Carta Magna o Constitución por cada caudillo, dictador o tirano que se apoderaba del poder.  Desde 1811 con la primera Constitución (Constitución Federal para los Estados de Venezuela), hasta 1999 con la ‘hasta ahora’ última Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, el país ha tenido 26 constituciones. Esto evidencia el fracaso de los políticos y la alarmante fragilidad institucional del Estado, manejado generalmente como una gigantesca ‘hacienda nacional’ y dirigida por un capataz.  





En promedio cada constitución, en el lapso de 215 años, ha tenido una vigencia de solo 8 años. Mientras en China solo han existido 4 constituciones desde 1946, en Rusia, desde 1906, 15; y en Estados Unidos de Norteamérica solo 1 constitución federal vigente desde 1789.

Los caudillos, autócratas, dictadores y demócratas se han comportado siempre como jefes autoritarios y déspotas, despreciando a sus adversarios políticos. Para ello desarrollaron un sistema de vigilancia y control político que fue modernizándose e introduciendo diseños tecnológicos para acabar con quien osara desafiar su poder. Así nació La Sagrada (chácharos), primera policía política creada por Cipriano Castro y perfeccionada en la época de Juan Vicente Gómez. Posteriormente, Pérez Jiménez la transformó en la temida y sanguinaria Seguridad Nacional. Con la caída de la dictadura se creó el Servicio Técnico Criminológico que se transformó en la Dirección General de Policía (la cruel policía represora ‘DIGEPOL’) de la llamada ‘democracia representativa’ en la época de Betancourt, Leoni y primer gobierno de Caldera. Luego surge la Dirección de Investigación y Servicios de Prevención (DISIP) que se transforma en el oprobioso y sanguinario Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN). Además de ello, han existido en el área militar: SIFA, DIM, DGSIM, DGIM, DGCIM, entre otros.

Aunque han cambiado de nombre, la crueldad y el sadismo contra los ciudadanos han marcado el funcionamiento de estos organismos de represión política. 

Por otra parte, designar a Venezuela como una ‘República bananera’ no es algo gratuito ni despectivo. Procede de una definición usada por especialista del área económica que inicialmente fue acuñada por O. Henry, un escritor que definió así a ciertos países monoproductores (bananeros). Por extensión, si bien Venezuela no es productor ni exportador de bananas sí lo es de petróleo. Y con este solo rubro ha definido su existencia, desde finales del siglo XIX. De esta manera, el país se mal acostumbró a vivir de la renta petrolera, transformándose en un país monoproductor dependiente. Tanto así, que en décadas pasadas desde los palillos (mondadientes) hasta el papel sanitario, dependían del mercado externo. La extrema dependencia de ‘absolutamente todo’ trajo la pérdida progresiva de soberanía nacional que se agravó progresivamente hasta devenir en el control posterior del territorio, por otros países: Cuba, China, Rusia e Irán. 

Todo el resumen anterior nos lleva a la presente realidad donde el territorio venezolano se encuentra peligrosamente al borde de su desaparición, como país y república. Creo que en las actuales circunstancias tenemos que asumir como una realidad que Venezuela dejó de existir como Estado soberano, como país y como república. Queda solo el territorio nacional y sus connacionales bajo la tutela del gobierno del Estado norteamericano, que, obviamente tiene sus intereses y, de manera discreta y silenciosa, está imponiendo su presencia en el territorio venezolano.

El vacío, el abandono del poder está siendo ocupado por el poder real, militar-económico que reordenará el territorio a su imagen y semejanza, usando sus estrategias y a personas y grupos organizados en Venezuela, según convenga a sus intereses, y después desechándolos como fichas intercambiables. Así, tanto el llamado oficialismo social-comunista como los opositores liberales, siguen ‘a pie juntillas’ las sugerencias (¡órdenes!) de quien posee la fuerza superior militar operativa. 

Pasar de un gobierno tutelado por los Estados Unidos de Norteamérica a la firma de un protocolo para la creación de un Protectorado (por 8-10 años) que dé forma, político-administrativo, al territorio venezolano es lo mejor que le pueda pasar a los ciudadanos que vivimos en este empobrecido y maltrecho lugar, después de más de un siglo y medio de sobrevivencia, como habitantes de un Estado fallido. 

 

(*)  [email protected]   X @camilodeasis   IG @camilodeasis1

 

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